noviembre 29, 2021

Al no haber perspectivas de crecimiento, los gobiernos deben trabajar con déficit fiscal

Por  Arturo Huerta González *-.


Hay gobiernos que se obsesionan por no caer en déficit fiscal (gastar más que sus ingresos) y en más deuda pública, por lo que privilegian la austeridad fiscal, lo cual contrae la actividad económica y aumenta el desempleo. A pesar de sus recortes presupuestales, no logran reducir el déficit y el monto de sus deudas, pues al disminuir la actividad económica también cae la recaudación tributaria.

Como no hay perspectivas de que aumente el consumo e inversión del sector privado y de que se incrementen significativamente las exportaciones, los gobiernos deben dejar de lado la austeridad fiscal y proceder a multiplicar el gasto público deficitario para cerrar la brecha entre la caída de demanda, respecto al crecimiento potencial de la economía, para expandir la demanda y mejorar el ingreso de empresas y familias y retomar el impulso del consumo y la inversión, el crecimiento económico y la generación de empleo.

El déficit fiscal y la deuda no son malos si se encaminan a utilizar la capacidad ociosa, a crear empleo y acrecentar la capacidad productiva para satisfacer la mayor demanda que generaría dicho gasto y evitar presiones inflacionarias y reducir el déficit de comercio exterior y los requerimientos de entrada de capitales. Ello permitiría bajar la tasa de interés e incrementar el gasto público para alcanzar un crecimiento sostenido con altos niveles de bienestar para la población. Así se beneficiarían las empresas, los desempleados, como el propio gobierno, pues al aumentar el ingreso nacional lo hace también la recaudación tributaria, que reduciría el déficit público impulsor del crecimiento. Al crecer el sector productivo, este ofrecería opciones de rentabilidad para privilegiar la asignación recursos a tal sector, a fin de evitar que vayan al sector financiero y forjen burbujas especulativas.

Los críticos de las políticas fiscales expansionistas señalan que estas producen presiones inflacionarias y sobre el sector externo y devalúan la moneda, que obligarían a los bancos centrales a subir la tasa de interés. Sin embargo, no consideran la importancia de la expansión del gasto público para alentar demanda y mejorar el ingreso de empresas para evitar su quiebra y mayor desempleo. Dicho gasto no sería inflacionario, ni ampliaría importaciones, al extender la productividad y la producción, que satisfacería la demanda derivada del mayor gasto público. Tampoco el déficit fiscal desplazaría de financiamiento al sector privado, al emitir deuda. La banca presta en función de la capacidad de reembolso del prestatario, por lo que al crecer la economía y las ventas de las empresas estas verían extendida la disponibilidad crediticia, pues tendrían condiciones de pago.

El déficit fiscal causa superávit en las finanzas del sector privado (empresas y familias), por lo que ello les permitiría aumentar consumo e inversión, como pagar sus deudas.

El enfoque teórico convencional de la economía señala que el déficit fiscal aumenta deuda y ocasiona crisis fiscal. Ello no toma en cuenta el impacto positivo que tiene en la reactivación de la economía, como en el mayor empleo generado, que multiplica el ingreso nacional y por ende la recaudación tributaria que facilita reducir el déficit fiscal y el monto de la deuda.

Al proceder a trabajar con gasto público deficitario, no implica que el gobierno pueda gastar sin límites. El límite está dado por la disponibilidad de recursos reales con que cuenta la economía para satisfacer la demanda a causa del mayor gasto público. No puede gastar más allá de la plena utilización de la capacidad productiva, debido a que ocasionaría presiones inflacionarias como sobre importaciones y el sector externo. De ahí la importancia que el gasto público se canalice a utilizar la capacidad ociosa existente como a promover la productividad, la capacidad productiva y la sustitución de importaciones, para evitar presiones inflacionarias y sobre el sector externo.

Los gobiernos no deben endeudarse en dólares, pues no los emiten, y para pagar dicha deuda tienen que crear un superávit de comercio exterior, lo cual no es característica de nuestros países, de ahí que se ha caído en deuda para pagar deuda y/o en promover entrada de capitales para pagar la deuda, lo que ha resultado en mayor extranjerización de nuestras economías. Por consecuencia, los gobiernos deben emitir deuda en su moneda, por lo que no caerían en insolvencia, pues la pueden refinanciar permanentemente. Es clave que el mayor gasto público impulse la actividad productiva y se encamine a reducir el déficit de comercio exterior. El mayor ingreso nacional permitiría un aumento de la recaudación tributaria para cubrir el pago de la deuda. La actividad económica y la recaudación tienen que crecer por arriba de la tasa de interés de la deuda para poderla reducir y evitar sobreendeudamiento.

El gobierno gasta emitiendo cheques y/o acreditando en la cuenta bancaria de aquellos que le venden bienes y servicios, lo que motiva la demanda, la actividad económica, así como los depósitos bancarios y las reservas bancarias, con lo cual la banca puede comprar la deuda del gobierno y permitir así regular la liquidez de la economía. El gobierno nunca se queda sin dinero y puede estar refinanciando su deuda.

Los conservadores se oponen al gasto público deficitario argumentando que es inflacionario y que desemboca en crisis de deuda. Como se ha dicho, ello es falso. El trasfondo de la oposición al mayor gasto público es que ello conlleva una mayor participación del gobierno en la economía, lo que le resta capacidad de influencia a la cúpula empresarial, y también porque el mayor gasto público aumenta el empleo y el poder de negociación de los trabajadores que se traduce en mejores salarios y prestaciones laborales, y el gran capital está contra ello. No hay justificación económica contra el déficit fiscal, es razón política de que quieren que siga la austeridad fiscal que reduce la participación de los gobiernos en la economía y que dispara el desempleo y reduce salarios.

El sector financiero tiene que ser regulado debido a que el capital financiero siempre busca las ganancias fáciles a corto plazo, y ante las perspectiva de crecimiento que configura la expansión del gasto público y la inversión productiva prevén alza del precio de las acciones y de ahí que fluyen a dicho mercado llevando a que el precio de tales activos financieros crezca más que la economía real, lo cual pasa a ser insostenible y desemboca en crisis financieras.


  • Profesor de posgtrado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Be the first to comment

Deja un comentario