mayo 19, 2022

El Marathon Rock

Por Sergio Salazar Aliaga *-.


El Marathon Rock fue el mayor festival de bandas de rock que ha tenido el país, constituyó un momento fundamental en la historia del rock boliviano. Para hablar de estas experiencias nos sentamos con Ricardo Zelaya.

El Equi

“Siempre ha sido con música en vivo el Equinoccio, desde el primer día. Desde que abrimos en la Cañada Strongest, hemos inaugurado con una banda llamada Drago Blues Band, un croata era el líder, también tocaron Black Jack, Altiplano, Wara, pero nosotros no estábamos con la nueva movida que se desarrollaba en el Socavón, no estábamos con Lapsus, Coda 3, LouKass, sino en una onda más retro, poníamos también algunos cantautores como El Papirri, Emma Junaro, Jenny Cárdenas, Savia Nueva, además no solamente era de música, hacíamos veladas poéticas los días miércoles, y los martes exposición de cuadros con artistas; en realidad era un centro cultural bien comprometido con todas las artes.

Mientras tanto en el Socavón se estaba desarrollando una nueva generación de rock, éramos dos opciones totalmente diferentes: entre el retro y la vanguardia. El año 1999, cuando retorno al Equi, el Socavón quiebra y el Equi también estaba hundido, ya no había vuelta.

Es ahí que le di un cambio, todos esos grupos que estaban saliendo a la luz me los llevo, cambio de público a uno más joven, hago una remodelación, con cómics en todas las paredes, y les propongo a Llegas que vayan a la inauguración y al día siguiente a Octavia: fue un boom, teníamos trecientas personas por día. Ahí arrancamos, nos orientamos al nuevo rock desde ahí. Después tuvimos los maratones y se convirtió en el templo de rock.

En la reinauguración de la Sánchez Lima entramos con la banda Pateando al Perro, antecesora de Gogo Blues de Gonzalo Gómez. Había una banda llamada Río Abajo, varias bandas se habían desintegrado como ser Lapsus, pero habían otros proyectos, algunos nuevos músicos, lo interesante fue que a partir de eso decidimos hacer el Marathon Rock, de ahí salieron muchísimas bandas como ser Deszaire, Quirquiña, Oz, Son Fusión, Los Tocayos, hambrientos de espacios.”

El Marathon

“El Equinoccio inventa abrir un escenario para todos, para dar espacio a los nuevos músicos, de ahí hemos escogido y tenido una nueva camada de bandas.

Eso se dio como un proceso natural, había docenas de bandas jóvenes que querían tocar en el Equinoccio, y no solo ahí sino en cualquier parte con el fin de poder mostrarse, pero lamentablemente iban a los boliches y les cerraban las puertas, siempre les decían que eran changuitos, que no tenían experiencia, el público va ser de pura gente que va a venir a tomar a destrozar; es así que nadie les daba bola, nadie les abría la puerta.

Nosotros intentábamos abrir… hasta martes abríamos para traer dos banditas por día, hacíamos esa cosas, para que las bandas puedan venir a mostrarse. Hasta que me di cuenta que lo mejor era hacer un festival y meter a todas esas bandas, y hacer un evento grande y bueno para poder seleccionar a las mejores, hacer una renovación.

El Marathon nos ha permitido hacer la renovación. En el primer festival se presentaron como 60 a 65 bandas, es un número alto, de hecho era algo escandaloso, ya no había campo donde inscribir más, hablo del año 2001.

Un año antes hicimos un premarathon, que se llamó el Equinox Rock Fest, pero sonaba bastante chistoso así que al año le cambiamos el nombre. El 2001 es el oficial, la final fue en el Teatro al Aire Libre, por la magnitud; luego, si no me equivoco, hicimos siete versiones.

Después de todos esos años, como todo proceso, uno se da cuenta que se va estancando, así que decidimos hacer un paréntesis.”

Manager

“Entre los finalistas estaba Deszaire, que clasifica como la décima banda. Los 10 últimos clasificados entraban al disco con una canción, grabamos un disco de la Marathon, con ellos he desarrollado y cultivado una relación muy especial, me convertí en su manager.

A Deszaire los manejé cuatro años y se convirtieron en una de las bandas más conocidas, fue un trabajo muy interesante, a mí se me ocurrió lo de los tributos a los Cadillacs, cuando el Omar Ríos cantaba era igualito a Vicentico; también tuve que cambiar a los integrantes del grupo, me dejaron armar todo, reportorios, setlist, etc.

Tuve que liquidar a algunos de la banda, Omar era muy capo, merecía los mejores músicos, como yo conocía a todos los rockeros de La Paz les fui proponiendo, así llegaron Marcelo Aguirre, Alex Iturralde, con esa banda era otra cosa, de calidad. Me acuerdo que los chicos querían tocar sus composiciones, les negué y les dije un año vamos hacer tributo a los Cadillacs y cuando sean bien famosos grabaremos el primer disco: yo manejé el mucha leche y sexo seguro.”

El robo

“Entre tantas anécdotas que tuvimos me acuerdo que una vez se robaron los equipos de Octavia. Como tenía muchos amigos en la prensa, y amigos influyentes, tuve que recurrir a ellos para presionar a la Policía: hicimos una representación a la PTJ, lo que ahora es la Felcc.

Qué harían… pero en 24 horas ya estaba presos los ladrones, nos llamaron para ir a recoger los equipos. La Policía se había portado muy bien, además de que estaban bien preocupados.”

El ciclo

“Ya para el año 2011 había un poco de cansancio, estuvimos pensando con Ximena Morales qué hacer con nuestras vidas, ¿vamos a morir acá al pie del cañón atendiendo a todos los clientes viejitos o haremos algo más? Tenía muchas ganas de escribir, amé el Equinoccio pero entendí que era el momento de ceder a una generación mucho más joven, 10 años menor que nosotros. Cuando comenzamos con el Equi todos venían y me saludaban de ‘hermano Ricardo’, con mucha confianza; pasaron los años y venía el tema del ‘señor’ y ahora ‘don Ricardo’, va cambiando.

Evidentemente los clientes cada vez eran más changos, esto ya no era mi público, ya no daba, es ahí que aparece Limberth Alarcón, que tenía sus boliches por Sopocachi también, uno de ellos El Taget Urbano; yo veía que siempre quería imitar al Equinoccio, en el sentido de darle fuerza al rock nacional, pasaban bandas por ahí.

Nos hicimos amigos cuando armamos una asociación de locales de Sopocachi, ahí nos reuníamos. Cuando llegó la hora de irnos del boliche, ver a quién podíamos transferir, hablamos con él y logramos transferirle, ¿a quién sino a él? Consiguió la plata y se rajó, lo hizo con mucho amor, lo levantó, fue una elección… ¡qué pena que se haya muerto, fue un golpe muy fuerte para mí!

Vender el Equinoccio fue un paso muy grande, había entregado muchos años de mi vida, mucha gente lo identificada al Equinoccio conmigo y viceversa, parecíamos uno solo, ya no había diferencia, fue como deshacerte de un pedazo de tu vida, de algo que te identifica.”


  • Cientista Político.

*       Fotografía: Jason Beltrán Chumacero.

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