octubre 25, 2020

La COB, el conflicto y la conciencia de clase

por: Jorge Echazú Alvarado *

Estamos saliendo de un conflicto social y sindical que acarreó y acarrea serias implicaciones de carácter político. Su origen inmediato tiene como causa la dictación del maligno decreto No. 748, denominado con propiedad del “gasolinazo”. A partir de aquel nefasto día de finales de diciembre 2010, la situación política del país cambió radicalmente. Los factores de desestabilización se convirtieron rápidamente en elementos de una clara intención subversiva, proclamada además públicamente por algunos de sus dirigentes.

La presión social que ejercían los sectores sindicales fue radicalizándose de manera peligrosa poniendo en peligro la propia sustentación del proceso de cambio. Todo este tipo de consecuencias parecen no ser interiorizados por el gobierno cuya cúpula derechista, la que rodea al Presidente, parece convencida de la necesidad de seguir añadiendo factores negativos en todos los sentidos, nadie sabe con qué intenciones.

En este concurso de factores negativos, la presión de los sindicatos, liderizados por la COB, se tradujo en una movilización masiva que rápidamente obtuvo apoyo, respaldo y financiamiento de la derecha que vio acrecentadas sus posibilidades frente a un gobierno desorientado que apelaba simplemente a la defensa débil de sus posiciones.

El problema de los aumentos salariales, puso un nuevo factor de la crisis que ya era elevada antes del decreto del aumento del 10 por ciento para cuatro sectores de trabajadores, mientras los demás sectores estaban excluidos del aumento salarial, y que para el sector privado constituía una base de negociación con la patronal.

La respuesta de los sindicatos, cuyo liderazgo fue tomado por maestros y trabajadores de salud, se convirtió rápidamente en un gran conflicto materializado por esos trabajadores muy bien financiados por oscuros intereses que no puede sino ser atribuidos a la derecha militante.

El conflicto se fue extendiendo rápidamente. Dirigentes oscuros como Jaime Solares y la dirigencia provocadora del trotskismo, tomaron la conducción del conflicto. La prensa privada reaccionaria, principalmente la televisión derechista, se complacía claramente magnificando el choque entre los movilizados y la policía y, por otro concediendo largos espacios mediáticos a trotskistas y agentes provocadores como Jaime Solares.

Era un espectáculo penoso ver cómo la vieja, heroica e histórica COB, se convertía en la vanguardia de una verdadera asonada salarialista, pero esencialmente subversiva. La declaratoria de “huelga general indefinida” caracterizó el movimiento como un recurso supremo de derrocamiento del gobierno.

Los marxistas no defendemos al gobierno, defendemos con todas nuestras fuerzas al proceso que ha sido abierto no por el mas, menos por algunos ministros actuales que estuvieron en la vereda del frente, sino sobre todo por el pueblo alteño, los campesinos aimaras del norte de La Paz y otros sectores menores. El proceso no es, definitivamente una propiedad del Gobierno donde pululan los derechistas, los neoliberales prendidos de la cola de Evo Morales que no comprende que solamente una política revolucionaria ligada a los sectores de izquierda consecuente y desinteresada puede salvar este proceso.

Seguimos sufriendo la acción de una verdadera “quinta columna” en el seno del gobierno que parece convencida de la necesidad de boicotear el proceso dentro del mismo proceso.

Existe el criterio de que, por fin la COB ha logrado recuperar su influencia en sindicatos fuertes como los mineros, fabriles, maestros y trabajadores en salud. Sin embargo esos criterios son completamente falsos, pues la supuesta recuperación de la COB, se debe, esencialmente al apoyo que le han proporcionado los errores garrafales del gobierno y el estímulo de la derecha, como tenemos explicado. No es que la izquierda revolucionaria se sitúe el frente de los requerimientos justos de aumento salarial, empero es complemente falso que el salario sea el aspecto principal de los movimientos sociales.

Bolivia sigue siendo una formación social capitalista dependiente y atrasada, el proceso de cambio apenas ha iniciado un largo camino para derrotar el neoliberalismo supérstite en el propio gobierno. Solamente a través de su radicalización puede el proceso convertirse en uno verdaderamente revolucionario. Es entonces que la clase obrera debe, ya no como observadora y crítica del proceso, tomar el lugar que le corresponde a la cabeza de ese proceso revolucionario.

Mientras tanto no podemos sino criticar el carácter salarialista exclusivo de los movimientos sindicales del pasado conflicto.

A la finalización del conflicto, la pérdida de conciencia de clase de los proletarios en Bolivia está creando peligrosamente una agudización de las “contradicciones en el seno del pueblo” (Mao) que pueden convertirse en contradicciones antagónicas entre proletarios y campesinos, fenómeno que resultaría en una catástrofe para la izquierda verdadera y una victoria política de la derecha.

Los sectores radicalizados de la COB, capitaneados lamentablemente por sujetos de la calaña de Jaime Solares, por una parte, y los trotskistas provocadores por la otra, han expresado claramente sus propósitos de derrocar al gobierno sin importarles un comino quién podría aprovecharse de la situación y encumbrar a la derecha fascista.

Como una conclusión lógica en torno a los últimos acontecimientos político-sindicales, debemos constatar algo muy importante:

Bolivia, repetimos, nuestra Formación Social, sigue siendo capitalista, dependiente y atrasada, el gobierno no es un régimen revolucionario en el estricto sentido del vocablo, se trata de un gobierno progresista, popular y anti-imperialista. Estas certezas definitivas deben orientar a la clase trabajadora en su accionar político-sindical. No se puede pedir “peras al olmo”. La responsabilidad de profundizar y radicalizar el proceso para convertirlo en un proceso revolucionario, es una tarea de la clase obrera en alianza con el campesinado y las naciones oprimidas, todas estas fuerzas con la conducción de un Partido Político revolucionario.

Si no comprendemos esta realidad, fallamos dramáticamente en todos nuestros análisis. Entonces, la responsabilidad histórica de la clase obrera, como hemos sostenido siempre, es muy grande y no está siendo interiorizada por una dirigencia muy alejada de sus obligaciones históricas a las cuales si siquiera se refiere. Por el contrario, vemos como esa dirigencia adopta mezquinamente una posición trade-unionistas, es decir exclusivamente salarialista y, por otra parte, aún más peligrosa cuando los sindicatos mineros se oponen a la política de nacionalizaciones de la minería que propone el Gobierno.

El socialismo e inclusive sus orígenes, se consiguen con una cuota elevada de sacrificio de sus conductores y sus fuerzas sociales involucradas. El socialismo no es una dádiva de los regímenes así se denominen de cambio o revolucionarios, el socialismo es la obra histórica del gran bloque revolucionario de clases explotadas y naciones oprimidas conducidas por el Partido revolucionario.

La Central Obrera Boliviana debe recuperar el contenido y la letra de la histórica Tesis socialista del cuarto congreso nacional de 1970.

*     Dirigente del PCmlm.

Be the first to comment

Deja un comentario