octubre 28, 2020

Miedo y confusión, pero la energía nuclear sigue siendo una opción

En Japón todo es confuso, tal como podía esperarse despuésde que este país sufriera el peor terremoto en toda su historia. Mientras su gobierno trata de mantener la calma negando que el nivel de radioactividad emanado por los reactores nucleares averiados desde la catástrofe sea perjudicial para la salud, los expertos europeos consideran que es adecuado referirse a la situación como “apocalíptica” y “fuera de control”. A pesar de todo, los principales países consumidores de energía nuclear han decidido seguir apostando al átomo, que ha demostrado ser inestable e impredecible más de una vez desde que se lo comenzó a utilizar.

El pasado viernes 11 tuvo lugar el mayor terremoto de la historia de Japón, valorado en un nivel 9.0 en la escala de Richter, que arrasó con una de las ciudades de la región de T_hoku e hizo sentir sus efectos en todo el país. Seguido luego por un tsunami que elevó el nivel del mar 10 metros. Hasta el momento las muertes se han contabilizado en más de 6 mil 500 y los desaparecidos son más de 10 mil, además de haber dejado un paisaje desolador repleto de escombros donde incluso buques de pesca de varias toneladas fueron arrastrados hasta el aeropuerto, muy lejos de la costa.

Unas horas después del desastre las agencias de noticias niponas informaban de una explosión en uno de los reactores de la planta nuclear de Fukushima I. Los sistemas de refrigeración se habían dañado, sobrecalentando el material radioactivo y provocando un incendio en uno de los seis reactores de la instalación. Luego los problemas se extenderían a cuatro de los seis reactores por el aumento de las temperaturas, incendios y explosiones. El gobierno continúa tratando de enfriarlos arrojando sobre ellos cientos de galones de agua de mar desde helicópteros. Además, allí aún hay 180 técnicos que tratan de controlar la situación en una misión que muchos califican de suicida y que les ha ganado el apodo de “los samuráis de Fukushima”.

La confusión

Las informaciones transmitidas desde que comenzó la crisis de los reactores parecen indicar que un desastre de contaminación radioactiva no esta fuera de lo posible. En caso de que una fusión de los materiales dentro de la planta de Fukushima I sucediera, se liberaría una nube radiactiva que contaminaría una amplia extensión del territorio japonés, dejándolo inhabitable para los seres humanos por un largo periodo de tiempo. Sin embargo, muchas autoridades en el asunto difieren en sus opiniones y evaluaciones hasta contradecirse algunas veces.

Comenzando por el nivel de alerta nuclear, cuya escala de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) conoce 7 categorías. Durante los primeros días el gobierno japonés calificó el nivel de alerta en 4 (que corresponde a un “accidente con consecuencias de alcance local”) mientras su contraparte europea, la Autoridad Francesa de Seguridad Nuclear (ASN), diagnosticó un nivel 6 (que de acuerdo a la escala corresponde a “accidente importante”).

Este último viernes el gobierno japonés subió el nivel de alerta hasta el grado 5 (“accidente con consecuencias de mayor alcance”) ante la persistente situación, pero la evaluación hecha unos días antes por el comisario europeo de Energía de la Unión Europea (UE), Günther Oettinger, fue un poco más escandalosa. “Estamos hablando de Apocalipsis, y creo que la palabra está bien elegida”, sentenció taxativamente.

Sea como sea, otras discrepancias confundieron a la población japonesa de la región afectada. Aunque el gobierno decretó al principio una evacuación de todos los habitantes en 10 Km. alrededor de la planta de Fukushima que luego se amplió a 20, desde Washington se aconsejaba a los súbditos estadounidenses en la zona a alejarse más de 80 Km. de la misma planta nuclear. Las autoridades japonesas reconocían que la radiación había excedido el perímetro de la evacuación, pero consideraban que el nivel de la misma no era suficiente como para ser dañino para la salud humana, posición mantenida hasta el último viernes (sábado en aquel lado del mundo).

La apuesta continúa a pesar del miedo

El martes 15, después de que la emergencia nuclear en Japón amenazará con revivir los días de Chernobil, la canciller alemana Angela Merkel decidió retroceder en su plan de prorrogar la vida de las plantas nucleares de su país ante la evidencia de que estas “no eran tan seguras como pensaba” y anunció el cierre temporal de 7 de las 17 que actualmente operan en Alemania.

Seguidamente, la UE, a través del comisionado Oettinger, informó a la prensa que los 27 países que conforman esta organización decidieron someter a pruebas contra terremotos, tsunamis y ataques terroristas a las 143 plantas nucleares que hay dentro de sus territorios, de las cuales 58 están en Francia, de donde también viene la transnacional Areva, dueña del 7% del negocio de energía nuclear en Japón.

Pos su parte, también China y Rusia anunciaron que pondrán a prueba sus reactores nucleares y la primera decidió suspenderlas por unos meses, pero advirtieron que esta revisión de este sector de sus industrias continuará en los planes económicos de sus Estados por los próximos años.

Francia, EE.UU. y Gran Bretaña también han reiterado el último miércoles, cada uno a su manera, que continuarán desarrollando energía nuclear. “La excelencia técnica, el rigor, la independencia y transparencia de nuestro dispositivo de seguridad son reconocidos en todo el mundo”, sostuvo el presidente francés Nicolás Sarkozy.

“La energía nuclear debería formar parte de la mezcla energética en el futuro ya, como ya forma parte de él ahora”, consideró el primer ministro británico, David Cameron.

Finalmente, el secretario de Energía de EE.UU., Steven Chu., también anunció que su país continuaría invirtiendo en esta clase de energía durante los próximos años.

El lobby nuclear

A pesar de los riesgos probados, el uso de la energía nuclear se ve incentivado por el trabajo de campaña de cientos de publicistas y cabilderos de empresas e institutos ligados a esta industria, que mueve mucho dinero y financia campañas políticas. En un artículo del Washington Post publicado el pasado miércoles, el periodista Dan Eggen señala que desde el incidente de Japón las oficinas de relaciones públicas de las empresas de energía nuclear se han puesto en contacto con varios senadores demócratas y republicanos para convencerlos de que invertir en el átomo no es tan peligroso como parece.

“A largo plazo podemos aprender lecciones sobre lo que pasó en Japón, importaremos esas lecciones (…) si es necesario hacer cambios, haremos esos cambios. Lo más importante es que consigamos tanta información como podamos”. Son las palabras de Alex Flint, un cabildero de un instituto de energía nuclear que hasta este martes ya habló con más de 50 miembros del Congreso para convencerlos de seguir apostando por la energía nuclear.

En su artículo, Eggen indica que en 2008 los publicistas del Instituto de Energía Nuclear (IEN), gastó más de 6 millones de dólares en cabildeos con miembros del Congreso de EE.UU. y en el ciclo de 2010 gastó más de 470 mil dólares. Parte del IEN es Exelon, una compañía estadounidense dueña de 17 plantas nucleares en ese país y que gastó más de 5 millones de dólares también en cabildeos, además de financiar la campaña de los demócratas en 2010.

“Aunque concentrada en los EE.UU., este instituto (el IEN) también tiene miembros extranjeros, incluyendo a la Tokyo Electric Power Co., la firma dueña de la planta de Fukushima”, señala Eggen.

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