octubre 23, 2020

Auges económicos sin transformaciones estructurales. Fracaso de un potencial proceso de transformación

Estos tiempos de incertidumbre, de revueltas sociales en países del sur por: fuentes de trabajo, alimentación, participación política, medio ambiente más sano, menos consumismo, menos armamentismo, etc, son los escenarios que hay que disernir. Tiempos de crisis generalizada (energética, ambiental, financiera, económica, moral, alimentaria) y de gran preocupación por encontrar distintas alternativas al sistema vigente; la cruda realidad nos demuestra que nos encontramos atrapados por un sistema (capitalismo) inhumano que se resiste a ceder el paso a otro de mayor calidad y calidez.

Los países de América Latina están atrapados en una paradoja que es complejo de entender si no logramosplena aprehensión del rol que en este momento estamos cumpliendo en la actual división internacional del trabajo. La paradoja es que en años de auge económico no podemos resolver los problemas de pobreza, desempleo, inflación, etc. Problemas estructurales con los que existimos desde que asumimos, obligados por la incapacidad de las clases dominantes, el rol de ser periferia del capitalismo mundializado.

En los últimos siete años, la región está pasando por un momento de abundancia extravagante desde el punto de vista macroeconómico, aspecto que se atribuye a los altos precios de las materias primas que exportamos y las favorables condiciones de financiamiento externo. Los capitales externos que ahora desconfían de las economías desarrolladas que no afirman su recuperación, ven como una veta segura para sus ganancias a las economías de América Latina,situación que induce al crecimiento del consumo y las inversiones, las mismas que en condiciones de estructuras de poder social y político que se resisten al cambio, mantienen las viejas formas de apropiarse de los excedentes que nos permite la abundancia de los recursos mencionada.

Esta situación económicamente favorable junto a una estructura de poder,obsoleta y contraproducente, hacen más compleja los retos de la gestión económica, política y social. De no darse cambios importantes en las estructuras de poder, esta época de “prosperidad y auge económicos” inevitablemente terminará en una crisis social y política. Por lo tanto, la actual “bonanza” no es motivo de estar satisfechos y encandilados por los indicadores macroeconómicos, los mismos que hacen el papel de naipes para ilusionismos baratos.

Es importante tomar en cuenta que los precios altos de las materias primas, muchas en record históricos, se debe en unos casos a la escases de estos en el corto plazo, es el caso de algunos productos agrícolas; en otros, como los precios de minerales y los recursos energéticos, se debe al crecimiento de economías emergentes en la región asiática. La demanda expansiva por materias primas por parte de estas economías emergentes ha superado las posibilidades de la oferta y de su capacidad instalada. Situación quehace difícil la gestión de la política económica en general para todos los países de Latinoamérica.

Los pronósticos económicos para la región alertan que estas economías tendrán que soportar amenazas inflacionarias de carácter estructural. “La inflación subyacente (que excluye los precios más volátiles de los alimentos y la energía) también es mayor, señaló el directivo del FMI, quien indicó que el “calentamiento” de las economías de la zona se está convirtiendo “claramente” en un problema. (III Forum économique International Amérique Latine et Caraïbes John Lipsky, Primer Subdirector Gerente del FMI París, 24 de enero de 2011).

El crecimiento del PIB no es sinónimo de buenas gestiones de gobierno. Al respecto, el premio nobel de economía J. Stiglitz advierte que el caso de Túnez es un ejemplo claro de la afirmación anterior, cuando plantea que:

“… Al fin y al cabo, el PIB creció 5%, aproximadamente, en Túnez a lo largo de los 20 últimos años y se citaba con frecuencia a ese país, porque podía alardear de una de las economías con mejores resultados, en particular dentro de esa región.

Tampoco es suficiente seguir los dictados de los mercados financieros internacionales: así se pueden conseguir buenas calificaciones de los bonos y agradar a los inversores internacionales, pero eso no significa que se esté aumentando el número de puestos de trabajo creados o el nivel de vida para la mayoría de los ciudadanos”,(El Espectador, 13.2.11 por Joseph Stiglitz profesor en la Universidad de Columbia y Premio Nobel de Economía en 2001).

¿Qué lección debemos sacar de estos acontecimientos sucedidos en Túnez y los que están aconteciendo en varios países de Oriente Medio? ¿En qué debemos utilizar los recursos que nos proporciona este boom de precios de las materias primas? ¿Cuál es la ruta necesaria e imprescindible que debemos seguir a la brevedad posible? Todos los países de la región deben hacer muchos esfuerzos por crear puestos de trabajo para los que se incorporan al “mercado laboral”. Puesto que, un elevado desempleo se puede convertir en una explosión social, que sin conducción acertada, lograría el retorno de aquellos grupos de conocida trayectoria corrupta y entreguista al capital transnacional.

Se calcula, por ejemplo, que en Bolivia cada año se suman a la fuerza laboral alrededor de 90.000 personas que tienen muchas dificultades en conseguir puestos de trabajo con remuneraciones justas para comenzar una vida digna, de acuerdo al pregonado proceso de cambio cuya imagen-objetivo es el “vivir bien”.

El capitalismo y sus intelectuales entienden perfectamente que las revueltas y estallidos sociales en el mundo árabe y musulmán son en contra del orden económico, social y político que se impuso a estos países utilizando regímenes tiránicos y dictatoriales que garantizaron el saqueo de los recursos naturales (hidrocarburos) durante muchas décadas. Consecuentemente, en estas últimas semanas, las revueltas que sucedenTúnez, Egipto, Argelia, Jordania, son inevitables.

Por otra parte, al capitalismo imperialista no le interesa una Sudamérica unida e integrada, por cuanto esa posibilidad iríaen contra de los intereses que tiene en la región el capital transnacional. Es esta la razón para que el gobierno de los EE.UU haya maniobrado en los últimos años en contra de los proyectos como el ALBA, el Sucre y el UNASUR, por ello critica a los gobiernos (Bolivia, Venezuela, Cuba y Ecuador) que están impulsando una integración regional progresista, que no se limita a integraciones comerciales y/o económicas, sino que son propuestas de un entramado multidimensional para sentar las bases de una mayor y profunda integración política y social. El imperio ataca con fuerza estas posibilidades de integración progresista en las que no se cuenta con el concurso ni la participación de los Estados Unidos ni el Canadá.

Asimismo es de advertir que en los gobiernos progresistas de América Latina debe ser por siempre desterrada las prácticas de la corrupción y la formación de grupos de poder que se aprovechen de las condiciones de funcionarios públicos. El economista Stigitz advierte tal extremo en los siguientes términos:

“Si, en un mundo con escasez de puestos de trabajo, quienes tienen conexiones políticas los consiguen y si, en un mundo de riqueza limitada, los funcionarios gubernamentales acumulan masas de dinero, el sistema inspirará indignación ante semejantes iniquidades y contra los perpetradores de esos _delitos”. (J. Stiglitz, idem).

*     Docente Investigador Titular del IIE-UMSA

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