febrero 3, 2023

Jornadas de marzo

Por Claudia Miranda Díaz *-.


Después del golpe de Estado de René Barrientos (1964-1969) fue larga la lucha del movimiento obrero y popular, junto a los partidos políticos de izquierda de esa época (POR, ELN, MIR, PCB, PS1), para derrocar a cinco dictaduras militares: Alfredo Ovando (1969-1970), Hugo Banzer (1971-1978), Juan Pereda (1978), Alberto Natusch (1979), Luis García Meza (1980-1981). También hubo en ese período un gobierno por proclamación popular, Juan José Torres (1970-1971); dos cortos mandatos democráticos de Walter Guevara (1979) y Lidia Gueiler (1979-1980); tres gobiernos militares que abrieron paso al retorno democrático: David Padilla (1978-1979), Celso Torrelio Villa (1981-1982), Guido Vildoso (1982).

La Unidad Democrática y Popular (UDP), frente político compuesto por el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNRI), el Movimiento Revolucionario de Izquierda (MIR) y el Partido Comunista de Bolivia (PCB), ganó las elecciones de los años 1978, 1979 y 1980. Cada triunfo electoral era negado por los sectores dominantes y conllevaba a un golpe de Estado: las elecciones del 9 de julio de 1978, golpe de Estado de Juan Pereda (21 de julio); elecciones del 1 de julio de 1979, interrupción de la débil democracia (Walter Guevara) por Alberto Natusch (1 de noviembre); elecciones del 29 de junio de 1980, suspensión democrática a Lydia Gueiler por Luis García Meza (17 de julio). En cada elección el apoyo electoral a la UDP era mayor.

En el gobierno de Guido Vildoso (1982) se planteó la vigencia de las elecciones de 1980; Hernán Siles propuso una nueva contienda electoral, para tener una mayoría parlamentaria que le permitiera tener un gobierno con gobernabilidad; sin embargo, no fue escuchado, las voces apoyando al Parlamento de las elecciones de 1980 se impusieron. La UDP ingresó al gobierno el 10 de octubre de 1982, con un Congreso Nacional de mayoría opositora; después de 18 años de inestabilidad política. La UDP, a quien le correspondía dirigir el país desde 1982 a 1986, gobernó en un período de completa inestabilidad económica, política y social, debiendo acortar su mandato al 6 de agosto de 1985, en pro de mayor estabilidad para la nación.

Debemos recordar que durante los períodos dictatoriales por los que atravesó Bolivia los golpes de Estado fueron avalados por Estados Unidos, en una política general para América Latina con su Plan Cóndor, que trajo luto y dolor a las familias en Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay; que operó entre los años 1970 a 1980.

Cuando la UDP ingresó a Palacio, Estados Unidos y sus representantes políticos en el país trabajaron arduamente para desestabilizar al gobierno de izquierda y conseguir derrocarlo. Una de las mejores herramientas para alcanzar su propósito era la economía, porque afecta a toda la población.

En la Segunda Guerra Mundial la mayoría de los países del planeta participaron del conflicto bélico, agrupándose en dos bloques: 1) La Alianza del Eje, conformada por Alemania, Italia y Japón; a los que se sumaron Hungría, Rumania, Eslovaquia, Bulgaria, Yugoslavia, Finlandia; 2) Los Aliados, compuesto por la Unión Soviética, Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y China. Bolivia se adhirió al segundo bloque en el gobierno oligárquico de Enrique Peñaranda (1940-1943), y colaboró con el envío de estaño a precios ínfimos –era el primer productor mundial en ese momento–, como material indispensable para la elaboración de armamento de guerra. Este mineral fue acopiado por Estados Unidos como una reserva estratégica que utilizó en contra del gobierno de la UDP, haciendo fluctuar los precios del estaño en el mercado internacional, ocasionando la hiperinflación que agobió a nuestra economía, basada en la exportación del estaño.

El constante asedio político que sufría el gobierno de la UDP –y su presidente Siles Zuazo– de parte de los factores de poder: Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), Congreso Nacional (mayoría parlamentaria: MNR, ADN), tuvo como una de sus acciones de presión a su renuncia: su secuestro en fecha 30 de junio de 1984 por parte de grupos de policías, militares y políticos de derecha (ADN, MNR), en un intento de golpe de Estado fracasado, porque no contó con apoyo de la población. El secuestro duró 10 horas, y los responsables se asilaron en una embajada extranjera.

En diciembre de 1984, con participación de la Iglesia católica –otro factor de poder–, se llegó a un acuerdo de acortamiento del mandato de Siles, por un año; se convocaron a elecciones para el 14 de julio de 1985.

El 4 de marzo de c se inició la movilización de mineros (unas fuentes señalan cinco mil y otras 12 mil mineros) a la ciudad de La Paz, denominada “Las Jornadas de Marzo”, su consigna era “el hambre no espera”, se quedaron 21 días, con movilizaciones de las mil esquinas y asambleas diarias de las bases, contando con el apoyo ciudadano cotidiano para subsistir. El 23 de marzo retornaron en camiones a sus centros mineros, sin haber conseguido sus reivindicaciones principales, con el puño izquierdo en alto y el grito “¡los mineros volveremos!” dirigía la Federación Sindical de Mineros de Bolivia (Fstmb) y la Central Obrera Boliviana (COB), Juan Lechín Oquendo.

Las Jornadas de Marzo se convirtieron en el inicio de una derrota histórica del movimiento minero. Los partidos políticos de izquierda que apoyaron las luchas sociales en las décadas de 1960 a 1980 empezaron a fragmentarse; como resultado las elecciones de 1985 las ganó el exdictador Hugo Banzer (ADN); resultó segundo Víctor Paz (MNR). En el Congreso Nacional se eligió como presidente al segundo más votado (MNR) por el periodo 1985-1989, abriendo paso a gobiernos neoliberales por 20 años. La izquierda retornaría en 2005.

Los mineros volverían a La Paz en la Marcha por la Vida en agosto de 1986.


  • Economista y auditora.

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