julio 6, 2022

La Cumbre de las Américas ya es un fracaso


Por La Época -.


A Joe Biden, presidente de la principal potencia mundial en proceso de declinación hegemónica, se le quebró el plan de llevar adelante una Cumbre de las Américas con el propósito, no manifiesto, de sentar las bases para recuperar terreno geopolítico en un continente en el que, desde principios del siglo XXI, se han alzado voces de rebeldía contra su dominación.

De los 35 países que forman parte del continente americano, 20 gobiernos, es decir, más de la mitad, se han pronunciado, con distintos tonos, en contra de la convocatoria excluyente y antidemocrática lanzada por la administración de la Casa Blanca, para celebrar la IX Cumbre de las Américas, en Los Ángeles, este junio próximo.
Casi de forma simultánea México, Bolivia y el grupo de países del Caribe le aguaron la fiesta a Biden. Los jefes de Estado y de gobiernos de todos estos países, de distintos cortes ideológicos y políticos, expresaron que no participarían del encuentro americano si se mantenía la decisión de excluir a otras naciones del continente. Para ser más precisos, lo que se colocaba en abierto cuestionamiento y con gran valentía, pero sobre todo con espíritu democrático, era la unilateral determinación estadounidense de no invitar a Cuba, Venezuela y Nicaragua “por no ser gobiernos democráticos”.

Biden no puede menos que estar sorprendido. A parte de México, que hizo conocer su posición, en las últimas horas le ha correspondido a Brasil poner en duda su participación en la cita internacional. Si bien las razones de ambos países –considerados las dos como potencias regionales de América Latina y el Caribe– son radicalmente distintas, lo que en definitiva cuenta en política es que se ha puesto en evidencia que Washington atraviesa una crisis de liderazgo.

Y es que Estados Unidos no termina de asumir que la Región es otra desde que se empezaran a constituir, a fines del siglo XX y principios del siglo XXI, un alto número de gobiernos progresistas y de izquierda que, además de haber elevado las condiciones materiales de vida de su población, incrementaron la autoestima individual y colectiva de la población de esos países. Si bien varios de esos gobiernos fueron desalojados en las administraciones de Obama y Trump por métodos no democráticos (Honduras, Paraguay, Brasil y Bolivia), aunque también por elecciones (Argentina) por parte de la derecha, el regreso del progresismo y la izquierda fue, en términos generales, más rápido de lo esperado. A lo que se sumó Perú, Chile y, probablemente dentro de unas semanas, Colombia.

América está en disputa. Los Estados Unidos hacen los máximos esfuerzos por restablecer su hegemonía, vital para contrarrestar el avance chino y el resurgimiento ruso, pero la gran parte de sus mecanismos y proyectos no acaban de calar. En la otra cara de la moneda están la mayor parte de las naciones latinoamericanas y caribeñas que quieren modificar las relaciones de dominación/subordinación por otras que les den mayores grados de autonomía.
Los países de América Latina y el Caribe reclaman lo que Estados Unidos no se esfuerza por garantizar: democracia, respeto a la autodeterminación y no injerencia.

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