
El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, declaró en una entrevista con The New York Times que su país aguantará más que Trump y resistirá las presiones de Estados Unidos «por el tiempo que haga falta». Rodríguez señaló que la política de Washington hacia Cuba cambiará, «tiene que hacerlo. Es inevitable», enfatizó.
El titular de Exteriores confirmó que los canales de comunicación con Estados Unidos continúan activos mediante reuniones presenciales, llamadas telefónicas y mensajes de WhatsApp, aunque advirtió que «»es muy difícil que progresen conversaciones cuando están acompañadas permanentemente de amenazas». «Se están logrando pocos avances», agregó.
Por otra parte, el diplomático cubano calificó los llamados del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, para colaborar con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) como «poco serio» y «un poco infantil», añadiendo: «La verdad es que no tengo idea de qué pretende el secretario de Estado con esas publicaciones».
Ante la presión económica, que incluye un bloqueo petrolero y sanciones secundarias implementadas desde enero del año en curso que mantienen miles de contenedores varados y han duplicado la mortalidad infantil, el Gobierno de la isla ha implementado reformas como la entrada de bancos privados, la venta de acciones de empresas estatales y la eliminación de restricciones a la inversión extranjera y empresas privadas.
No obstante, Rodríguez insistió en que esos cambios no responden a las exigencias de Washington y que la economía seguirá siendo socialista, mientras La Habana mantiene su postura recordando que «en estos 60 años, la política de Estados Unidos contra Cuba no ha funcionado, mientras que la política de resistencia y adaptación de Cuba ante esa agresión sí ha funcionado».
La entrevista, firmada por Jack Nicas, se publicó luego de que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobara por 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones una resolución en contra del cerco ilegal impuesto por Estados Unidos a Cuba.
En esta línea, el presidente de la isla, Miguel Díaz-Canel, expresó su gratitud a esas naciones que apoyaron en la resolución que exige el cese del recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero.
El mayoritario respaldo contra la guerra económica del imperialismo se concretó tras disputas diplomáticas en el escenario multilateral y presiones de la Casa Blanca contra Estados soberanos para que cambiaran su voto y no apoyaran a Cuba. Se trata de la trigésimo cuarta ocasión, desde 1992 a la fecha, en que el mundo dijo no a esta política estadounidense.
La aprobación de la resolución presentada por la mayor de las Antillas se produjo en un contexto de recrudecimiento de las restricciones estadounidenses. Entre marzo de 2025 y febrero de 2026 los daños atribuidos al bloqueo ascendieron a 8.083,3 millones de dólares, un siete por ciento más que en el período anterior. Los daños acumulados durante seis décadas alcanzan más de 178.700 millones de dólares a precios corrientes.
El bloqueo petrolero y las sanciones secundarias impuestas por la Administración Trump desde enero de 2026 han agravado la crisis en el sector turístico, pilar fundamental del producto interno bruto (PIB) y una de las fuentes principales de divisas del país.
Según informó la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), Cuba recibió entre enero y septiembre de este año 477.707 visitantes internacionales, lo que representa una caída interanual del 34,9 por ciento frente a los 890.140 viajeros del mismo período de 2025.
Los meses con menor afluencia fueron junio (28.100 turistas) y septiembre (27.354). El principal detonante de este impacto ha sido la severa escasez de combustible derivada del bloqueo petrolero, la cual provocó la paralización del transporte y la cancelación de rutas aéreas clave.
Además, el Gobierno cubano reconoció en julio pasado que las presiones de Estados Unidos han forzado el cierre de hoteles y la retirada de compañías internacionales, incluyendo la salida de siete cadenas hoteleras extranjeras —Meliá, Iberostar, Barceló, Blue Diamond, Archipiélago International y ATG— que gestionaban el 46 por ciento de las más de 80.000 habitaciones del país.

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