octubre 30, 2020

Las armas de los republicanos: La mentira, el egoísmo y el miedo

La batalla de los trabajadores de EE.UU. contra la avaricia del capital parece estar perdiéndose. A pesar de las masivas movilizaciones sindicales contra una medida que les despoja de su derecho a luchar juntas por mejores condiciones de vida, el Senado de Wisconsin aprobó hace poco la propuesta del gobernador Walker, que hará aún más difícil la solidaridad entre los explotados. ¿Cómo un reducido puñado de ricos logró imponerse sobre más de 50 mil personas en las calles? Cambiaron el campo de batalla donde si eran mayoría: el Senado, y mantuvieron la vieja consigna burguesa: divide y vencerás.

El pasado 14 de febrero el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, presentó ante los legisladores de su estado una propuesta para superar un déficit fiscal sobre el cual venía alertando entusiastamente hace poco y por el cual culpaba a los beneficios sociales de los trabajadores de Wisconsin, que, según él, le costaban demasiado al estado.

Su propuesta consistía en no subir los impuestos sino en recortar los beneficios sociales de los trabajadores públicos, duplicar su contribución a los sistemas de salud y educación, limitar todo contrato laboral a solo un año y prohibir que puedan negociar colectivamente con sus empleadores por cualquier cosa que no sea sus salarios y, además, estos no podrán ser por encima del nivel de inflación.

La reacción de los trabajadores no se hizo esperar y en solo unas horas cerca de 25 mil personas tomaron el Capitolio —lugar donde se debatiría la ley y que cuenta con una mayoría republicana que apoya a Walker— y se abrió una jornada de protestas por evitar que se apruebe la ley que se extendió cerca de un mes.

La mentira

Estaba claro que el ataque de Walker a la organización sindical de los trabajadores tendría consecuencias. Después de todo, muchos senadores demócratas como Russ Feingold y periodistas como Rachel Maddow se preguntaban: “¿Y que tiene que ver el déficit fiscal con quitarle el derecho de negociar juntos sus derechos a los trabajadores de Wisconsin?

De lo que en realidad se trataba era de facilitar que las corporaciones estadounidenses y multinacionales pudieran ejercer mayor explotación sobre trabajadores impedidos legalmente de organizarse para defender derechos suyos, como salud, pensiones o mejores salarios.

De hecho, existen aún muchas dudas sobre si en realidad había tal déficit presupuestario en las cuentas de este estado. John Nichols, corresponsal de la revista The Nation, denunció en una editorial titulada “Walker arregla la crisis para recompensar a los ricos”, que el déficit en el cual se apoya Walker para proponer su ley no estaba en las cuentas y registros del Estado cuando entró a la oficina y que aunque esto fuera cierto sería por los más de 140 millones de dólares que Walker gastó en apenas dos meses recortando impuestos para empresas y millonarios que financiaron su campaña electoral como los hermanos Koch, McDonals y WallMart.

Pos su parte, la periodista y editora del programa “Democracy Now”, Amy Goodman, señaló que los déficits presupuestarios de algunos estados de EE.UU. —entre los cuales Wisconsin es el de menor gravedad— se deben a los 104 mil millones de dólares que gasta su país en Irak cada año, sin contar las otras guerras en Afganistán o lo que cuesta tener tropas militares en casi cada rincón del globo.

El miedo

Sea comos sea, la batalla estaba declarada y ambos bandos —los trabajadores y los republicanos aliados a las corporaciones multimillonarias— recurrieron a sus respectivas armas. Los trabajadores apelaron a la solidaridad de sus colegas y del pueblo de Wisconsin, los republicanos y la derecha al miedo y el egoísmo entre los propios trabajadores.

Apenas iniciadas las protestas frente y dentro del Capitolio, Walker amenazó con movilizar a la Guardia Nacional para dispersar a los trabajadores… y cumplió.

Esta fuerza represiva rodeó a miles de protestantes durante unas horas, pero luego fue rodeada a su vez por otros miles de trabajadores que venían de otros estados de la Unión y estudiantes que venían a apoyar a sus maestros que defendían su derecho a la educación, pues la medida de Walker también incluía aumentar el costo de las matriculas escolares.

Después, ante la ausencia de 14 senadores demócratas que salieron de Wisconsin para evitar que haya suficiente quórum en el Senado para aprobar la ley contra los sindicatos, el gobernador Walker tomó como rehenes a 1.500 trabajadores públicos de su estado y amenazó con despedirlos en caso de que los demócratas no volvieran a sus asientos dentro del Capitolio.

Con un tono de voz algo severo, el portavoz de Walker, Cullen Werwie, advirtió que, “si no hay acción en el Senado en los próximos 15 días, los empleados individuales pueden empezar a recibir notificaciones de despido”. Y, como el anterior caso, también cumplió. Las notificaciones de despido comenzarán a ser recibidas desde el 1 de abril de este año.

El egoísmo

Pero la mejor arma en el arsenal de los republicanos fue el egoísmo y la envidia entre trabajadores del sector público y privado para evitar cualquier acción de solidaridad entre explotados. Así, Walker señaló las “pensiones obesas” de los trabajadores públicos de Wisconsin como la causa del déficit fiscal y elogió al espíritu sacrificado de los trabajadores privados que no protestan nunca (porque no tienen derecho a formar sindicatos).

Su medida también trataba de separar filas dentro del propio sector público al exonerar a policías y bomberos de las draconianas imposiciones de su ley. No obstante, policías y bomberos se unieron de todas formas a la protesta e incluso fueron vistos sirviendo café y desayunos a los trabajadores que sitiaban el Capitolio.

Aún así, medios como Fox News y periodistas como Helen Aguirre Ferré, del periódico Las Américas, de Miami, sostenían en sus secciones de opinión que, “unos dirán que el gobernador Walker está tratando de desbaratar a los sindicatos otros dicen que los está reformando. Lo cierto es que los sindicatos tienen que entender que ya no pueden vivir del cuento de que por ganar menos pueden recibir jugosas pensiones y beneficios”.

Jeffrey Sommers, Codirector del Baltic Research Group en el ISLET, indica en su artículo “Guerra de clases en Wisconsin”, que los republicanos han llevado a cabo una exitosa política de “divide y vencerás” entre trabajadores públicos y privados luego de destruir los sindicatos de los últimos hasta reducirlos a horarios de explotación de estilo japonés. “Hábilmente ejecutada, la táctica ha llevado a los trabajadores del sector privado sin beneficios a culpar a todo aquel que sí tiene beneficios como la causa de su privación”, sostiene.

La derrota de la batalla y el preludio de una guerra

La estrategia de los senadores demócratas de ausentarse para evitar la aprobación de la ley fue superada por los republicanos, quienes aprovecharon un “vacío legal” en los reglamentos del Senado que les permitió debatir artículo por artículo de la propuesta de Walker sin la necesidad de que haya el quórum completo, que necesariamente debía tener presencia de los demócratas.

El boicot no funcionó, y esto permitió a los republicanos trasladar el campo de batalla de las calles al Senado, donde sí eran mayoría. Acá en Bolivia, por otra parte, los sindicatos y otras fuerzas sociales aún pelean sus derechos en las calles, donde las mayorías son reales y no virtuales, como las de los parlamentos.

Ahora proyectos de ley similares se proponen en varios estados controlados por los republicanos y aunque la batalla parece haberse perdido en Wisconsin, parece iniciarse una guerra en Ohio Idaho y otros lugares de la Unión.

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