diciembre 3, 2021

La importancia de la crítica y la autocrítica revolucionaria

Por Rafael Vasquez Michel -.


La crítica y la autocrítica revolucionaria debieran tener una importancia principal, necesaria y esencial para desarrollar la cultura, la ciencia, la política y la economía, como instrumentos y métodos que permitan garantizar la participación y la construcción colectiva de la democracia popular auténtica, liberadora y protagónica; como principio creador en el Proceso de Cambio y la Revolución Democrática y Cultural de Bolivia.

La crítica y la autocrítica revolucionaria, como vanguardia y capacidad organizada, orientada y dirigida como proceso dialéctico y creador de la nueva sociedad, nos permitirá avanzar en el camino de la construcción de los objetivos y anhelos históricos del pueblo boliviano. Crítica y autocrítica para poder convertir las utopías sociales en realidades y narrativas de esperanza, que aseguren las posibilidades objetivas de construir el futuro cierto hacia el socialismo. Ejercer en la praxis política la crítica y autocrítica significará la consolidación de la moral revolucionaria y militante del Proceso de Cambio.

Las democracias populares y la construcción de sociedades con más derechos, con más democracia y más justicia social, se sostendrán solo en la medida en que mantengamos de manera incansable, perseverante e inapelable el pensamiento, la crítica, la autocrítica y la dialéctica para mantener la esperanza y la construcción del pensamiento crítico, dialéctico y revolucionario, como método e instrumento para hacer revolución, que fortalezca la lucha de nuestros pueblos, de nuestras organizaciones sindicales, movimientos sociales, indígenas y populares, pero sobre todo para fortalecer e incentivar la lucha y la movilización de las masas.

La Revolución Democrática y Cultural deberá necesariamente profundizar la capacidad de crítica y autocrítica revolucionaria, de lo contrario no será una revolución verdadera ni profunda, ni una revolución en transición al socialismo. Por lo tanto no podrá ni será capaz de cambiar las estructuras de injusticia, equidad y desigualdad que aún persisten en Bolivia, manteniendo leyes, prácticas, normas, actitudes y preceptos de la legalidad e institucionalidad y democracia burguesa.

Marcelo Quiroga Santa Cruz reflexionaba y entendía perfectamente que bajo las condiciones que nos impone esta democracia lo único que podremos lograr es ganar elecciones para llegar al gobierno, pero no para tener el poder. La derecha siempre tiene el poder, aunque no gobierne, y cuando gobierna tiene el aparato del Estado, pero aparte tiene los medios de comunicación, las iglesias, las universidades, la institucionalidad militar y policial, etcétera.

Debemos aceptar la crítica, la autocrítica y la dialéctica para fortalecer nuestro Proceso de Cambio y las ideas, generando cultura y pedagogía revolucionaria, compromiso político e ideológico para caminar hacia el socialismo real, verdadero y profundo.

La crítica y la autocrítica revolucionaria debe incorporarse y desarrollarse también como principio y papel creador y dialéctico en la gestión política y pública del Estado Plurinacional de Bolivia, como instrumento imprescindible y radical que nos permita perfeccionar el carácter y la hegemonía de la democracia popular para desplegar y ampliar una estrategia y geometría de construcción democrática del Socialismo Comunitario para Vivir Bien.

En esta perspectiva es que hay una urgencia de una reflexión política profunda del Proceso de Cambio y de la Revolución Democrática y Cultural. Debemos debatir, recuperar y hacer política como una necesidad para entendernos y ponernos de acuerdo para avanzar, porque no se pueden volver a repetir los errores del pasado, los que nos llevarían a una nueva rectificación golpista, a un nuevo intento de restauración conservadora. No podemos permitir que vuelva el ciclo de la tragedia de la larga noche neoliberal, porque significaría que otra vez el movimiento indígena y popular se encuentre en la entrada de ese laberinto sin salida, que nos propone y obligan las trampas ideológicas de la institucionalidad democrática burguesa.

Ahí la emergencia de recuperar la política, para que vuelva a conectarse con la vida cotidiana de nuestro pueblo. Debemos hacer crítica y autocritica revolucionaria y dejar de hacer indagaciones sobre la rectificación golpista de 2019, que lamentablemente no se quiere debatir, discutir, ni en el Movimiento al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), ni en la gestión gubernamental, ni en los movimientos sociales, ni en las izquierdas, ni en ninguna organización del movimiento indígena y popular, ni en ningún espacio donde se toca este tema. Porque no solo fue la derecha y sus poderes fácticos, como tampoco solo fue el imperialismo, el que nos derrocó, sino también los graves errores que nosotros hemos cometido.

El mayor de nuestros errores fue que no tuvimos la capacidad de imaginar, desarrollar y construir poder popular, que es el centro de gravedad fundamental, cualitativamente superior, para poder construir la transformación y la transición al socialismo. Sin poder popular desde abajo, organizado, verdadero, dialéctico y con movilización de masas, no podrá haber socialismo.

A partir de 2010-2011 el Proceso de Cambio sufrió un proceso de desmovilización de las masas y de aburguesamiento de la Revolución Democrática y Cultural, y ese es otro de los grandes errores cometidos: el no haber incentivado la movilización y la lucha de masas.

Tampoco fuimos capaces de articular, relacionar, concertar y gestionar con las diferentes fracciones y disidencias que apoyan el Proceso de Cambio, por eso es transcendental e importante hacer pedagogía de la cultura política revolucionaria, naturalizar las diferencias, el análisis y el debate profundo, con lealtad al proceso y esperanza colectiva, porque de este debate surgirán los avances, las medidas y las políticas públicas. Tener diferentes posiciones, debatir y llegar a acuerdos en consenso es democracia popular, verdadera y revolucionaria.

Si no somos capaces de hacer lo que tenemos que hacer en esta nueva oportunidad de gestión de gobierno, volveremos a generar una nueva rectificación golpista que traerá sufrimiento, dolor y luto al pueblo boliviano; esta es la emergencia y necesidad de radicalizar, profundizar y acelerar el Proceso de Cambio y la Revolución, a través de una militancia responsable y revolucionaria para construir poder popular, porque solo así podremos caminar hacia el Estado Plurinacional comunitario, socialista, feminista y ecologista que algún día todos soñamos alcanzar.

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