mayo 19, 2024

Brasil y Argentina como expresión de regresividad en el capitalismo

Por Julio C. Gambina *-.


Es relevante el resultado electoral en Brasil del domingo 30 de octubre. Lula, con casi 60 millones de votantes, será nuevamente presidente del Brasil, claro que su rival, el ultraderechista Bolsonaro, obtuvo apenas un par de millones de votos menos, constituyendo así una fuerza política de masas con importante peso parlamentario y en las principales gobernaciones del país, casos de Río de Janeiro, São Paulo o Río Grande do Sul. Esa diferencia mínima augura un futuro complejo, especialmente en lo relativo a la situación económica y política del gigante del Cono Sur de América.

La regresividad en el capitalismo brasileño será difícil de modificar, salvo que se desarrolle una fuerza política popular organizada y movilizada. Será interesante observar lo que acontecerá a futuro y considerar cuáles serán los vínculos y potencialidades de la relación de Brasil con la Argentina y el resto de la región latinoamericana y caribeña. No resultaron empáticas las relaciones bilaterales en estos años entre Bolsonaro y Fernández, con destrato simétricos, más allá de ser ambos socios comerciales de peso entre sí y asociados en una estructura económico social de fortalecimiento de la primarización y la extranjerización.

Hay cierto paralelismo entre Brasil y Argentina desde el punto de vista estructural, de los cambios operados en la esfera de la dominación, desde un predominio industrial al del agronegocio de exportación dirigido por transnacionales de la alimentación y la biotecnología, con secuelas en ambos países en deterioro de los ingresos populares y las condiciones de trabajo y de salud, situación agravada en pandemia, especialmente en Brasil. Convengamos que ambos países sufren las consecuencias de la crisis mundial por el carácter subordinado que ostentan en la dinámica de la economía mundial, algo que verificó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en su 39° periodo de sesiones realizado en Buenos Aires entre el 24 y 26 de octubre. Allí se destacó el impacto de la situación mundial, de tendencia recesiva, para el conjunto de la Región, y cómo el Brasil, por su peso económico, define en buena medida el destino de la evolución productiva de América Latina y el Caribe.

El diagnóstico de la Cepal es de preocupación, en un marco de creciente desigualdad y bajas perspectivas de recuperación de la economía. La desigualdad es un problema de toda la región latinoamericana y caribeña, pero es gigantesca en el país de mayor población, en especial cuando Lula candidato aludía a los 33 millones de personas empobrecidas con dificultades para su alimentación. En Argentina baja levemente la pobreza, pero se incrementa la indigencia, dando muestra del enorme problema que presenta la insuficiencia de ingresos en millones de personas para ambos países. La desigualdad es un dato relevante de la economía brasileña, de la economía argentina y de la economía latinoamericana y caribeña.

Las propuestas de Cepal, presentadas en el cónclave de Buenos Aires, son una generalidad, adaptativa a las tendencias económicas que define el capitalismo desarrollado y que, en rigor, son parte de la adecuación de los países en nuestra América a la dinámica de acumulación capitalista, que define a la región como proveedora de materias primas. Si se pretende superar la actual situación es necesario apuntar a la radicalización de propuestas de transformación socioeconómica que coloquen en primer lugar las prioridades que demanda la sociedad empobrecida y superar las condiciones de explotación y saqueo a que son sometidos nuestros pueblos.

Tanto Brasil como Argentina vieron una importante recuperación de la economía en 2021 con respecto a 2020, pero este 2022 los muestra con tendencia a la desaceleración, sobre todo con la proyección de 2023 y más allá, algo en común, según la Cepal, para el conjunto de la Región.

Si consideramos la evolución de Brasil en los últimos años veremos un retroceso relativo a sus posiciones en el ranking mundial por países, y pese a sostener el primer lugar en América Latina y el Caribe, por su capacidad de producir bienes y servicios, su posición en el conjunto mundial está en retroceso. De ubicarse entre los primeros siete hace una década, actualmente muestra una pérdida de varios lugares, relegando posición entre los primeros 12. Argentina arrastra problemas estructurales por largo tiempo, agravada con sus elevados datos de inflación que la colocan entre los más altos de la Región y del mundo.

Brasil y Argentina comparten problemas estructurales

Por un lado, hay una tendencia creciente a la primarización de sus exportaciones. Comparten al complejo sojero como el principal sector generador de divisas, del mismo modo que avanzan en los desarrollos productivos de hidrocarburos. Son dos países sin tradición histórica como grandes productores y exportadores de petróleo y gas, algo modificado en los últimos años por importantes reservas de hidrocarburos no convencionales.

Ambos países tienen relaciones económicas y políticas de tipo complejo; en el plano económico un fortísimo vínculo tanto de Brasil como Argentina con China, principalmente por las exportaciones de soja y sus derivados. Y en el plano político la complejidad de una tradición histórica vinculada a Europa y a los Estados Unidos, matizada en este último tiempo por Jair Bolsonaro, quien privilegió los vínculos económicos especialmente con Rusia. Brasil es el país latinoamericano de mayor desarrollo comercial con Rusia, algo que se destaca en tiempos de guerra y búsqueda de aislamiento de Rusia, sujeto de sanciones unilaterales dispuestas por los Estados Unidos y sus socios políticos en el mundo. Argentina tiene una dualidad de relaciones con el mundo asiático, China principalmente, y el mundo occidental, especialmente condicionada por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el peso decisorio determinante estadounidense en el organismo internacional.

Tanto Argentina como Brasil tienen desafíos en términos relativos en cuanto son definitorios en lo que acontece en el Mercado Común del Sur (Mercosur). Brasil se retiró de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en tiempos de Bolsonaro. Argentina preside ahora de manera temporal la Celac, y puede bajo la presidencia de Lula volver Brasil al organismo y plantearse un desafío para la integración regional que puedan potenciar Argentina y Brasil. Claro que se trata de una relación económica y política con todas las incertidumbres del cambio político que podría haber en Argentina en 2023. Es incierto el presente y el futuro, no solo por las inestabilidades políticas, sino por la ausencia de una fuerza política popular movilizada y organizada que defina rumbos en ambos países, en donde las derechas aparecen con apreciables grados de consolidación.

América Latina y el Caribe viven en una perspectiva electoral de cambio político en desmedro de las posiciones más a la derecha que podría ir a contramano de lo que acontezca en Argentina en 2023 y en el escenario institucional en torno a Bolsonaro. Por eso interesa considerar de manera muy importante las elecciones en Brasil y la no reelección del presidente, augurando ciertas expectativas esperanzadas, con límites estructurales muy fuertes. Lula asumirá la presidencia en enero de 2023 y, hasta entonces, un “bolsonarismo” ensoberbecido podrá obstaculizar la dinámica cotidiana, condicionando al próximo Gobierno. Interesa también escudriñar cómo puede evolucionar la relación de Argentina y Brasil para intervenir en el debate de modelo político, planteado por la propia Cepal y más aún la Celac, sobre todo en lo económico, no solo para esos dos países, sino para la región latinoamericana y caribeña.


  • Economista.

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