octubre 21, 2020

Producir lo público y lo comunitario para una nueva gestión pública

El Derecho generalmente se divide en Derecho Público y Derecho Privado. Durante el transcurso del siglo XX se ha introducido un área nueva: el Derecho Social.

Respecto al Derecho Público, García Máynez recuperando los conceptos de Jellinek nos señala que el Derecho Público se refiere al conjunto de normas que subordinan la voluntad de los sujetos de derecho (es decir de las personas), en tanto que el Derecho Privado se refiere al conjunto de normas que coordinan la voluntad de los sujetos de derecho (es decir de las personas). Respecto al Derecho Social, éste se refiere a la ultractividad del Estado en la provisión de un resguardo jurídico para el cumplimiento de los derechos fundamentales, en este sentido el Derecho social se refiere al conjunto de normas que obligan al Estado a proveer resguardo de los derechos sociales y colectivos de los sujetos de derechos o personas. Dicho resguardo obliga tanto al Estado como a los particulares.

Como puede observarse el Derecho se divide dependiendo de la cualidad de la relación entre el Estado y la sociedad, dando por hecho la división entre Estado y Sociedad, y recreando las relaciones de poder en la que el Estado juega un papel importante estableciendo las lógicas de relacionamiento entre las personas (generalmente individuos) y el Estado.

Es sabido que los procesos de individuación corresponden a la etapa industrial y postindustrial de las relaciones económicas generadas por el capitalismo moderno y contemporáneo, por ello existen sociedades con una mayor o una menor individuación, dependiendo de la existencia de la división social del trabajo y de la presencia o no de un proceso de industrialización. Se puede también mencionar el desplazamiento del obrero-fábrica al obrero-social, es decir al desplazamiento de las relaciones de producción que mencionaremos más adelante.

De una u otra manera el Derecho opera como un poder que evita la potencia, para entender esto es preciso recuperar a Spinoza.

Spinoza “se preguntará ¿qué es el poder? Y responde que el poder es la oposición a la potencia. Entiende el poder como la capacidad de afectar (para disminuir) la posibilidad de actuar del otro (mediante afectaciones “tristes”), de limitar su Potencia, es por eso que el poder sólo existe en acto, ejercer el poder es, precisamente, limitar la Potencia. A este poder en sentido negativo se opone las potencias de liberación, que buscan, por el contrario, aumentar las afectaciones “alegres”, permitiendo a esa potencia del Ser expresarse libremente”.

La división formal del Derecho tiene, entonces, un efecto en tanto posibilidad de limitar la potencia, y en ese sentido limitar las posibilidades del poder constituyente.

El poder constituyente es ante todo deseo de comunidad y produce en este sentido lo comunitario y lo público de una manera no contemplada por el Derecho (en tanto presencia y represencia del Poder)

Un modo de producción es una forma histórica de cooperación social. Y todo el problema se encuentra, precisamente, en el modo o en la forma en que se coopera, o en el modo en el que se separa al Estado de la Población.

Por ejemplo muy poco puede producir un individuo aislado, con suerte, apenas si podría llegar a sobrevivir de esta manera. Del mismo modo, es muy poco lo que un patrón puede obtener de ganancia si contrata a un individuo aislado. Sin embargo cuando los individuos cooperan, el esfuerzo de cada uno se potencia y logran mucho más de lo que podrían lograr cada uno por separado. La fuerza de la cooperación constituye la posibilidad de la producción, pero a la vez la posibilidad de la comunidad y de la producción de una manera inédita de lo público.

La fuerza histórica del capitalismo consistió en extender la cooperación social hasta límites insospechados. Tomemos el ejemplo de una fábrica: la cooperación excede en mucho las relaciones al interior de una fábrica. Los obreros trabajan con máquinas que fueron creadas y hechas por otros seres humanos, los obreros comen alimentos preparados por otros, se iluminan gracias al trabajo colectivo de otros, utilizan servicios como el agua, la luz, el gas, los medios de transporte, asisten a un seguro médico, consumen medicamentos, entretenimiento, ropa, etc., que no serían posibles sin el trabajo coordinado de otros grupos sociales. En síntesis, el producto de esas fábricas no sería posible sin la cooperación social extendida, donde si bien se incluye el trabajo manual, también, y cada vez más, el trabajo cerebral, es decir la creación colectiva del conocimiento.

En la vida cotidiana también se extiende la cooperación colectiva, de ahí que Antonio Negri se refiera al pasaje del obrero industrial del siglo XIX al obrero social de hoy. Para Negri, lejos de desaparecer la clase social ligada al trabajo, ésta se extendió hasta casi identificarse con el conjunto de la sociedad. Todos los trabajos confluyen en la producción social de la riqueza, en la producción social del conocimiento.

La contradicción del capitalismo es que habiendo extendido la cooperación social y colectiva a niveles insospechados, logra convertir esa potencia en un bien privado: el capital, logra convertir al ser humano en víctima de su producción. Y es el propio capital el que ejerce una dominación sobre la potencia que la produjo, de esta manera se sustituye el deseo de comunidad y cooperación por el individualismo y el egoísmo posesivo. Todo el secreto del capitalismo se encuentra en mantener la cooperación objetiva pero en imponer a la vez una división o una serialización de la subjetividad social. Es lo que Foucault describió al referirse al Panóptico de Bentham, una arquitectura social para el trabajo cooperativo pero a la vez para el aislamiento vigilado y controlado. De este modo la máxima socialización del trabajo coincide con la mínima socialización de la subjetividad.

El poder constituyente y la producción de lo público, de lo comunitario, es una práctica política gracias a la cual los participes de la cooperación social objetiva, rompen con la división subjetiva impuesta por la arquitectura social panóptica y las divisiones del Derecho. Las organizaciones sociales no son una simple herramienta para alcanzar el poder constituyente, sino son ellas el poder constituyente, son ellas el poder creativo, pues al constituirse destruyen la serialidad impuesta por el capitalismo y el panóptico y de esta manera atentan contra la lógica del orden dominante, del orden establecido a partir del devenir de la creatividad. De esta manera el poder constituyente se convierte en la acción práctica de la liberación, del deseo de comunidad y de igualdad. Los movimientos sociales han dado una lección de este deseo de comunidad y de esta característica creativa de la multitud. De esta manera lo que ha caracterizado la historia contemporánea boliviana de los últimos años no ha sido la invención de lo social por parte del Estado sino más bien la autopoiesis de la comunidad en busca de cambiar el Estado. No se hizo una revolución para tomar el Estado y partir de éste cambiar a la sociedad, sino todo lo contrario, se buscó constituir la comunidad, producir lo público y la sociedad para cambiar al Estado, pues es éste el que debe cambiar, el que debe constituirse en una forma histórica adecuada.

De lo que se trata, entonces, es del modo de comprensión del Derecho y en nuestro caso del modo de comprensión de la producción de lo público y la producción de lo comunitario para encarar una nueva Ley de Gestión Pública, en la que se adecue el Estado a la producción de lo público y de lo comunitario.

Se debe avanzar más allá de la división clásica del Derecho Público y del Derecho Privado, y también más allá de las lógicas del Derecho Social. Es preciso que la sociedad civil organizada tome un papel preponderante en la gestión pública, como posibilidad de ruptura de esta división entre Sociedad y Estado, y a la vez generar las condiciones para un cambio de paradigma en el Derecho, para avanzar más allá de las lógicas de división público, privado y social a un Derecho que permita la producción colectiva de lo público, la producción colectiva de lo comunitario. En tanto esta división subsista la sociedad civil organizada podría jugar a la prebenda y toma de bienes del Estado para el disfrute particular, generando como efecto la corporativización y fragmentación de la participación social y del control social.

Avanzar más allá de la división clásica del Derecho supone pensar en un Derecho que produzca lo público y lo comunitario. Es difícil caracterizar este Derecho, esta nueva producción del Derecho, no lo podríamos denominar Derecho Comunitario pues una vez más los términos pueden llevarnos a equívocos por la cercanía de este concepto con el Derecho de Integración, en tanto última fase del Derecho Internacional Público. Tal vez el denominativo adecuado sea un Derecho Plurinacional Comunitario que potencie a las colectividades superando la división entre Estado y Sociedad y generando una autogestión de lo público, en tanto producción de lo público y lo comunitario. Esta propuesta pasa por superar el Capitalismo de Estado y las lógicas de un Estado de Bienestar al estilo europeo y en todo caso apostar por una apertura de autogestión a momento de pensar una nueva Gestión Pública de características plurinacionales y comunitarias.

Asimismo debe tomarse en cuenta que lo plurinacional en tanto multiplicidad debe consignar un pluralismo de pluralismos, no sólo considerar el pluralismo jurídico, institucional, político, económico, lingüístico y cultural, sino un pluralismo que se aleje de las concepciones liberales y se acentúe a un pluralismo de pluralismos en tanto multiplicidad (entendida a partir de lo producido sobre el tema por Alain Badiou). Esta multiplicidad debe permitirnos pensar en temporalidades y territorialidades de la gestión pública plurinacional que combine y reconozca, sin llevar a cabo una colonización del Otro (por la tensión del deseo de ocupar y habitar al Otro), otras maneras de dejar, permitir, otorgar, hospitalizar (en el sentido de la hospitalidad contraria a la tolerancia) la autogestión de las territorialidades y temporalidades de lo plurinacional.

En este sentido una ley de gestión pública plurinacional debe trabajar en múltiples estratos, en múltiples ecologías (temporalidades y territorialidades, que en si suponen multiplicidad de paradigmas de organización) sin la simplificación de lo público y lo privado, sino acentuando su producción autopoiética. Sólo de esta manera considero que se podría romper la lógica sistémica que precisa de una temporalidad, una regularidad de sujetos, una regularidad territorial, para operar.

En este sentido una gestión pública plurinacional comunitaria y social supondría un alto componente de participación no sólo en la planificación y organización, sino y ante todo en la ejecución de la gestión pública plurinacional, que genere una manera distinta de concomitancia en la producción de lo público y de lo comunitario, más allá de las etapas modernas de la gestión pública. Sólo la amplia participación colectiva y de la sociedad civil organizada, sin las lógicas de intercambio, podría abrir una nueva concepción paradigmática de la producción de lo público y de lo comunitario.

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