octubre 28, 2020

Marcha de orgullo de las diversidades

El mes de junio, es el mes dedicado a las diversidades sexuales y genéricas. Por ello, durante todo el mes se desarrolla un conjunto de actividades destinadas a la visibilización y a la incidencia, respecto de la problemática que conlleva ser parte de una lucha política disidente y transgresora. Estas actividades, concluyen el 28 de junio, día dedicado a la Marcha del Orgullo. La marcha se realiza a nivel mundial. Este año, la marcha en La Paz, se realizó el 25 de junio y convocó a más de un millar de personas.

La Marcha del Orgullo, es un espacio político de subversión contra la normalización y la imposición de la heterosexualidad obligada. La marcha, no sólo se apropia del espacio público negado, sino que lo resignifica, lo llena de nuevos contenidos, le reinventa otros sentidos. En las calles vacías, se escribe una historia no contada, el relato de los eventos de las singularidades TLGB (Transexuales, travestis, transformistas, lesbianas, gays, bisexuales y todo el pluriverso queer), cuyos cuerpos anónimos, invisibilizados han sido sometidos a múltiples opresiones por las políticas homofóbicas del poder colonial patriarcal. En la Marcha del Orgullo, se reafirma una inquietud de vivir, desde los únicos espacios verdaderos de libertad, donde el poder aún no ha podido imponer la dictadura de sus normas: el deseo y el placer.

Pensar las diversidades sexuales, nos lleva a reconocer la triada sexo-género-sexualidad y sus dispositivos microfísicos. ¿Qué es el sexo?, ¿Qué es el género? ¿Qué es la sexualidad?, ¿Dónde radica la diversidad?. Sabemos que el sexo nos remite a la biología genital asignada en el nacimiento. El sexo, no es privativo de los humanos, los animales también tienen sexo, la biodiversidad en su conjunto es sexuada. De aquí que, se reconozca la genitalidad del macho y de la hembra, en función a los órganos que presentan los cuerpos. Esta dicotomía, sin embargo, deja de lado, a los intersexuales, cuyos cuerpos nacen con ambos órganos genitales.

En cuanto al género, este hace referencia a los roles o comportamiento sexuales que supuestamente le corresponden a cada sexo biológico. El género se produce y reproduce socialmente, a través de la normalización educativa. Esta construcción subjetiva deviene en la dicotomía jerárquica valorativa masculino-femenino, a partir de la cual, hay una genitalidad y unos atributos de género que tienen mayor valor que otros: la genitalidad del macho es superior a la genitalidad de la hembra, el género masculino es superior al género femenino. La racionalidad que sustenta esta mitología es que en el cuerpo del macho, se aloja la cimienta de la vida. Todos sabemos, que en realidad el único cuerpo capaz de producir vida, es el cuerpo de las mujeres. El concepto género, alude entonces a los roles social y culturalmente asignados a los géneros masculino y femenino. Desde este punto de vista, no existe una diversidad genérica, a la cual hacen mención las subjetividades TLGB, sino una mimesis en torno a los atributos arbitrarios de género asignados de manera jerárquica y valorativa a cada uno de los dos sexos reconocidos, por el dominio patriarcal.

Entonces, ¿dónde radica la diversidad? La diversidad está en la sexualidad. La sexualidad, es el uso que hacemos de nuestro sexo biológico. La sexualidad es “hacer el amor” con un otro, radicalmente distinto a mí, es com-partirme, permitirle al otro el hospedaje de sí, en mi intimidad más profunda, cuya puerta de ingreso es mi propia piel y sus pulsiones deseantes. La sexualidad, es diversa. Hay heterosexualidad, homosexualidad, transexualidad, intersexualidad y múltiples formas perfomativas de vivirla y de gozarla. Es precisamente, por este su carácter diverso, que la sexualidad es normada y controlada. Al poder le incomoda ladiversidad sexual, por ello, reconoce sólo la heterosexualidad, como institución garante del orden patriarcal, las otras formas de sexualidad son condenadas a la invisibilidad.

Marchar reivindicando el orgullo de optar por una sexualidad libre y diversa, es reafirmar el deseo y el placer de autodeterminar nuestra propia forma de ser, de sentir y de existir en la historia.

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