mayo 15, 2022

El juego de la botella y el infantilismo político en Bolivia

El popular juego de adolescentes “la botella” sirvió como excusa para que de forma infantil el político Rafael Quispe y la asambleísta departamental Esther Góngora excusen su fotografía en la que se los puede apreciar juntos empanadeando y chapándose alegremente. Rafael Quispe, casado con Rocío Paty, quien además mencionaba como su mantra político “miedo a nadie, sólo a Dios y a mi esposa”; y la asambleísta Góngora, quien afirmó públicamente ser comadre de la esposa de Quispe, hacen gala de una casta política tristemente infantil como degradada. Degeneran la política que debiera ser de servicio a la población por una farándula telenovelesca.

Si bien cualquier político goza de una figura pública sujeta a las críticas por parte de la sociedad, debido a la propia exposición pública, también son el reflejo de sus representados o de quienes dicen representar.

Hace algunos días otro político, el Gobernador del departamento de La Paz, hacía gala de esta misma forma degenerada de interpretar el ejercicio de la política. Santos Quispe, encontrado en estado inconveniente, sigue el ejemplo de su mentor Félix Patzi, exgobernador y líder del partido político Tercer Sistema, que hasta obtuvo representaciones subnacionales. ¿Cómo interpretar ambos acontecimientos que parecieran aislados pero que forman parte de una misma casta política degenerada? ¿Los antivalores rodean el ejercicio político? ¿La vida pública de un político debiera gozar de un carácter privado?

Existe un sistema de ejercicio de la política totalmente degenerado que ha sido naturalizado por diversos actores políticos. Se ha construido una casta que se llama a sí misma la alternativa al MAS-IPSP en el poder. Sin embargo, no han podido generar nuevos valores ni virtudes dignas de reproducirse, más al contrario, se han dedicado a hacer gala de actitudes reprochables que mellan su propia dignidad, como la dignidad de las personas a quienes representan.

Santos Quispe heredó todo su capital político gracias a su padre, Felipe Quispe “El Mallku”, no le costó nada ganarse el puesto de gobernador y como el hijo prodigo malgastó todo su capital y proyección. Como dice el dicho: Nunca se valora lo que no te ha costado. Rafael Quispe, por su parte, trató de incursionar en una forma novedosa de hacer política recurriendo a la bufonería, este último episodio y su respuesta refleja fielmente que su forma de hacer política no alcanzará nunca para ser tomado en cuenta como una alternativa seria por la población; como político es un gran tik toker.

Suele pensarse que la política como tal es un escenario quimérico ligado a los más profundos antivalores de la sociedad, y ciertas castas políticas así lo ratifican. Sin embargo, la política debiera estar ligada a profundos valores democráticos y éticos que irradien de ejemplo para los simpatizantes y partidarios de los diferentes actores políticos. No se puede repetir lo que se critica o creer que la población es como un infante a quien se le puede engañar contándole cualquier cuento en el intento de desmontar las realidades fácticas que hoy en día son mucho más mediatizadas y se expanden como la pólvora gracias a las interacciones en las redes sociales, por ejemplo, que generan un circuito informativo mucho más célere que los medios tradicionales de comunicación.

En política, la imagen no pertenece única y exclusivamente al sujeto político. Ya que se expone voluntariamente la misma al ser las relaciones públicas masivas la materia prima cotidiana de cada político para construir su capital. La excusa de una vida privada desasociada de una vida pública no existe en el mundo político al que cada quien decide adentrarse o no.

Una nueva generación política puede estarse gestando mientras los resabios de una vieja casta política terminan de morir y esto no siempre tiene que ver con la edad, sino con los valores que se superponen en las construcciones superestructurales de cualquier sociedad.

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