octubre 19, 2020

Identidades negociadas – identidades mestizas

por: María Luisa Femenías *

El deambular de teorías y la triple raigambre de la población latinoamericana (india-blanca-negra) exige un breve elogio de la impureza, puesto que no podemos ni negar ni desconocer la “impureza” que anida en nosotras.

Una conocida investigadora argentina – radicada hace muchos años en EEUU, María Lugones – revisa la dicotomía “pureza” / “impureza” con lo que denomina una imaginación híbrida. Al hacerlo, muestra cómo las políticas vinculadas al ideal de la “pureza identitaria” implican diferenciar y separar (to apart), a los “puros” de los “impuros” e involucran, al menos, alguna forma de discriminación cuando no de segregación (aparheit). Muestra también cómo, en muchos casos, distintos modos de “hibridación” o “mestizaje” – como preferimos denominarlo – pueden ser entendidos como otros tantos modos de resistencia a las políticas de la pureza. Es decir que, el mestizaje implica una forma actuada de resistencia a los mandatos de la pureza, en principio, étnica.

Porque, bajo la ficción privilegiada de la pureza – que intenta controlar la explosión de heterogeneidades, de multiplicidades y la variabilidad ad infinitum de individuo/as encarnados – se genera la ficción políticade la unidad. Allí es donde quien se autoinstituye en portador/a de la pureza exhibe – según Lugones – supeculiar carencia. Carencia que reside justamente en estar fuera de la historia, fuera de la cultura, fuera de la sociedad; en fin, fuera de la vida. Paradójicamente, el/a portador/a de la pureza se autoconstituye de modo conflictivo ante lo que realmente es: un individuo/a, atravesado por un sexo-género, una etnia, una cultura, una religión, un conjunto de creencias, un deseo, un cuerpo sexuado, etc. En ese sentido, se autoengaña instituyéndose – con mala fe sartreana – en portador/a privilegiado/a de “pureza”, negando lo que efectivamente es: un ser “impuro”, “mestizo”, “nacido de mujer”, tal y como todo/as nosotra/os.

Las políticas del mestizaje

Se entiende, en consecuencia, “mestizo” no sólo en un sentido biológico (tradicional) sino, fundamentalmente, en uno cultural (y religioso). De modo que las políticas del mestizaje implican el rechazo implícito o explícito a considerar “no pertinente” o “no pertenenciente” a cualquier ser humano del planeta. Implican la necesidad y el deber – en el sentido desarrollado por Seyla Benhabib en Los derechos de los otros – de bregar por vidas vivibles para todo/as; de instrumentar modos de proveer Derechos (y su cumplimiento) para todos. Porque, el mestizaje como lugar real y simbólico de la ambigüedad supone, al mismo tiempo, el abandono de las políticas que se basan en dicotomías excluyentes y en esquemas rígidos.

El desafío más importante que se nos impone es detectar y hurgar en las intersecciones donde color, clase, religión, etnia, sexo-género potencian la exclusión y generan distorsiones ajenas a poblaciones con más altos grados de homogeneidad. Sobre todo, obliga a generar teoría para comprender y desmontar los modos en que racismo y sexismo se potencian en nuestros territorios, para buscar soluciones alternativas que favorezcan reconocimiento, destribución y convivencia. Porque sólo desvelando el subtexto de género-etnia, con sus dobles criterios políticos y morales, es posible hacernos cargo de buena parte de la socio-historia del Continente y de muchas de las violencias actuales contra las mujeres. Sobre todo, porque complejas tramas de poder económico y político evitan recordar su origen en la esclavitud e invisibilizan el poder absoluto de los amos sobre el cuerpo de esclavas y esclavos, haciendo inexplicable la obviedad de la mestización, a la que se evita mencionar como a un tabú. La hacienda es un remanente de este modelo.

Patriarcado y etnia

La transversalización de las estructuras patriarcales con la variable étnica está dando lugar a un número creciente de trabajos que contribuyen a nuestra mejor comprensión del problema. Son bien conocidas, por un lado, las publicaciones de Gloria Anzaldúa, Silvia Rivera Cusicanqui y Marisol de la Cadena y, por otro, los aportes de Ochy Curiel, Marie Ramos Rosado y Rita Segato. Todos ellos brindan un bagaje comprensivo original sobre el tema. Sus escritos se proponen examinar y dar cuenta de la situación particular de grupos precisos de mujeres de América Latina, de los grandes movimientos populares indigenistas, de las líderesas indígenas, de la situación de subalternidad de las mujeres negras respecto de las blancas, de los prejuicios que deben enfrentar las “mestizas” tanto frente a “puras” indígenas o negras como blancas y, por supuesto, frente a los varones en general y a los varones y mujeres blancos en particular. Las contribuciones de estas autoras permiten diseñar un mapa de los modos de mestización colonial y postcolonial, que pone al descubierto la rigidez racista de nuestras estructuras sociales, que se proclaman igualitarias, y los mecanismos de encubrimiento de la exclusión de género, potenciada étnica o culturalmente.

En otras palabras, estas autoras a pesar de sus diferencias teóricas y temáticas, aportan como eje comprensivo el triángulo: reconocimiento – universal – particular. Al hacerlo, desvelan la opresión simbólica del “imaginario” blanco como universal sustitutorio, donde la etnización se entiende en términos de inferiorización, marginalización y / o criminalización de varones y mujeres, en general, que generan discriminaciones invisibilizadas por sobre las solidaridades (sororidades o fraternidades) de sexo-género. Favorecen así la comparación entre derechos enunciados y ejercidos, poniendo al descubierto diversos niveles de conflicto tanto identitario como de lealtades.

Pero – subrayémoslo – el mestizaje señala, a la vez, el sitio de lo novedoso, de la poiesis. Mostrar la heterogenidad de la sociedad, más que bregar por la fragmentación social y el rechazo al universal y al ideal igualitario, alerta sobre las tensiones que el desconocimiento de la intersección género-etnia genera. Muestra también cómo la “igualdad” se tornó muchas veces invisibilización de las inequidades étnicas y culturales, y cómo la desconfirmación “de/la otro/a” implicó brutalmente la negación de su persona y de su historia. Asimismo, llama la atención sobre el largo camino que nos falta por recorrer para que la igualdad se construya junto con la alteridad radical, la extranjeridad inquietante y los modos desestabilizados de etnia y de género. Sólo comprendiendo esta sumatoria de aspectos, pueden entenderse algunas complejas situaciones de marginalidad. No es simplemente una marginalidad económica; implica la falta de visibilidad y de representación.

Paradójicamente, la reducción (o anulación) de la importancia de la intersección etnia-género crea “lo diferente” como identidad de resistencia (muchas veces ontologizada) opuesta a lo “uno blanco”, con una dinámica afín a la dicotomía puro / impuro. Con la misma lógica, se crean fronteras entre lo auténtico y lo inauténtico; lo leal y lo traidor. Porque, ¿No es acaso la de La Malinche una “traición” a la pureza étnica?

América latina es “impura”, es decir mestiza. En ese sentido, trabajar a partir de la noción de identidades negociadas puede resultar tan útil y esclarecedor como enriquecedor. Primero, porque es un hecho que no hay poblaciones “puras”; segundo, porque aún cuando las hubiera, los medios actuales de comunicación favorecen la “contaminación”, de la que ninguna etnia, grupo o persona sale indemne. Librados a su propia dinámica, los diversos grupos humanos siempre producen interacciones, generan solidaridades y tensiones, construyen contra-identidades; se simbiotizan. Todo esto favorece la constitución de sujeto/as multiculturales, de identidades múltiples, capaces de desarticular las estructuras identitarias naturalizadas, y de promover fuertes cambios en sus grupos de pertenencia.

*     Doctora en Filosofía, profesora de Antropología Filosófica del Departamento de Filosofía, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. Ha publicado numerosos libros y artículos sobre filosofía de género y teoría feminista. El texto que publicamos es un extracto del ensayo “Esbozo de un feminismo latinoamericano” (Revista de Estudios Feministas, vol. 15. Nro. 1, 2007)

Be the first to comment

Deja un comentario