
La Secretaría del Interior de Francia anunció el despliegue de aproximadamente 70.000 efectivos de seguridad en todo el territorio nacional para contener las manifestaciones convocadas para este sábado 31 de octubre. Las autoridades diseñaron un plan excepcional enfocado en reforzar la vigilancia de centros comerciales y zonas de alto flujo ante la detección de convocatorias en redes sociales que incitan a realizar saqueos y actos de vandalismo.
El secretario del Interior, Laurent Nuñez, precisó que se autorizarán las concentraciones de manifestantes únicamente fuera de los cascos urbanos y en áreas periféricas. Asimismo, las autoridades regionales emitirán resoluciones formales para prohibir eventos vinculados a celebraciones de Halloween promovidos por grupos en línea, calificando dichos llamamientos como intentos directos de incitar al caos y la alteración del orden público.
El operativo incluirá unidades móviles especializadas como las Brigadas de Búsqueda e Intervención, el grupo RAID y la Gendarmería Nacional, además del uso de drones, helicópteros y vehículos blindados. Este despliegue coincide con la reactivación de las movilizaciones impulsadas por el movimiento de los Chalecos Amarillos y protestas con cacerolazos programadas frente a la sede de la Asamblea Nacional en París.
De forma paralela, cinco de las principales organizaciones sindicales del país formalizaron la convocatoria a una huelga general para el próximo jueves 5 de noviembre. Las agrupaciones gremiales exigen incrementos en los salarios y pensiones de jubilación, mayor presupuesto para el financiamiento de los servicios públicos y un plan de apoyo estatal destinado a proteger el empleo en el sector industrial francés.
Por su parte, el presidente Emmanuel Macron admitió públicamente que el Gobierno falló en prever la magnitud de las protestas del pasado 17 de octubre en Marsella y otras localidades. En aquella jornada se movilizaron cerca de 550.000 personas en la mayor marcha registrada en el país, requiriendo el uso de gases lacrimógenos y camiones hidrantes para dispersar a los asistentes.
La actual ola de descontento social se inició a mediados de septiembre con protestas estudiantiles en los suburbios parisinos por mejoras en las condiciones educativas. Posteriormente, las movilizaciones incorporaron reclamos masivos contra el aumento sostenido del costo de vida y la inflación, extendiéndose progresivamente a diversas regiones del territorio francés.

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