
Por Arturo Huerta González *-.
El freno a las políticas monetarias y fiscales flexibles de baja tasa de interés y expansión del gasto público en los países desarrollados, ante las presiones sobre precios, no solo frenará el crecimiento de tales países, sino que afectará las economías latinoamericanas, debido a que se contraerá más el comercio internacional como la entrada de capitales. Ello aumentará las presiones sobre las paridades cambiarias, que los llevará a aumentar sus tasas de interés y acentuar las políticas de austeridad fiscal, lo que contraerá más sus economías, con el consecuente incremento del desempleo y la pobreza.
Nuestras economías se distanciarán más de las economías desarrolladas, y lo peor es que seguiremos enfrentando vulnerabilidad financiera, problemas de incapacidad de pago de la deuda, problemas de cartera vencida, crisis bancarias, y continuará el atraso de nuestras economías.
Se hará más difícil que los gobiernos respondan a los desafíos que afrentan, tanto para encarar los problemas productivos, de escasez de productos que presionan sobre precios y que frenan la actividad económica y la generación de empleos. Será más difícil superar los problemas de pandemia, así como proteger a los que viven del ingreso diario para subsistir y que arriesgan su vida ante el contagio creciente. Seguirán desatendiéndose los problemas del cambio climático, donde el calentamiento del planeta crece, con graves consecuencias en incendios, sequías, huracanes, entre otros, que atentan sobre la producción agrícola y la sobrevivencia humana. Se requieren cambios radicales, no solo de la política económica predominante, sino en las decisiones de inversión, de hábitos de consumo y del comportamiento de empresas, gobiernos e individuos, y el problema es que no han adquirido conciencia para realizar dichos cambios. Al seguir la inercia que nos ha caracterizado, proseguirán los problemas económicos, de salud, ecológicos, de creciente desigualdad del ingreso, que generan un contexto de incertidumbre que frena la toma de decisiones y exacerba los problemas políticos y sociales.
La mayoría de los gobiernos instrumentan políticas para ser bien vistos por el capital financiero internacional (alta tasa de interés, austeridad fiscal, estabilidad cambiaria, libre movilidad de mercancías y capitales), lo que ha actuado contra el sector productivo y el empleo, originando rezagos productivos que presionan sobre importaciones y sobre precios.
Al irse incrementando la tasa de interés y al restringirse el gasto público cambiarán las perspectivas de crecimiento de las economías, lo que impactará sobre los mercados de capitales y de divisas en sus economías, por lo que en este 2022 los países tendrán menor crecimiento y serán más vulnerables y más se prolongará el estancamiento y el desempleo.
El contexto de estancamiento con inflación que tiende a configurarse en América Latina no se revertirá con las políticas ortodoxas tradicionales de alta tasa de interés y austeridad fiscal dirigidas a disminuir demanda, pues son problema de oferta los causantes de la inflación, por lo que tales políticas acentuarán la contracción económica, la escasez de productos y las presiones sobre precios, y así continuarán nuestros problemas. Además, aumentarán los problemas de cartera vencida, pues se incrementa el costo de la deuda y disminuye el ingreso de empresas e individuos y su capacidad de pago.
El bajo crecimiento económico y la caída de generación de empleo en muchos países ha acrecentado el problema migratorio, y ello seguirá recrudeciéndose, mientras los países que podrían ser receptores de este flujo migratorio no los acogen ni presentan políticas de asistencia y de apoyo a los países más pobres para frenar la migración.
Ante el escenario mundial de menor crecimiento económico de presiones inflacionarias, de vulnerabilidad de los mercados financieros y de divisas, se frenará más el crecimiento, sobre todo en las economías más débiles. Ello no solo formará inestabilidades económicas, sino también políticas y sociales, como la multiplicación de la delincuencia y el problema migratorio.
El bajo crecimiento económico y las altas tasas de desempleo son problemas mayores que la inflación en nuestros países. De nada sirve la baja inflación si esta se consigue a costa de la contracción económica y alto desempleo, pues, en este caso, ¿de qué sirve al desempleado la baja inflación si no tiene ingreso para consumir algo? Es mejor tener empleo e ingreso y así sortear los problemas inflacionarios.
Los países que sigan con las políticas neoliberales a favor del gran capital transnacional continuarán con bajo crecimiento y alto desempleo, que acabarán exacerbando las tensiones político-sociales en sus propios países.
Al no impulsar el crecimiento productivo seguirá el bajo crecimiento económico y de empleo, como las presiones sobre precios y el sector externo y el tipo de cambio, lo que aumenta la incertidumbre y vulnerabilidad, que desestabiliza y frena más a las economías.
Los gobiernos deben gastar en moneda nacional a favor del empleo y de los sectores productivos para disminuir las presiones sobre precios e importaciones, y no preocuparse por la deuda en su moneda, la cual se refinancia a sí misma. No deben endeudarse en dólares, pues no los emiten. El gasto público impulsa el crecimiento y este aumenta la recaudación tributaria, y con ello pagan su deuda y la reducen. Lo importante es impulsar el crecimiento productivo y el empleo, así como reducir las presiones sobre precios y sobre el sector externo.
La política económica debe priorizar la generación de empleo para combatir la pobreza e impulsar el crecimiento económico, para lo cual debe aumentar el gasto para crear empleo para todo aquel que lo busca y no lo encuentra, y el Banco Central debe acompañar el incremento del gasto público comprando la deuda a baja tasa de interés que el Gobierno emita. El gasto del Gobierno no debe rebasar la capacidad productiva existente para no generar presiones inflacionarias y sobre el sector externo. De ahí la importancia de canalizar el gasto a impulsar la esfera productiva y la sustitución de importaciones.
- Profesor de posgtrado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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