octubre 27, 2020

Mubarak, desafiante, acepta fin forzado por protestas

por: Ulises Canales / Prensa Latina/

El Cairo.- El presidente Hosni Mubarak aceptó públicamente su inminente final como estadista tras 30 años en el poder, y prometió facilitar una transición pacífica, aunque desafió a sus adversarios jurando que morirá en Egipto.

En su segunda alocución a la nación en menos de una semana, el mandatario se vio obligado a pronunciarse sobre lo que calificó de «prueba difícil» para este país, sumido en el caos desde el comienzo hace ocho días de multitudinarias protestas callejeras.

Con el rostro desencajado, el jefe de Estado declaró que «teniendo en cuenta las condiciones actuales, no tengo la intención de presentarme a un nuevo mandato», una decisión histórica considerada insuficiente por sus opositores.

Según el dirigente, «nunca he sido alguien que ha querido acaparar el poder», y se negó a «abandonar mi misión», alegando que «mi primera responsabilidad ahora es restaurar la seguridad en el país para que pueda llevarse a cabo una transición pacífica».

Mubarak dijo desear que quien resulte ganador en las elecciones presidenciales egipcias previstas para septiembre próximo «pueda llevar a cabo esa transición», pero defendió que hasta entonces terminará su mandato y defenderá su país.

Miles de personas que aún permanecen en la céntrica Plaza Tahrir de El Cairo gritaron: «Boukra, boukra» (mañana, mañana) y «Barra, barra» (fuera, fuera), para indicar al mandatario de que tenía que dejar el poder de inmediato y marcharse del país.

La intervención del presidente tuvo lugar tras una jornada de masivas protestas en la bautizada Marcha del Millón. Alrededor de dos millones de egipcios en distintas ciudades con el reclamo común que dimita del cargo de forma súbita e incondicional.

Con su discurso, Mubarak también desafío a quienes reclaman que se marche a Israel o Arabia Saudita, siguiendo los pasos de su hasta hace poco homólogo tunecino Zine el-Abridine Ben Ali, derrocado por una revuelta popular el 14 de enero pasado.

«Me siento orgulloso del tiempo que he pasado al frente de este país que es la patria de todos los egipcios. He combatido por este país, he defendido su territorio, su soberanía y voy a morir en esta tierra. Solo la historia podrá juzgarme para bien o para mal», recalcó.

Igualmente, provocó irritación entre sus detractores la aseveración de que las reivindicaciones «nobles de los jóvenes» fueron manipuladas por «organizaciones políticas que quieren acelerar los cambios y han utilizado a los ciudadanos sin tener en cuenta su seguridad».

Mubarak, de 82 años y 30 en el cargo, aseguró que ordenó al nuevo vicepresidente, Omar Suleiman, y al primer ministro Ahmed Shafiq, emprender con la mayor celeridad posible un programa de reformas para atender las legítimas demandas populares.

Añadió que también giró instrucciones para introducir modificaciones constitucionales y legislativas «para responder a esas reivindicaciones del pueblo, y así llevar la democracia y la seguridad a ese pueblo».

Lamentó, sin embargo, que hay fuerzas políticas de la oposición que «han rechazado negociar y dialogar con nosotros porque tienen su propia agenda y no toman en consideración la situación tan inestable y difícil por la que atraviesa Egipto».

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