julio 3, 2022

De Fausto a Hilda Reinaga: herencia y sueños


Por Esteban Ticona Alejo * -.


Hace poco tiempo Hilda Reinaga Gordillo, sobrina del gran pensador quechuaymara Fausto Reinaga, publicó su libro Mi llegada a la casa del Amauta. Editado por la Fundación Amaútica F. Reinaga y Mirada salvaje, el trabajo está dividido en seis capítulos, con un pequeño anexo de fotografías y manuscritos inéditos. La portada es muy ilustrativa: Hilda en la biblioteca del Amauta, rodeada de libros, fotografías de Fausto y una wiphala en el centro. Hilda enseñando la máquina de escribir con la que trabajó el Amauta, seguramente también la herramienta con la que trascribía los manuscritos de su tío. Se hicieron varias presentaciones en diferentes lugares del país, pero no ha merecido gran atención, a excepción de algún escritor que publicó en un medio escrito de alcance nacional. En estos últimos días se hará la presentación en Argentina y la recepción no será tan fría como en Bolivia.

Uno lee la memoria, el testimonio de Hilda, e inmediatamente recuerda a los escritos de Fausto, por ejemplo, en la forma crítica (incluso autocrítica) de abordar su experiencia vivida, pero igual los análisis en temas históricos del país y el acercamiento a momentos felices y difíciles subsistidos junto a su tío.

Está claro, el estilo de abordar la realidad la aprendió de esa especie de escuela del indianismo que formó Fausto; pero a la vez es conjuncionada con el espíritu de la rebeldía de la mujer quechua del norte de Potosí. Si bien cumplió distintas tareas en la casa junto al escritor, la obra de Hilda es una manifestación de la mujer india pensante y escritora.

Hay numerosos acápites históricos que son abordados profundamente por Hilda, como complementos o ampliaciones a las obras de Reinaga, quien no solo utilizaba las páginas centrales, sino notas de pie y hasta algún anexo de sus libros. Sin embargo, hay datos inéditos de unos cuantos momentos vividos en la familia Reinaga, como fotografías únicas, desde que era niña Hilda y su llegada a la casa de Fausto en Chuqiyapu Marka del mundo aymara.

Como toda familia andina, no están exentas las contradicciones y tensiones permanentes, que no se resuelven a lo larga de la vida de Hilda, incluso con la muerte de Fausto en 1994. No solo es un simple testimonio, sino que hay argumentos sólidos, citando acciones de personajes públicos del mundo indio, sean kataristas e indianistas, y que son aclarados su accionar o son cuestionados abiertamente.

Hilda, muy al estilo de Fausto, no tiene miedo de criticar a la nueva generación de indianistas/kataristas, que en alguna medida fue apoyada por ella y que hoy muchos integrantes de esa juventud han quedado atrapados en la obsesión por el poder, hasta de vicios occidentales, generándose una especie de desarraigo de los orígenes interesantes de la camada de indianistas y kataristas del presente. Valoro el cuestionamiento de Hilda a la perdición de la juventud, que en el fondo no es más que un sueño de tener una nueva generación sana y lúcida que pueda llevar adelante las propuestas del indianismo que Fausto soñó en vida. A pesar de los agradecimientos que realiza Fausto a Hilda en varias de sus obras, allí no aparecía la Hilda pensadora y narradora.

Creo que hay aspectos desconocidos en la vida de Fausto y quien puede retratarlos mejor es Hilda, como la vida cotidiana, su apego a la madre naturaleza. No en vano se fue a vivir a K’illi k’illi (hoy Villa Pabón), que en su época era un barrio marginal de indios y el lugar simbólico donde fue depositada una de las partes del cuerpo descuartizado de Tupaj Katari. Fausto fue gran amante de la vegetación, en un lugar de migrantes de pueblos ancestrales.

En nuestra reciente conversación con Hilda le pedí que escriba más, que nos cuente otros aspectos para conocer mejor a Fausto, de quien nos hemos quedado solo con la idea del creador de ideas y de libros; aunque esos libros de Reinaga tienen un estilo particular. Sería lindo que en otro libro nos cuente del hijo de Fausto, Kolla, que recientemente falleció y que también fue escritor, aunque aún no conocemos sus obras. Jallalla Kullaka Hilda. Wali sumawa qillt’atamaxa jach’a markasataki.


*       Sociólogo y antropólogo.

 

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