agosto 11, 2022

Bolton y la democracia norteamericana


Por La Época-.


El 13 de julio pasado, en una entrevista con la cadena CNN, el asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, confirmó algo que Ernesto Guevara lo sintetizara de forma muy clara: la historia de América (como el se refería) es la historia de las intervenciones de Estados Unidos”.

Y es que en la entrevista, pensada más para refutar la tesis de que Trump estaba involucrado en el asalto al Capitolio que en ofrecer detalles de las formas y mecanismos que EE.UU. se entromete en asuntos internos de nuestros país, el Halcón John Bolton aseguró que los golpes de Estado requieren de mucha preparación, tal como sucedió en 2019 en Venezuela, donde un plan para expulsar a Nicolás Maduro del gobierno fracasó debido a la oportuna intervención de los órganos de seguridad de ese país.

Si bien la arrogancia de este político de ultraderecha no lo condujo a ser más específico identificar en qué otros golpes de Estado asesoró, hay un dato que no puede pasar desapercibido: la crisis institucional en Bolivia que derivó en golpe de Estado fue también en 2019, cuando Estados Unidos estaba librando una contraofensiva contra los gobiernos progresistas y de izquierda en toda la región. De hecho, de todos los países gobernados por el progresismo, además de lo señalado líneas arriba, en su mayor parte fueron desplazados mediante la combinación de viejas y nuevas formas de golpe de Estado, como ocurrió con Manuel Zelaya en Honduras en 2009, Fernando Lugo en Paraguay (2012) y Dillma Roussef en Brasil (2016).

Desde cierta perspectiva más amplia, las palabras de Bolton no representan ninguna revelación, pues ni quiera ingresó en detalles sobre lo que tuvo que “trabajar” para organizar el golpe de estado contra Venezuela, aunque esa abstracción, al mismo tiempo, es parte de todas las acciones concretas que EEUU llevó adelante en el continente, incluso años antes de convertirse en potencia hegemónica a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial.

Esto quiere decir que desde la perspectiva estadounidense el factor intervención externa no solo es recurrente en la política exterior imperial, sino que la democracia es válida para los políticos de este país, sean demócratas o republicanos, si le deja las puertas abiertas a los EEUU para intervenir en cualquier parte del mundo y por el motivo que sea. Es decir, democracia e intromisión en asuntos internos son parte indisoluble del sistema de dominación.

Pero no hay acción externa que no cuente con su correlato interno. Los políticos de derecha latinoamericanos y caribeños, aun los que se niegan sistemáticamente a reconocer que los golpes de estado forman parte del desarrollo de los sistemas políticos de la región, van a jugar el papel de legitimares del intervencionismo estadunidense a través de formas en que lo central se encuentre bajo manto democrático.

Y aunque algunos políticos y políticas pueda parecerles anticuado, es bueno recordar las reflexiones de Lenin a propósito de que democracia y dictadura son dos formas de dominación de la burguesía. Eso quiere decir, que la democracia es un campo en disputa entre su sentido emancipador o de dominación.

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