octubre 21, 2020

Nostalgia por el voto calificado

por: José Luis Exeni R.

Señoriales. Es curioso ver cómo algunos demócratas del viejo régimen, con nostalgia, creen que el pueblo boliviano —ese “soberano” que invocan pero desprecian— no está en condiciones/capacidad de elegir mediante el voto a las altas autoridades del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional Plurinacional. “No es apto”, dicen ansiosos. Y lo ningunean.

Afirmaciones tales me hacen recuerdo al Referendo sobre el Gas, el año 2004, cuando ciertos abuelitos tanos, indignados, decían que era una barbaridad, que cómo pues el pueblo —ese lego en materia de hidrocarburos— iba a definir en las urnas algo que no conocía, que cómo el voto de un campesino tendría la misma valía que el de un ingeniero… Qué tal.

Es como si en nuestros andamios democráticos hubiésemos retrocedido, sin atajos, hasta la primera mitad del siglo pasado, antes de la Revolución de 1952, cuando sólo podían votar los ciudadanos (de primera): hombres, letrados, propietarios, con renta fija… Todo el resto, la mayoría (en especial mujeres e indígenas), no merecía semejante derecho.

Así pues, en pleno siglo XXI, el voto universal (condición mínima de una democracia liberal-representativa), siendo una conquista, sigue agitándose como amenaza. ¡Aunque no lo crea! El derecho a participar sólo es democrático —léase tolerable— cuando no pone en riesgo las instituciones formales ni cuestiona a las élites en el poder.

Estamos entonces ante el debate más primario de las democracias electorales: el demos votante, ¿está “habilitado” para elegir directamente a sus autoridades y representantes?; el pueblo-pueblito-pueblo, ¿está “capacitado” para decidir en las urnas el rumbo de las políticas públicas?; la ciudadanía, ¿está “lista” para votar por las autoridades jurisdiccionales?

Volvamos a la próxima elección popular de magistrados. ¿Por qué algunas cabecitas grises suponen que las bolivianas y bolivianos no podremos elegir (bien)? ¿Qué les lleva a desahuciar este inédito ejercicio de ampliación democrática de alta intensidad? ¿Creen acaso que el anterior cuoteo partidario era más sensato e “inteligente”?

Exploremos los tres cuestionamientos principales que hacen:

  1. El Órgano Judicial y el Tribunal Constitucional Plurinacional son órganos especializados del poder público, ergo, debieran conformarse con arreglo a criterios también expertos y no por la vía del incierto sufragio.
  2. No habrá suficiente información sobre los méritos de tantos postulantes (125 en total), por tanto, se votará “a ciegas” —sin nutrirse de su “imprescindible” exposición mediática— o, peor, habrá elevada abstención.
  3. La población tendrá escaso conocimiento de los postulantes (casi todos vinculados a la odiosa abogacía), en consecuencia, habrá voto consigna (les faltó decir comunitario o “voto campesino”).

El primer cuestionamiento, inaceptable, se asienta en la incapacidad de entender/aceptar una nueva fuente de legitimidad democrática: el voto popular, para los magistrados. Como si la “partidocracia”, esa promiscuidad pactada, hubiese elegido mejor.

El segundo, plausible, constituye un riesgo a la vez que desafío de acceso a la información no sólo para el órgano electoral, sino para los operadores mediáticos y, en especial, la ciudadanía. Sin un esfuerzo especial en este campo el proceso puede resultar dañado cuando no fallido.

Y el tercer cuestionamiento, debatible, implica analizar la calidad del voto y sus diferentes lógicas individuales y colectivas de adopción, no sólo en este nuevo evento democrático sino en todos los procesos electorales. Tiene que ver, pues, con el comportamiento electoral en Bolivia.

¿Podremos/sabremos elegir en las urnas a las altas autoridades jurisdiccionales?

Quiero creer que sí. La primera condición es que la preselección de postulantes en la Asamblea Legislativa sea plural, pública, participativa y transparente. ¿Y la segunda? Que asumamos como ejercicio de ciudadanía, con sus innovaciones, sus yerros, este avance experimental de nuestra democracia que, está visto, ya no es lo que era.

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