octubre 28, 2020

Hegemonía

Hegemonía, término que deriva del griego eghesthai (eghemoneno) y que significaba conducir, guiar, estar al frente, comandar. El verbo griego nos da la imagen de un líder que logra que otros se posicionen detrás de él, se subjetivicen (se subordinen, pero que a la vez se produzcan como subordinados, se sientan y actúen como tales) hacia una relación de dominación; se unan estratégicamente con él (con el líder), desarrollen intereses prospectivos juntos. No es casual, por ello, que el término hegemonía tenga un pasado militar relacionado con las estrategias de guerra.

Hay un chiste que ejemplifica un dominio hegemónico puro: mil personas son guiadas por un líder, de pronto el líder se pierde entre la masa de gentes, entonces la multitud desesperada empieza a buscarlo, hasta que alguien pregunta muy angustiado: “¿dónde está nuestro líder?, sin él ¿qué haremos mil personas solas?”. Un líder, un gobierno, puede en todo caso convertir a miles de personas en un solo cuerpo, o puede abrir la confusión de la de-sujeción política y la soledad que es la ruina de la potencia (divide e impera era un adagio del gobierno déspota). El líder funciona en este caso como un punto de almohadillado, es decir como un punto nodal que une distintos cabos, y que al hacerlo permite el fluir de los significados y de las acciones. Un líder, en consecuencia es el vértice de la dinámica política.

La hegemonía entonces es una cualidad de un buen gobierno (y un buen gobernante), en tanto éste no sólo debe ser representativo de la sociedad plural, sino debe tener a la vez capacidad de mando, voluntad de poder, intuición política. Los gobiernos democráticos, en consecuencia deben caracterizarse tanto por el sustrato de representatividad, pero ante todo por la capacidad de gobierno, de despliegue de su hegemonía. Por ello en una elección democrática se elige tanto a representantes (siendo el espacio de representación proporcional el Órgano Legislativo) como a gobernantes (siendo el espacio de gobierno el Órgano Ejecutivo). El gobierno supone un complejo tejido de administración pública (no sólo el Presidente y sus Ministros, sino todo el aparato burocrático) que posibilita en su acción y ejecución la política pública.

Sin embargo no debe confundirse hegemonía con dominación, o sólo con dominación, pues si bien la hegemonía supone el despliegue de lógicas de dominación ésta no es sólo dominación. En la práctica hegemónica no se trata de fusionar a miles en un sólo cuerpo (esto vale para el chiste o para una hegemonía totalitaria), sino se debe lograr que los distintos sujetos, y las distintas posiciones de sujeto se lleguen a alinear, sin alienarse, porque una de las condiciones de la política radica justamente en la posibilidad del juego de posiciones, del juego político de las demandas y del juego político de las estrategias, imposible si hay una alineación plena, violenta. Sin el juego político no es posible la emancipación frente al orden policial del poder, sin el juego político no es posible la reivindicación y la lucha por la vida. Esta característica de mantener la identificación de posiciones es fundamental tanto para el juego democrático como para la existencia de la política, cada posición de sujeto es fundamental para visibilizar lo público, incluso es parte de la noción de punto de almohadillado referida anteriormente. Entonces no se trata de sumar, sino de multiplicar fuerzas, potencias, hacia una pluralidad de fines que se reconstruyen, al igual que se reconstruye lo público en el juego estratégico de la hegemonía.

Entonces, la hegemonía es una praxis continua, dicho de otro modo, se construye hegemonía, ésta no está dada, sino que se asume, se prorroga y se ejerce en el espacio político, se dialoga, se persuade, con aquellos dispuestos al juego político, y se despliega la dominación con aquellos que no, que simplemente rechazan cualquier posibilidad del diálogo, contra ellos sólo queda el despliegue de la dominación. La hegemonía sería entonces un movimiento continuo del ejercicio de poder, y a la vez de la demanda y ejercicio de emancipación política n el campo democrático. Ninguna hegemonía puede darse por supuesta, sino todo lo contrario, la hegemonía es la posibilidad de la política, la posibilidad de interactuar en el complejo campo político y estratégico de la definición de lo público y de sus fines. La construcción de la hegemonía es una batalla constante, y es a la vez un juego de re-posicionamiento, identificación, desplazamiento y negociación, en la lógica democrática. Quien pretenda buscar hegemonía debe ser capaz de mirar tanto desde lo alto, la estructura, como desde el suelo, el territorio. Quien pretenda generar hegemonía debe tener una inteligencia del movimiento, del fluir y del devenir de lo político (del pólemos, del conflicto). Inteligencia de lo temporal y de lo espacial.

A cada momento fluye el poder, éste no es una cosa, no es una sustancia que uno pueda poseer, éste no está ni aquí ni allá, sino se encuentra siempre en fuga, siempre en movimiento, genera subjetividad, genera instituciones, las fortalece, las debilita, las divide y a la vez el poder es siempre huidizo; cada vez que se ejerce el poder se corre el riesgo de perderlo, por ello es tan importante inteligir el espacio, conocer el territorio por el cual fluye el poder, conocer a los antagónicos. En este sentido la praxis de la hegemonía es también territorializante y desterritorializante, supone mover el piso en el cual se desarrollan las resistencias. Según las características de la lógica del poder, el conflicto social es inherente a la praxis hegemónica, pues supone su sustrato, el suelo mismo de la posibilidad de la (re) construcción de lo público. Cada grupo corporativo, cada grupo de presión, cada organización social en movimiento permite esta reconstrucción de lo público, porque vuelve objetivo el flujo del poder. El conflicto social es la posibilidad abierta de reconstrucción de la hegemonía, en la búsqueda de reposicionar a los agentes en conflicto y de desplegar la dominación en los antagónicos.

El conflicto social, entonces, es una oportunidad de reconstrucción hegemónica. Sin embargo esta reconstrucción puede derivarse a una crisis política, cuando el re- posicionamiento de los sujetos se vuelve o se desarrolla de manera contraria o antagónica al gobierno o al gobernante. En este caso el conflicto puede derivar en una crisis, en tanto entendamos a la crisis como la pérdida de la posibilidad hegemónica por parte del gobierno y en último caso la pérdida de la lógica y la brújula del poder. Dicho en términos populares: cuando el poder se escapa de las manos, el gobierno ingresa en una espiral de crisis, que puede acompañarse de una espiral de violencia. La violencia es una agilización de los tiempos políticos que genera caos y desorden, reproduciendo las posibilidades de violencia, hasta el acto violento final. La violencia es el cierre de la política, y el acto violento final es la clausura de una temporalidad.

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