octubre 23, 2020

El inescapable desafío productivo, económico y social del 2011: Construir una Economía para la Gente

por: Enrique Velazco Reckling*

 “La Macro está bien; ahora corresponde mejorar la Micro, y aumentar la producción de los alimentos para lograr la seguridad alimentaria…”: ¿Es cierto?

La excelente salud Macro estaría reflejada en las tasas de crecimiento del PIB –sistemáticamente superiores al 4%− o en el comportamiento del sector financiero que muestra, desde el 2006, inéditos niveles de la rentabilidad que superan el 30% (VER FIGURA 1).

Lo que estas cifras no muestran, es que el aporte al PIB de la agricultura o la industria manufacturera han caído del 14,9% y el 16,7% en 1995, al 10,4% y al 11,2% respectivamente en el 2008, mientras que las industrias extractivas (minería e hidrocarburos) más que duplican su aporte, del 6% al 14,2%; en el mismo período, el aporte al PIB del comercio, los servicios y los impuestos, suben del 54% al 57%. Estas cifras muestran el aumento de la dependencia del producto nacional en la explotación de los recursos naturales y la hipertrofia del sector terciario (comercio y servicios).

La alta rentabilidad del sector financiero, más que una buena señal debería considerarse como un indicio de serios problemas estructurales. Primero, porque esta rentabilidad está asociada a un impresionante aumento de la relación captaciones a cartera que era 0,8 en 1998 y alcanza a 1,7 el 2008; es decir, el sistema financiero tiene casi tanto dinero en sus arcas como el que ha logrado colocar en el mercado. Tal situación sugiere operaciones de corto plazo con alta rotación, como se aprecia por la concentración de colocaciones en los sectores comercio (especialmente el microcrédito), servicios y construcción; este no es un escenario favorable para las actividades que agregan valor y generan empleo.

Más aún, las cifras macro también ocultan los severos problemas de inequidad que son evidentes al analizar la distribución del producto. Los datos del INE muestran que la participación de la remuneración a los empleados en la distribución del PIB, tuvo una tasa de crecimiento prácticamente igual a la tasa de crecimiento del PIB hasta el año 2003; desde el 2004, se ha estancado en relación al crecimiento del PIB, al extremo de que, expresado en términos de Bolivianos de 1990, la remuneración al trabajo, ha caído de 8.260 millones a 7.570 millones entre 2003 y 2008 (VER FIGURA 2).

Dicho de otra manera, mientras la remuneración al trabajo era un 35% del PIB entre 1988 y el 2003, en el 2008 sólo alcanzaba el 25%; ligada a esta caída en la remuneración al trabajo, es evidente una similar caída en el consumo de los hogares, que pasa de un 78% respecto al PIB en 1988, a apenas el 62% en el 2008 (VER FIGURA 3). En estas condiciones, la capacidad de consumo del mercado interno es cada vez menor, lo que constituye uno de los mayores obstáculos a estrategias de seguridad alimentaria, que requieren de un mercado con capacidad de consumo en condiciones que generen, a los productores, niveles de ingresos compatibles con sus expectativas de su propio bienestar.

Estas cifras e indicadores muestran que no es cierto que “lo Macro está bien”: con el actual patrón, estamos alentando un crecimiento sin capacidad para responder a las expectativas ciudadanas centrales: empleo digno y productivo, salarios e ingresos justos y equitativos, y razonable sostenibilidad. Es más, en tanto persista este patrón, no será posible ni “mejorar la Micro” ni, menos, avanzar en la transformación productiva que proporcione seguridad alimentaria.

Frente a esta realidad, junto a varias organizaciones sociales, especialmente de El Alto, hemos formulado desde 2006 propuestas para una Agenda Social Productiva. Las tareas constituyen una secuencia de acciones orientadas a construir la Economía Plural, y contemplan respuestas a corto plazo a las mayores expectativas de la sociedad.

  1. Cambiar, conceptual y prácticamente, el patrón de crecimiento: incorporar activamente a los actores “no públicos” en la planificación del desarrollo, a partir de una visión que reconozca que sólo se crea riqueza con el esfuerzo humano; los recursos naturales deben aprovecharse de forma inteligente, pero nunca podrán ser una base estable y confiable de recursos para sostener el desarrollo.

  1. Promover la productividad y el Valor Agregado: la creación de riqueza a través del esfuerzo humano es un desafío común para todo tipo de emprendimiento, público o privado, socialista o capitalista, micro, pequeño o grande, etc. Las actuales estructuras institucionales y normativas, heredadas de una realidad rentista de siglos, penalizan a las actividades creadoras de valor y de empleo digno; una tarea inmediata debe ser el eliminar los des-incentivos a las iniciativas productivas, con el fin de una pronta reversión de lo “especulativo” a lo productivo.

  1. Acciones de corto plazo para configurar la Economía Plural y crear empleo digno: el 90% del empleo lo generan los actores “no públicos”: empresa privada, organizaciones comunitarias y cooperativas. El desafío inmediato radica en incorporar efectivamente a todos estos actores a los beneficios y a las responsabilidades de la Economía Plural aprovechando potencialidades evidentes:

3.1. Constitución/registro de empresas: cuando salen del país, las y los bolivianos se caracterizan por excelencia en el trabajo y por alta capacidad emprendedora; para aprovechar este potencial, los procesos de creación, registro, operación y cierre de actividades económicas deben ser parte de una profunda revisión con el fin simplificar y transparentar conceptualmente la relación Estado-Empresa, e identificar incentivos apropiados para conformar una sólida estructura productiva alienada con los objetivos de creación y de equitativa distribución de la riqueza social.

3.2. Recuperar el mercado interno: el mercado interno, aunque pequeño y con baja capacidad de consumo, puede ser importante para la producción nacional. El consumo de los hogares, unos US$ 12.000 millones, representa casi 10 veces más que el valor de las exportaciones con valor agregado; aprovecharlo requiere eliminar la competencia desleal que implican el descontrol del comercio originadas en el contrabando, y las fuertes distorsiones que generan el microcrédito y las políticas de apoyo al micro-comercio asociado al contrabando.

3.3. Reorientar financiamiento hacia lo productivo: el ahorro “no público” se aproxima a los 8.000 millones de dólares (y al nivel de las RIN) y sería más que suficiente para financiar los 140.000 puestos de trabajo que debemos crear anualmente. La tarea consiste en des-incentivar el uso de estos recursos en actividades puramente comerciales (o especulativas), a la vez que se generan condiciones para incentivar su canalización hacia la creación de valor y empleo.

  1. Equidad y salarios: mientras la creación de riqueza es una responsabilidad común para todo tipo de emprendimientos, su equitativa distribución requiere de sólidas y claras políticas públicas; la meta inmediata debe estar centrada en incrementar la participación de la remuneración al trabajo en la distribución del PIB, del actual 25% a cuando menos el 50% (en los países con desarrollo de mayor calidad, la remuneración al trabajo puede superar el 65%). Este desafío implica superar las lógicas puramente recaudatorias en las políticas fiscales y tributarias, promover y premiar la creación de empleo y la mejora de las remuneraciones en función de la productividad, y garantizar escenarios productivos a largo plazo para promover la transparencia y el diálogo entre el Estado, trabajadores, emprendedores y sociedad civil

  1. Autonomías y Diálogo social: las autonomías constituyen la condición necesaria para generar, desde lo local, las condiciones necesarias para el desarrollo humano, incluyendo los espacios de diálogo y concertación, los procesos de planificación participativa, los incentivos adecuados para la generación de valor y su equitativa distribución, etc.  Para ello, las actuales asignaciones competenciales deben ser revisadas con el fin de lograr una mejor articulación de las funciones y responsabilidades que sean necesarias para la transformación productiva.

En síntesis, lo macro no está bien porque no le llega a la gente ni no nos ayudará a mejorar lo micro; ha llegado pues el momento de asumir el inescapable desafío productivo, económico y social del proceso: cambiar la economía rentista por una verdadera economía para la gente.

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