octubre 23, 2020

No a la intervención, no al falso derecho de injerencia

por: Danielle Bleitrach/Rebelión

Los pueblos árabes se están sacudiendo las dictaduras, en efecto, pero las potencias occidentales no tienen ninguna buena lección que impartir a esos pueblos.

No siento una particular simpatía por Gadafi. Es un fantoche. Las noticias que llegan de Libia informan de muchos muertos. Hasta el punto de que los «virtuosos» de la Liga Árabe han prohibido a cualquier representante libio sentarse entre ellos… El embajador libio (en Estados Unidos) describe escenas horrorosas… Se puede pensar cualquier cosa de ese excéntrico personaje, pero miremos las cosas de frente, lo que no soportan los occidentales son sus deseos de independencia.

La realidad es que los occidentales están dispuestos a olvidar su apoyo al terrorismo si Gadafi les entrega las riquezas de su subsuelo. Es de ahí, y sólo de ahí, de donde debemos partir. La conmoción que están viviendo los pueblos no es más que un señuelo por medio del cual Occidente prepara una intervención para defender los intereses de sus capitalistas. Es triste, ¡ojalá fuese de otra manera!, pero no debemos perder de vista la realidad.

En el cataclismo que sacude los países árabes cada cual juega sus cartas, y los medios de comunicación occidentales no se quedan atrás defendiendo su campo. Esos medios sólo son la voz de su amo. Todos trabajan por una recomposición del mundo árabe que convenga a sus intereses.

Controlar las riquezas del subsuelo libio no está fuera de sus esperanzas. Las noticias que circulan sobre las relaciones privilegiadas que existirían entre Gadafi y Chávez, incluso con Fidel, son falsas. Aunque entiendo que la política antiimperialista de Chávez acaso podría considerar que los enemigos de nuestros enemigos son nuestros amigos. Sin embargo en este caso son las políticas de Estados Unidos y las potencias occidentales las que han creado relaciones poco virtuosas. La defensa de las soberanías nacionales frente a los saqueadores da lugar a las alianzas más inverosímiles.

No sólo Gadafi no está en Venezuela, sino que además el sistema libio de tribus y las luchas entre ellas no tienen nada que ver con Egipto o Túnez, y todavía menos con Venezuela. Lógicamente eso impone que Gadafi permanezca con los suyos e incluya hasta lo que calificaríamos de guerra civil. Y cuando veo a los medios de comunicación occidentales difundir noticias falsas, me pregunto qué es exactamente lo que buscan.

Esto rompe con las expectativas que los mismos medios mantienen frente a Túnez y Egipto; sólo faltan Kouchner y su derecho de injerencia, no tardaremos en oír a Bernard Henri Lévy llorar por los pobres libios. Lo que nos corresponde a nosotros, los franceses, es oponernos a cualquier intento del gobierno de participar en una intervención. Y tengo la impresión de que muchas cosas van en ese sentido, incluida la descripción de las «hordas de emigrantes» que amenazan el suelo francés pasando por Italia (la Italia que hace fructíferos negocios con Libia en los que Berlusconi tiene mucho interés).

MichèleAlliot-Marie ya nos explicó que fue en nombre del pueblo tunecino que sufría por lo que ofreció [al gobierno de Ben Alí, N. de T.] el «savoir-faire» de la policía francesa… Está claro que lo hizo movida por la «compasión»…

Si preparan una intervención hay que oponerse siendo muy conscientes; las experiencias afgana e iraquí demuestran que los pueblos no tienen nada que ganar con la entrada de la OTAN en la guerra, cuyos únicos intereses son los de las empresas petroleras.

Lo mismo que el anuncio de Israel sobre los dos barcos iraníes [que cruzaron el Canal de Suez el día 22, N. de T.]. Irán pretende implantarse en Barein e intenta aflojar el bloqueo establecido desde hace tiempo por Estados Unidos e Israel en el Golfo Pérsico. Barein agotó su petróleo y continúa siendo una base estadounidense. Hay que recordar que hace poco Hillary Clinton, en Barein, alabó los progresos de este país en materia de derechos humanos. Hoy el New York Times lo cuestiona, a la vista de la sangrienta represión… Nosotros también.

La excitación de los medios de comunicación occidentales por la noticia del paso de dichos barcos por el Canal de Suez sólo se debe a que estamos acostumbrados a ver a las armadas occidentales que van a provocar al Golfo Pérsico, donde en realidad no tienen nada que hacer, y se arriesgan a una explosión bélica en cualquier momento. Sin embargo es normal en el plano internacional que Irán, un país que forma parte de la ONU y está reconocido internacionalmente, pueda hacer que dos de sus barcos crucen el Canal de Suez. Por lo tanto Irán ejerce un derecho y, al contrario que la armada desplegada en el Estrecho de Ormuz, no amenaza a nadie aunque Lieberman, gritando como él sabe hacerlo, intente jugar una vez más al regador regado para hacer que se olviden los escándalos de corrupción en los que está implicado.

Todo el mundo sabe que Irán es una dictadura, y me gustaría que el pueblo iraní se liberase ÉL MISMO de sus mulás y sus torturadores. Pero la amenaza occidental es un factor peor que la represión para sujetar a los pueblos. Por añadidura es obvio que, también ahora, Occidente, Estados Unidos e Israel actúan para aumentar su control en esa región. Así pues debemos mantenernos en una línea de no intervención y no ceder ante aquéllos que quieren que intervengamos en nombre de pueblos que en realidad no les importan en absoluto. Lo que ocurre en Irak y Afganistán, las desgracias que las intervenciones acarrean a los pueblos de cualquier lado, deben mostrarnos que nos quieren llevar a combatir, una vez más, en nombre de los intereses petroleros de las grandes empresas.

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