octubre 27, 2020

¿Mercado o Populismo?

El desempeño de la economía boliviana durante 2006 a 2010 ha despertado diversas interrogantes sobre el tipo de modelo económico que Bolivia estaría aplicando desde la asunción del Presidente indígena Evo Morales. Los resultados positivos han sido reconocidos por organismos internacionales como CEPAL, FMI, Banco Mundial, BID y la CAF e incluso por América Economía.

La respuesta, que dan los economistas del Modelo Económico Neoliberal vigente desde 1985 hasta el 2005, es que se trata de un Modelo Populista, básicamente el retorno al populismo anterior a 1985 y similar al populismo de algunos países como Ecuador y Venezuela.

El texto guía era el libro de Dornbusch y Edwards (1994), 1 que define populismo económico como “un enfoque de la economía que destaca el crecimiento y la redistribución del ingreso y menosprecia los riesgos de la inflación y el financiamiento deficitario, las restricciones externas y la reacción de los agentes económicos ante las políticas agresivas ajenas al mercado”. Otros textos referenciales eran los comentarios periodísticos de Openheimer y Vargas Llosa que ponen en un mismo grupo de Bolivia, Venezuela y Ecuador, así como el viejo Manual del Perfecto Idiota 2.

Recientemente Edwards (2009) 3 volvió a insistir con el dilema “Populismo o Mercados”, acuñando el término neopopulismo para “Hugo Chávez, Evo Morales y Néstor Kirchner”. Sin embargo, diferencia del populismo histórico por que “la generación actual de populistas parece entender la necesidad de mantener una cierta prudencia fiscal y una inflación razonablemente baja”, pero que tiene una “retorica antiglobalización” y “en vez de generar inmensos déficits fiscales para redistribuir el ingreso,… han utilizado controles y restricciones gubernamentales cada vez más agudas para incrementar el ingreso de determinados grupos”. Sin embargo, ahora, hasta el FMI es antiglobalización y los países desarrollados aplican controles y restricciones a su sistema financiero: parece que el populismo se desplazó al Norte.

El modelo actual boliviano es diferente al populismo de derecha e izquierda desde 1952 a 1985, que estaba basado en un estilo de crecimiento aparentemente más orientado hacia adentro y con una fuerte presencia del Estado en la economía, a través de empresas públicas, que derivó en una especie de “capitalismo de Estado”. El Estado Plurinacional de Bolivia es diferente al Estado pre 1985 y post 1985: su carácter de clase, la orientación de las transformaciones en la superestructura política y el destino del excedente económico generado por las empresas públicas nacionalizadas.

El capitalismo de Estado es una etapa en el camino de la transición al socialismo, cuando el Estado en la dictadura del proletariado nacionaliza los medios de producción con el objeto de romper las estructuras capitalistas tradicionales, para poder llegar en una etapa posterior a la extinción del Estado. En cambio, el modelo boliviano es de una economía plural constituida por las diversas formas de organización económica: comunitaria, estatal, privada y social cooperativa. Esta coexistencia determina una economía mixta, donde interactúan el mercado y la planificación, la empresa pública y no pública, aunque es el Estado el que ejerce la dirección integral del desarrollo económico y sus procesos de planificación.

El proceso de la actual política económica boliviana tiene tres dimensiones:

  • La afectación de recursos (factores de producción) entre diversos actores: la recuperación de la propiedad estatal, que fue privatizada en el modelo neoliberal, con distintas modalidades de nacionalización.
  • La estabilización de la coyuntura y los

equilibrios macroeconómicos a corto plazo. Se tiene una autodisciplina fiscal y monetaria, se tiene muy en cuenta las restricciones fiscales y externas y la deuda externa pública presenta una sostenibilidad de mediano y largo plazo sin necesidad del DS 21060.

  • La distribución (repartición) de recursos (rentas, patrimonios) diferente del pasado privilegiando los nuevos actores económicos y sociales y la población rural y la población pobre.

Los críticos del “populismo”, Dornbursh y Edwards, definen como ley universal que todo lo que signifique cambio, redistribución del ingreso y la restructuración de la economía genera inevitablemente inflación, déficit y sobrevaluación cambiaria y, por lo tanto, al inevitable retorno a la estabilización conservadora. La trayectoria de la crítica de los economistas neoliberales domésticos imitaron estas fases que profetizaban el fracaso de las políticas populistas. Así primero, cuando hubo el buen desempeño del PIB se dijo que era como resultado del favorable contexto externo; de la buena suerte. Cuando aumentó la inflación, hasta un 17% anualizada en junio de 2008, asociada al aumento de los precios internacionales, es decir debido a presiones inflacionarias externas, se dijo que era producto de la política monetaria y fiscal expansiva populista. Cuando declinó significativamente la inflación, asociada en parte a la disminución de la inflación importada, se dijo que el país entraba en deflación y estancamiento. Cuando se desató la crisis económica mundial se dijo que se desaprovechó el período de vacas gordas y el país entraba a la fase de vacas flacas y, por lo tanto, iba a entrar en crisis el modelo y sin embargo el modelo continuó. Recientemente, cuando los precios subieron debido al aumento de los precios internacionales de alimentos y combustibles, se cuestionó la estabilidad macroeconómica y del sistema financiero. Ahora después de cinco años dicen todavía que no es sostenible y que en un mediano plazo entrará en crisis.

Recientemente, después de la Gran Crisis, hasta el FMI reconoce que el Consenso de Washington es cosa del pasado: y que el péndulo se desplaza del mercado hacia el Estado.

“Antes de la crisis, pensábamos que sabíamos bastante bien cómo dirigir las economías. El denominado “consenso de Washington” tenía una serie de mantras fundamentales. Una serie de normas simples en materia de política monetaria y fiscal garantizarían la estabilidad. La desregulación y la privatización generarían crecimiento y prosperidad. Los mercados financieros encauzarían los recursos hacia las esferas más productivas y se supervisarían a sí mismos en forma eficaz. Y todo mejoraría gracias a la globalización.

Todo esto se derrumbó con la crisis. El Consenso de Washington pertenece al pasado. Tenemos por delante la tarea de reconstruir los cimientos de la estabilidad para que resistan el paso del tiempo y que la próxima etapa de la globalización sea beneficiosa para todos. Esta labor tiene tres esferas centrales: un nuevo enfoque de política económica, un nuevo enfoque de cohesión social y un nuevo enfoque de cooperación y multilateralismo.” 4

Seria bueno que algunos fundamentalistas del mercado en Bolivia se pongan en sintonía a las nuevas tendencias en la macroeconomía y que traten de entender un poco más el nuevo modelo de economía plural boliviano que significó un nuevo enfoque de política económica y social y de inserción internacional.

1    Dornbusch R y S Edwards (1994) (Compiladores), Macroeconomía del Populismo en la América Latina, FCE.

2    Plino Apuleyo, Carlos Montaner y Alvaro Vargas (1996), Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano.

3    Edwards S (2009), Populismo o mercados: El dilema de América Latina. Editorial Norma.

4    Dominique Strauss-Kahn. Desafíos mundiales, soluciones mundiales”.

1 comentario en ¿Mercado o Populismo?

  1. En realidad es una defensa del modelo económico boliviano, pero desgraciadamente Bolivia va camino a una dictadura, donde todos las instituciones tutelares de la nación están controlados por el gobierno, es más que la estabilidad conseguida actualmente deja mucho que desear, el déficit fiscal, de la balanza de pagos, el aumento de la deuda en algún momento necesitará consolidación fiscal y con ello la crisis. Peor aun con esta guerra comercial los precios de los minerales y el gas caerán definitivamente y con ello los déficit aumentaran y la crisis estará más cerca.

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