octubre 16, 2026

La construcción de la sociedad del conocimiento una tarea inconclusa


Por Soledad Buendía Herdoíza * -.


Abordar conceptos como la calidad educativa, la economía, el desarrollo, la política y las instituciones educativas nos llevan a una discusión muy pertinente y actual.

Iniciaremos con una reflexión sobre este concepto que incorpora los cambios y transformaciones que estamos viviendo en la actualidad. La noción sociedad del conocimiento, según Karsten Kruger, tiene sus orígenes en los años 60, cuando se analizaron los cambios en las sociedades industriales y se “acuñó la noción de la sociedad postindustrial”, donde el conocimiento empezaba a convertirse en fundamental y estratégico.

En 1973, Daniel Bell en su libro El advenimiento de la sociedad postindustrial, definió al conocimiento como un valor estratégico en la estructura central de la nueva economía. Para María Fernanda Arias la sociedad del conocimiento como motor del desarrollo económico y social requiere una integración de la academia, el sector productivo y el Estado.

Surge en este marco la discusión sobre el problema del desarrollo relacionado con el conocimiento. La vinculación universidad-empresa-Estado es indispensable, según Jorge Sábato y Natalio Botana, pues “el conocimiento generado en la universidad no podía estar separado del mundo productivo y que el Estado debía fomentar esta vinculación”, el problema de dichas alternativas es que socavan “fundamentalismos ideológicos y el imperio del capital”.

La situación de dependencia de los países periféricos a lo largo de la historia no ha permitido que el planteamiento de Sábato posibilite que la academia contribuya con el sector productivo y que el Estado cumpla un rol vinculador. América Latina es un generador marginal de conocimiento a nivel mundial, solo invierte el 0,76% del Producto Interior Bruto (PIB) cuando el promedio de las naciones desarrolladas es el triple, del orden del 2,4%.

En este punto de la reflexión es importante señal que el desarrollo es básicamente un problema político, se requiere un cambio en las relaciones de poder en nuestras sociedades para tener verdaderamente una sociedad del conocimiento, con igualdad de oportunidades y prosperidad para todos y todas. En efecto, las instituciones, políticas y programas de un país dependen de quién maneja el poder.

La pregunta clave es quién manda en una sociedad: ¿las élites o las grandes mayorías?, ¿el capital o los seres humanos?, ¿el mercado o la sociedad? (“La Revolución ciudadana se basa en el cambio de las…”). Muchos académicos, al fin, nuevamente están “descubriendo” que el desarrollo es un problema básicamente político. Un interesante análisis de las consecuencias del dominio de las élites y las instituciones que crean para su propio beneficio ha sido hecho por Daron Acemoglu, profesor del MIT, y James Robinson, profesor de la Universidad de Harvard, en su libro ¿Por qué fracasan los países?, en el que se demuestra que las instituciones, políticas y programas de un país dependen de quién tiene el poder y con qué intereses lo ejerce.

Impulsar una economía social del conocimiento necesita en este orden de ideas de voluntad política para promover la ciencia, la tecnología y la innovación, para así potenciar su poder transformador.


* Miembro de la Asamblea Nacional del Ecuador.

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