Por La Época -.
Lo que ha sucedido en el Ecuador es muy grave. No solo debido a que se ha violentado el Derecho Internacional en una doble dimensión, sino a que se está lanzando una señal inequívoca hacia América Latina y el Caribe desde un país al que los Estados Unidos le han asignado el papel que cumplía Colombia antes de la histórica victoria electoral de Gustavo Petro.
En su primera dimensión, que es la ocupación violenta de la sede diplomática de México, no hay que darle muchas vueltas. Es la primera vez que en América Latina y el Caribe se toma una embajada, lo que equivale en este caso a sostener que las fuerzas represivas virtualmente invadieron territorio mexicano. La Convención de Viena ha sido pulverizada y ese es un hecho que tendrá que ser considerado y sancionado a través de los mecanismos de las Naciones Unidas.
No hay precedentes en la historia, ni siquiera en los llamados gobiernos militares de la seguridad nacional. Agrava esto el hecho de que se haya producido en un gobierno electo hace poco, lo que da cuenta de la magnitud de la crisis del sistema liberal democrático.
En su segunda dimensión, es también condenable que Ecuador haya puesto un freno en seco a la continuidad de la tradición latinoamericana del asilo, que ha permitido salvar la vida de miles de hombres y mujeres en la Región, predominantemente durante los gobiernos militares, sin descartar a los civiles. Esta figura, que igual fue desconocida por el gobierno de facto de Jeanine Áñez, fue respetada por gobiernos de derecha e izquierda, incluso por las dictaduras de la Seguridad Nacional.
Pero la tercera dimensión de lo que ha ocurrido, que se veía venir desde las acciones a las que dio lugar la fuga de un importante narcotraficante de las cárceles de ese país, es la presencia del Comando Sur y el sello inconfundible de la Central de Inteligencia Americana (CIA). La fuga de José Adolfo Macías Villamar, conocido como Fito, en enero pasado, se convirtió en el escenario perfecto para que los Estados Unidos tomaran el control de Ecuador.
Aunque los primeros hechos que muestran el grado de penetración de los Estados Unidos en Ecuador hay que encontrarlos en el gobierno de Lenín Moreno y luego en la administración de Guillermo Lasso, es desde esa violenta huida del condenado por delitos de narcotráfico que la política de seguridad de aquel país se consolidó como una expresión de la política de seguridad estadounidense en Sudamérica.
No es una exageración afirmar que Ecuador se ha convertido para Washington en un país clave para llevar adelante su estratégica hacia la Región en sustitución de Colombia, aunque con la limitación –respecto al segundo– de que no conecta a Centroamérica, Sudamérica y El Caribe.
Hay que estar advertidos que lo registrado la noche del viernes en Quito no es un hecho aislado. Lo que hay como señal es un derrumbe del sistema liberal internacional y de su democracia y, sobre todo, es un claro mensaje de que nada detendrá la defensa de los intereses yanquis.

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