octubre 20, 2020

Proceso sin política comunicacional

Al contrario de lo que afirman varios colegas comunicadores, en mi visión, el gobierno del Presidente Evo Morales carece de una política comunicacional, institucional y moderna, y por ese agujero negro se desperdicia la enorme popularidad del mandatario.

Emitir propaganda, incluso con agresividad como sucedió para justificar el cierre de medios de comunicación, pintar bardas y colocar banners, comprar periódicos o radios, por mucho que se multiplique, no se equipara al diseño de una estrategia en comunicación. Esas políticas fueron necesarias desde la multiplicación del mensaje con la imprenta, más con la radio, mucho más con la imagen en movimiento y son imprescindibles en la era de los multimedios; del espacio y tiempo reducidos a un “clik”.

Los primeros balbuceos, cuando Morales era candidato, estaban basados más en intuiciones coyunturales, que en visiones de largo alcance. Pese a la fuerza simbólica de Morales se agotaron pronto, justamente por eso. Vr gr., el impacto de una chompita a rayas no puede permanecer en el imaginario más que una ráfaga de tiempo.

Curiosamente, aunque el régimen muestra rasgos estalinistas en sus disputas políticas o por cualquier espacio de poder, en vez de aplicar la concepción leninista de prensa y propaganda (en sus principios todavía vigentes) opta por la concepción del desorden y la incoherencia.

Es un lugar común repetir que el estado boliviano tuvo dos momentos lúcidos de estrategias comunicacionales; el primero con la Revolución de 1952 y por ello no repetiré sus característica que abarcaron de forma inteligente a todos los formatos de comunicación masiva. El otro momento fue nuevamente durante un gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) cuando el Ministro Herman Antelo dividió en dos sus campañas: “El país se nos muere” —del 85 al 87—; y, “Estas son buenas noticias”-hasta el final de la gestión, con el reforzamiento de las cifras, la parquedad de las apariciones del Presidente Víctor Paz Estenssoro y las declaraciones de todos sus colaboradores reforzando el mismo mensaje.

A pesar de la importancia histórica del momento actual, el gobierno carece de una mirada estratégica. Seguramente no faltarán futuras tesis universitarias que analizarán el discurso presidencial, cómo aparece, dónde aparece, qué declara, por qué habla o cuándo guarda silencio y si todo ello obedeció o no a un plan comunicacional.

Por lo pronto podemos identificar esas carencias en el vocero, el periodista reportero Iván Canelas, por lo menos en la imagen que trasmite. En diversas circunstancias aparece asustado, no convencido con lo que afirma; en otras, como el autor de posiciones oficiales como la humillación al periodista de La Prensa o la censura a Monseñor Tito Solari. En estos difíciles meses repitió demasiadas veces frases como: “yo creo”, o “yo opino”, cuando al país no le interesa lo que él crea u opine sino qué dice el gobierno. No logra tener un conocimiento de los temas más complejos y por ello sus colegas lo silbaron más de una vez después de sus intervenciones. Pese a su lealtad, no defendió “comunicacionalmente” al Presidente Morales en momentos como el discurso sobre los pollos y los homosexuales o el famoso rodillazo en un partido de fútbol.

Aunque se conoció la presencia de comunicadores venezolanos, al parecer tampoco ese aporte fue exitoso. La comunicación institucional no sólo aprovecha la palabra, sino el silencio, los gestos, los símbolos, el lugar de las tomas al enfocar el rostro de un mandatario o jefe, el uso o no de los colores patrios, hasta el tono de la vestimenta. Todo comunica, sensibiliza, convence o, por el contrario, trae ruidos.

Es uno de los campos más difíciles, pero hay que trabajarlo. Sin comunicación exitosa, los esfuerzos de Evo Morales, de su gobierno, del proceso tan costoso, tampoco serán exitosos, por más empeño que se tenga.

*     Periodista e investigadora.

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