septiembre 26, 2021

La marginalidad de Víctor Hugo Viscarra


Por Sergio Salazar Aliaga * -.


Este 24 de mayo se cumplieron 15 años de la muerte de Vico Viscarra. Su obra es muy pequeña pero extensa en exponer el desamparo del hombre moderno, hace una radiografía de la ciudad de La Paz, mostrándonos sus calles, sus bares, sus crímenes, sus secretos y su frío, prácticamente congelada en sus recuerdos.

Son seis los pequeños textos con cuentos cortitos: Coba: lenguaje secreto del hampa boliviano (1981); Relatos de Víctor Hugo (1996); Alcoholatum y otros drinks – Crónicas para gatos y pelagatos (2001); Borracho estaba pero me acuerdo (2002); Avisos necrológicos (2005); y Ch’aqui fulero – Los cuadernos perdidos de Víctor Hugo Viscarra (2007, póstumo).

Viscarra nos relata la marginalidad de La Paz, la muchedumbre solitaria, fuera de la racionalidad citadina, la embriaguez y esa falta de claridad a la que llamamos el ch’aquí; hay un dicho popular que dice que “el ch’aquí es un estado de gracia” pero puede convertirse en ideas oscuras. Por eso su literatura llegó a un público con un nivel de cultura diferente, un escritor debe colocar su obra en un lenguaje metafórico adecuado y Viscarra escribe desde su cotidianidad y sin pelos en la lengua, por eso su primer texto es “Coba”: “el lenguaje secreto del hampa boliviano”.

De pronto se convierte en una especie de Oliver Twist, del genio novelista Charles Dickens, por la manera de detallar la atmosfera social, de salir de su casa y convertirse en un niño huérfano pero valerse por sí mismo. Marx decía que en los libros de Dickens se proclaman más verdades que en todos los discursos de los políticos y los moralistas de su época juntos.

En La muerte de Iván Ilich, León Tolstoi recuerda que todos los seres humanos, hasta los más productivos, están destinados a la muerte, y que en su lecho de muerte toman conciencia de su vida y sus potencialidades desperdiciadas. Algo así es lo que le pasa a Vico, al final del camino nos dejó un legado, una fracción de desarrollo de su existencia.

Los cuentos de Vico narran su propia existencia, lo consciente e inconsciente de su realidad, donde no hay una línea divisora entre su niñez y adultez, él mismo narra: “Nací viejo, mi vida ha sido un tránsito brusco de la niñez a la vejez, sin términos medios. No tuve tiempo de ser niño. Hay una pelota nuevita, guardada en algún rincón de mis recuerdos. Lo más lógico ha de ser que yo sea un verdadero niño cuando me llegue la vejez. Para ella, es cierto, uno tiene tiempo de sobra. Presumo que ha de ser a los cuarenta y nueve años, pues si llego a los cincuenta me suicido. Nacionalizo una pistola y me pegó un tiro”.

Tampoco hay una línea divisoria entre la lucidez y la embriaguez, no existen las barreras psicológicas y sociales entre el pensamiento y la acción, es precisamente donde se construye el mundo mítico de la subalternidad donde hombres y mujeres son realmente iguales, y cuando están en pie de la igualdad simplemente tienen para compartir su mera humanidad.

Hay momentos desesperados en la vida de una sociedad, “la tiranía de los impotentes” que persiste hasta hoy, en el marxismo se llama lucha de clases, que es una tensión necesaria e inevitable entre la vida y la muerte. Viscarra se vuelve inmoral al mostrarnos habitantes dentro de su propio margen, personas con su propia subjetividad dentro de una identidad que está fuera de ellos, un escritor que viaja por muchas generaciones.


* Cientista político.

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