agosto 25, 2026

UE-Celac y el ejemplo boliviano


Por La Época-.


La III Cumbre entre la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (UE-Celac), que concluyó esta semana en Bruselas con una declaración de 41 puntos, debe tomarse con moderación, debido a que no se evidencia ni una total inversión en los roles que tradicionalmente han caracterizado las relaciones centro-periferia entre ambas regiones, ni señalan un consenso latinoamericano en torno a una integración nuestroamericana y emancipadora.

Por otro lado, es innegable que la tradicional subordinación que caracterizó a los países de nuestro hemisferio muestra señales de agotamiento, quizá debido a que el contexto actual varía mucho del que se tenía, por ejemplo, en 2017, con el auge de la extrema derecha, un trumpismo que apenas empezaba y un franco retroceso del progresismo latinoamericano. La expresión más clara de este cambio cualitativo es la frustración de las pretensiones europeas por conseguir una censura unánime en contra de Rusia. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) perdió en la III Cumbre.

Otro aspecto que debe destacarse de los últimos días es el renovado interés de Europa por Latinoamérica como espacio de prioridad comercial, comprensible por la ampliación incesante de la influencia de China, hoy en día primera socia comercial de países como Brasil o Argentina. Tal preocupación no es sorprendente por sí misma, pero parece indicar un mayor grado de independencia de Europa en relación a los Estados Unidos, que no han podido cumplir con sus compromisos energéticos con el viejo continente tras haber destruido una de sus principales fuentes de aprovisionamiento de gas natural del cual dependían muchas ciudades europeas con la voladura del Nordstream II. Sin duda, el perdedor más grande de este momento es el gendarme del Norte.

Se han comprometido 45 mil millones de euros en inversiones sobre diferentes rubros, concentrados sobre todo en la producción de energía y alimentos, aunque bajo el tradicional formato multinacional que suele esconder condiciones de intercambio desiguales entre el mundo industrializado y los países que se especializan en la provisión de materias primas. En ese sentido, la intervención del presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Luis Arce, resulta ejemplar, después de que aclarara los términos con los cuales se daría toda relación comercial alrededor de la explotación del litio, siempre bajo la condición de una mayor presencia estatal. Se han colocado, entonces, los puntos sobre las ies.

No obstante, aquella resolución boliviana respecto a la explotación del litio contrasta con la dubitativa actitud de Argentina y Chile, que ostentan el segundo y tercer lugar de reservas en el mundo, pero que no parecen tener convicciones tan firmes de la necesidad de un frente común entre los tres países para controlar los precios de este mineral que definirá posiblemente toda la industria del siglo XXI. La propuesta del presidente Arce de una suerte de OPEP del litio todavía no parece haber calado en sus dos vecinos, frente a una Europa que sabe actuar organizadamente y no solo como un mero foro de intercambio de opiniones, como observaron acertadamente algunos medios conservadores de Occidente.

Eso constituye una insuficiencia que debe reconocerse desde nuestra Región, incapaz de definir un liderazgo definitivo, hoy oscilante entre Brasil y México, así como tampoco un horizonte común, a pesar de compartir invariablemente el mismo pasado colonial que explica no pocos de sus problemas estructurales de hoy. No será posible un posicionamiento de Latinoamérica bajo mejores condiciones si no se actúa y negocia, efectivamente, como un solo bloque.

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