junio 24, 2021

Bosques naturales como socioecosistemas

Por Jasivia Gonzales * -.


Se ha planteado, sobre la base de una diversidad de estudios en diferentes disciplinas científicas, en los ámbitos sociales y ambientales, que los bosques, como los conocemos hoy, son el resultado de la interacción a lo largo de siglos entre los sistemas naturales y las sociedades humanas.

Evidencias históricas

Estudios arqueológicos dan indicios de varios posibles asentamientos a lo largo de los últimos cien mil años en distintas regiones que hoy se ha planteado como ecosistemas de bosque “prístinos”.

Los estudios de los últimos 15 años descubrieron más de 81 sitios arqueológicos precolombinos en forma de geoglifos en la Amazonía suroccidental entre Bolivia y Brasil, dando indicios de una densa y amplia ocupación, incluso superior a la de los incas, como sostienen los trabajos de Betty Meggers, pionera en la arqueología de la Amazonía (1921-2012). Los estudios de William Denevan plantean que, en la época hasta antes de la Colonia, la Amazonía pudo llegar a albergar entre cinco y seis millones de personas, organizadas en sociedades complejas, cuyos límites territoriales se marcaban por las diferencias lingüísticas, según Meggers.

Estos geoglifos forman un extenso cinturón de sitios interconectados de aproximadamente mil 800 km de largo y una superficie de 400 mil km², es decir, el 7% de la Amazonía, donde se calcula que vivieron entre 500 mil y un millón de indígenas en aproximadamente mil 500 aldeas entre los años 1250 y 1500 d. n. e. Otros estudios indican que hace cuatro mil años los habitantes del bosque tropical ya plantaban árboles de caucho y castaña, favoreciendo la actual distribución en manchones de estas especies, influyendo en su estructura poblacional sin destruir la ordenación natural del bosque.

Es más, el estudio de los geoglifos ofrece indicios claros de constituirse en espacios de manejo de los bosques y de desarrollo de sistemas productivos de bajo impacto, que permitían alimentar a una significativa población. Es decir, los estudios botánicos, arqueológicos y lingüísticos encuentran importantes coincidencias, que dan muestras de que hace siete mil años la Amazonía estuvo altamente poblada, desarrollando sistemas productivos y de manejo que, aunque probablemente transformaron el paisaje, lograron preservar la calidad de las funciones ecológicas y la diversidad biológica de esta región.

El régimen forestal

Dando un salto hasta la década del 90, los bosques de la Amazonía se constituyeron en espacios de aprovechamiento de las maderas preciosas como la mara (Swietenia macrophylla), modelo de explotación determinado por los precios del mercado internacional y los intereses empresariales favorecidos por el modelo de desarrollo establecido en Bolivia.

Esta política, a través de concesiones a 40 años renovables otorgadas a empresarios, estableció un modelo cercano a la propiedad privada de grandes superficies de bosques, que no solamente fueron “descremados”, es decir, se les extrajo las especies más valoradas en el mercado, transformando su composición florística y, en muchos casos, sobreponiéndose a comunidades pre-existentes, afectando sus derechos y sus propios modelos de manejo de los bosques.

Las políticas neoliberales sacaron de estos bosques solo el valor monetario de sus maderas duras, dejándolos con menos diversidad y probablemente a varias especies con desventaja ecológica o incluso localmente extintas. Por otro lado, también se hace necesario analizar los efectos de las desiguales intensidades de colecta de las especies forestales no maderables, como el caso de la castaña (Bertholletia excelsa), para asegurar que no se está afectando a la capacidad de regeneración de la especie en el bosque de hylea.

Los retos

Actualmente diversos actores plantean la necesidad de reactivar la economía forestal, a la vez que se observan permanentes disputas en torno a los derechos otorgados, denuncias de malos manejos, tráfico ilegal de madera y varios otros aspectos asociados al actual régimen forestal y al marco de otorgación de derechos, control y fiscalización.

Sin embargo, un abordaje que no se está impulsando suficientemente es la perspectiva de socioecosistemas, que permite entender mejor el concepto de territorio y de paisajes forestales sostenibles.

Un socioecosistema es un sistema complejo y adaptativo que hace referencia a los procesos de acoplamiento e interacción entre los sistemas sociales (cultura, economía, organización social y política) y los sistemas ecológicos (naturaleza) en un espacio-tiempo determinado. Tan trascendente como conocer las relaciones ecológicas es conocer las relaciones entre los componentes naturales y los componentes sociales.

Como se ha visto, se hace difícil entender a los bosques de la Amazonía como ecosistemas “prístinos”. Las evidencias encontradas muestran modelos de ocupación y de manejo que consintieron mantener sus funciones ecológicas hasta nuestros días. Se hace pues relevante plantear en la actualidad la necesaria interacción de la interdisciplinariedad, donde las evidencias históricas, arqueológicas, junto con las ciencias ambientales, y por supuesto con los actores locales, particularmente los indígenas y campesinos, establezcan un nuevo “modelo forestal”, un nuevo modelo de gestión de los bosques, desde la perspectiva de los socioecosistemas.


  • Bióloga, Doctora en Ciencias Naturales, con mención en Botánica, Zoología y Geografía.

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