mayo 18, 2022

El niño de Orinoca y las asimetrías del poder


Por Pilar Lizárraga Aranibar * -.


Aun en tiempos del Estado Plurinacional las asimetrías siguen naturalizadas en todas las esferas de la vida cotidiana y la acción política las acentúa, dejando en evidencia cuánto se tiene que construir para vivir en un mundo habitable, donde todas y todos puedan sentir que hay justicia, seguridad y certidumbre. Ese niño de Orinoca, que a través de su vida nos mostró la sociedad injusta y asimétrica, nos recuerda ahora agendas pendientes para seguir construyendo igualdad.

En un día en el que la niña y el niño son los sujetos de las celebraciones, se debe tomar conciencia de todo lo que se tiene que seguir construyendo para tener un mundo habitable para ellas y ellos. Es un día donde queda clara la deuda que se tiene y las acciones que se deben seguir para restituir derechos. Es un día en el que se tiene que trabajar para erradicar la violencia en sus múltiples formas, expresada en infanticidios, en violaciones, en una violencia estructural en la que el niño y la niña trabajan para poder sustentarse, en la que la seguridad y el ser niño es un privilegio. Es un día en el que el tiempo del hacer lo político debería estar dirigido a construir para transformar las inequidades.

Las asimetrías continúan emergiendo en el contraste de cómo se constituye la propia celebración. En las calles, las niñas y los niños son los principales protagonistas, con sus globos retornando de celebraciones con la madre o el padre. Es un día en el que se puede ver cómo la acción política transforma los espacios vacíos en espacios de fantasía, donde suenan trompetas, tambores, se entregan regalos y comida copiosa, globos y serpentinas que lleva a unos cuantos niños a ser parte de un efímero momento, en el que se establece una fantasía que al terminar el día acabará y en la que las situaciones no se han transformado.

Contrastan esos escenarios con espacios de la vida cotidiana donde se encuentran niñas y adolescentes de un hogar en el que el día de la celebración es un día en el que tejen la palabra entre ellas, donde no tienen familia, y donde las propias autoridades las olvidaron. Es un día donde reciben una pequeña torta y una visita inesperada que les hace sentir lo importante que es ser niña, que es la proyección de esa mujer nueva que se forja en el proceso y es la mujer de la Revolución Democrática. O mercados que se han constituido en espacios de convergencia de los niños para celebrar el ser niños, más allá de la situación laboral que desarrollan siendo niños. O los espacios fúnebres o defensorías donde en el mismo día de la celebración han llegado cuerpos golpeados, en los que la carga de la violencia colonial, capitalista y patriarcal está presente.

El niño de Orinoca tiene que seguir caminando, para transformar la sociedad de las desigualdades en una sociedad justa. Ese niño son todas y todos quienes siguen en situación de vulnerabilidad y donde se demanda un trato justo e igualitario, donde el ser niño o niña no sea privilegio y donde los derechos les permita construirse en condiciones de igualdad y con los mismos derechos.


*       Investigadora JAINA. Presidenta regional MAS – IPSP – Cercado Tarija.

 

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