octubre 21, 2020

Grandes de la literatura latinoamericana nos dejan un significativo legado

Mientras en el día a día no cesan de suscitarse hechos que lindan con la crueldad, la violencia, la venganza, en fin, con aquellos rasgos propios de la fiereza de la naturaleza oscura del ser humano, hay otros y otras que no han cesado a lo largo de sus vidas de entregar con generosidad su arte, su poesía, sus reflexiones y sabiduría que han calado hondo en la memoria no sólo de Latinoamérica, sino de otras partes del mundo, me refiero a Gonzalo Rojas, uno de los más grandes poetas chilenos y Ernesto Sabato, escritor y ensayista argentino, que hace poco han dejado su ropaje para internarse en el territorio de la inmortalidad.

Ambos nonagésimos, tenían también en común su ligazón con el movimiento surrealista que en definitiva, además de ser un movimiento político y artístico, era una filosofía del Amor (a decir de Ferdinand Alquie). Otro rasgo común entre estos dos grandes literatos, además del manejo magistral del lenguaje (cada uno en un género distinto), lo fue el compromiso social y la ética, como elementos consustanciales de su vida y obra, valores que hoy en día ya no suelen ser tan comunes entre los propios artistas (ni qué decir en el resto de la humanidad), como resultado del imperante sistema mercantilista que tiene como rasgos principales el individualismo y la vacuidad.

Muchos artistas de esa generación, que fueron testigos de las dictaduras que ensombrecieron una parte de la historia de nuestro continente, plasmaron en sus obras no sólo su sentimiento de rebeldía ante la crueldad y la injusticia, sino que fueron capaces de trascender el dolor, y la propia muerte, transformando así las experiencias propias y las de su entorno, a través de la creación artística, en luz y pensamiento lúcido, constituyéndose en la vanguardia de su época, junto a muchos otros.

De Gonzalo Rojas (1917-2011) el escritor mexicano Eduardo Milán (1991) en el prólogo de “Antología de Aire”, se refiere: “Deberle algo a Gonzalo Rojas hoy en día y en la poesía latinoamericana (no sólo la chilena) es deberle no tanto a uno de nuestros grandes poetas, sino a una sintaxis: a una sintaxis liberada”. Hablar de este poeta y su obra, no basta con unas breves líneas, éstas más bien pretenden ser, una invitación, a transitar por sus obras, tales como: “La miseria del hombre” (1948), “Contra la muerte” (1964), “Críptico y otros poemas” (1980), “Antología de aire” (1991), “Carta a Huidobro y Morbo y Aura del mal” (1994) y “Poesía Esencial” (2006), entre otras. “No le tengo miedo a la muerte en lo absoluto. ¿Cuándo? ¿A qué hora?”, declaró alguna vez el poeta chileno, quien fuera Premio Nacional de Literatura de Chile (1992), Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, ese mismo año, y Premio Cervantes en 2003.

Sabato (1911- 2011), de su lado, quien confesara alguna vez que fue el arte el que lo salvo del suicidio, nos advierte que el oficio del arte, si bien es un camino difícil es en definitiva liberador. Quizá más conocido y popular, gracias a sus tan difundidas obras como “El Túnel”, “Sobre héroes y tumbas”, “Abaddon el exterminador”, entre otras, este escritor (que también incursionó en la pintura), abandonó el campo científico para adentrarse de lleno al arte, y su legado, al margen de su obra, es su notable valentía para cambiar drásticamente su rumbo por aquello que creía le daba verdadero sentido a su existencia: la literatura y la pintura. “Antes del fin” (1998), “La Resistencia” (2000), y “España en los diarios de mi vejez” (2004) son sus últimos libros, que registran las memorias de un hombre crítico, comprometido y defensor de los derechos de la humanidad. Y frente a los acontecimientos actuales, de manera elocuente, nos incita a seguir persiguiendo las utopías ¿Cómo y de qué manera?, nos dice: “es no resignarse”.

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