octubre 24, 2020

Cuba fue y es el modelo de resistencia contra el imperialismo. Injerencia de Estados Unidos en América Latina en el siglo XX

por: Carlos Rivero Collado *

A principios del Siglo XX, Panamá era un departamento de Colombia. Estados Unidos quería poseer un canal interoceánico que ya los franceses estaban construyendo en el Istmo. En 1903 ambos países firmaron el Tratado Hay-Herrán, pero el Senado colombiano se negó a ratificarlo debido a que el Imperio exigía que una franja de territorio a ambas orillas del canal fuera estadounidense. El Imperio le aseguró a quienes querían separar Panamá de Colombia que si se rebelaban la Marina de Guerra yanqui los apoyaría. La independencia fue proclamada el 3 de noviembre del 1903, con el acorazado USS Nashville protegiendo a los “rebeldes” para que Colombia no pudiera recuperar su territorio —no había comunicación por tierra debido a los pantanos del Darién— y, un año después, los panameños le entregaron todos los derechos del canal al Imperio, como se había previsto en el Tratado Hay-Buneau-Varilla que se había firmado dos semanas después de la “independencia”. La sumisión de los gobernantes de Panamá al Imperio resultaría fatal para el pueblo panameño.

Cuba, antes de la Revolución es otro ejemplo histórico de la injerencia estadounidense. Después de su independencia limitada en mayo de 1902, Cuba quedó bajo la tutela de Estados Unidos. Ante la amenaza del terror —el país estaba ocupado por las tropas yanquis— se le añadió a la Constitución de 1901 una enmienda que le daba derechos al Imperio a invadir al país cuando lo estimara conveniente —Enmienda Platt—. En 1906, Estrada Palma, un presidente impopular que había sido impuesto por los yanquis, se vio amenazado por graves protestas sociales y le pidió al Imperio que invadiera a su propia patria, traicionando la causa de la independencia. El país estuvo ocupado hasta 1909. El gobernador Charles Magoon instauró una administración corrupta y este ejemplo sería imitado hasta enero de 1959.

La Revolución Mexicana no quedó fuera de la intervención de los Estados Unidos. El 20 de noviembre de 1910 comenzó la Revolución y unos meses después el dictador Porfirio Díaz se fugo del país. El presidente Francisco I. Madero, jefe de la Revolución, no supo atender las demandas populares que pedían la reforma agraria y la justa distribución de la riqueza en un país en que existían grandes diferencias sociales desde la época de la colonia, y pronto se le enfrentaron fuerzas muy poderosas desde todo el ancho espectro político, desde los revolucionarios integrales de Emiliano Zapata, hasta los que querían el regreso al porfirismo ultra-capitalista, pasando por los reformistas o moderados que querían una lenta evolución hacia la justicia social que jamás se alcanza porque siempre es demasiado lenta. Detrás de todo aquel extenso panorama político estaba, en acecho, el Imperio. En una reunión social de mediados de febrero de 1913, el embajador yanqui Henry Lane Wilson se pasó un poco de copas, como es natural, y llegó a presentar al general Victoriano Huerta, jefe de las fuerzas armadas, como “el próximo presidente de México”. Efectivamente, el 18 de febrero Huerta derrocó al presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez, quienes fueron internados en la prisión de Lecumberri. Cuatro días después, a instancias también del embajador yanqui, Madero y Pino Suárez fueron asesinados por agentes de Huerta. Este hecho provocó que la Revolución Mexicana cayera en una gran anarquía en la que morirían cientos de miles de ciudadanos.

Con la llegada de Franklyn Delano Roosevelt a la Casa Blanca se inauguró una nueva etapa en las relaciones del Imperio con América Latina a la que se llamó Política del Buen Vecino —Good Neighbor Policy—. La única diferencia en tales relaciones fue que de 1933 a fines de la II Guerra Mundial no hubo invasiones militares del Imperio a nuestros países de América, aunque se mantuvieron algunas agresiones políticas. Por ejemplo, al ser derrocado en Cuba el dictador Gerardo Machado, el embajador yanqui impuso a un nuevo presidente que había nacido en Nueva York y estaba sometido al Imperio. Este fue derrocado un mes después en una asonada castrense-popular. Sin invasiones directas, prosiguió la penetración política y, sobre todo, económica. Los monopolios transnacionales dominaron las producciones económicas más importantes de varios países, como la minera en Chile, Bolivia y otros países, y las del azúcar, tabaco y frutas en América Central y El Caribe. Lo único que hizo FD Roosevelt fue sustituir la fuerza de las armas por la fuerza más brutal y duradera del dinero.

Harry Truman, el genocida de Hiroshima y Nagasaki, inauguró una política en extremo agresiva para —según los voceros del Imperio— “detener el avance del comunismo”. El objetivo real era evitar el triunfo de los movimientos populares y anticoloniales que habían surgido en varios continentes a raíz de la gran guerra. Este fanatismo anticomunista hizo que el Imperio apoyara a los gobernantes más corruptos y represivos de la historia. En 1947 se fundó la CIA y, unos años después, la Escuela de las Américas —School of the Americas—, meca de la tortura a nivel mundial, en la que se entrenaron los militares que unos años después integrarían la infames juntas que dominaron varios países del continente y que tanta sangre le costó a nuestros pueblos.

La Revolución Cubana

El triunfo revolucionario en Cuba, el primero de enero de 1959, y su gran influencia en los pueblos de América, incluyendo el estadounidense, —apoyo que aún se mantiene, 52 años después—, fue una gran sorpresa para el Imperio, acostumbrado a tratar con sirvientes y cómplices a lo largo y ancho de los dos hemisferios. Se alzaba, a noventa millas de Estados Unidos, un baluarte cuya fuerza se ha mantenido, a pesar de la gran hostilidad que se manifestó en todos los campos: militar, político y económico. Demasiado cobarde para invadir Cuba y dejar tendidos sobre la tierra cubana a decenas de miles de sus soldados, y después de muchas agresiones como Playa Girón, los intentos de magnicidio, el terrorismo, la Crisis de los Misiles y la infame guerra bacteriológica, el Imperio prefirió proseguir el bloqueo económico que ya había iniciado en 1960, el más largo y cruel en la historia de la humanidad. Después del largo fracaso imperial, la Revolución se mantiene, con sus naturales reformas tan necesarias para que pueda afrontar las demandas ineludibles de un mundo regido por el capitalismo y sufriendo la actual crisis económica.

La resistencias en América

Las agresiones del Imperio a nuestros pueblos no se han detenido desde que, en 1794, Washington ordenara la invasión a Santo Domingo “para perseguir a unos piratas”. He escogido sólo unas cuantas, pero pudiera mencionar también, a la mayor brevedad, la agresión a Guatemala con el derrocamiento de Jacobo Árbenz en 1954, la invasión a Santo Domingo en 1965, el Golpe de la Cocaína en Bolivia, en 1980, que instauró el régimen mafioso del general García Mesa y el coronel Arce Gómez; el apoyo al Imperio Británico en su guerra contra el pueblo argentino por la posesión de las Islas Malvinas en 1982, con lo que el Imperio violó abiertamente la Doctrina Monroe; la invasión a Panamá en diciembre de 1989 en la que asesinó a miles de civiles inocentes; su complicidad directa en el golpe de Estado al presidente Chávez en el 2002; e infinidad de otras agresiones que harían interminable esta relación.

El presidente Chávez y su doctrina del Socialismo del Siglo XXI, complemento de los procesos de los presidentes Evo Morales de Bolivia, Daniel Ortega de Nicaragua, Rafael Correa de Ecuador y otros, representa un formidable desafío al Imperio, similar al que ha significado la Revolución Cubana por más de medio siglo. La lucha continúa. La fuerza de los pueblos de América aumenta mientras el Imperio se debilita después de haber perpetrados cientos de guerras desde su creación en 1783. Como la de todos los imperios, su desaparición es ineludible.

 

*     La Habana, 1939. Estudió Ciencias Políticas en Columbia University, New York, y fue profesor de historia. Su padre era el posible sustituto del dictador cubano Batista. Se enfrentó contra la Revolución cubana como combatiente en Playa Girón, en abril del 61. Mas tarde se unió a la Revolución y regresó a Cuba. Actualmente reside en Miami. En 1976, publicó la obra “Los Sobrinos del Tío Sam”. Autor de las novelas socialistas “Chapultepec” y “Danilo” y tiene en preparación la obra histórica “Imperio del Terror” y la novela antibélica “Akira Okura”.

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