octubre 26, 2020

Nueve años: la fuerza de la marcha

A mediados de junio de 2002 una marcha de un millar de indígenas de ambos sexos de Tierras Bajas encabezados por el Bloque Oriente y de pueblos andinos agrupados en el CONAMAQ marchaba hacia en La Paz. Había partido de Montero poco más de un mes atrás. Si las tres caminatas anteriores se hicieron para la solución de sus propios problemas, esta vez el tema de la Asamblea Constituyente, se colocó en primer plano.

Entre tanto los partidos tradicionales, ADN, MIR, NFR y MNR, daban largas a la demanda de abrir el candado legal y permitir reformas constitucionales en profundidad sin encorsetar el debate dentro los muros del Parlamento y sin la participación de la población. Empeñados en la campaña electoral, buscaban ganar tiempo, mientras esperaban que la división y el cansancio desmoralizaran a los y las marchistas. Su estrategia dilatoria solo causó más indignación entre los indígenas. En esta conducta veían el sempiterno desprecio y discriminación colonial. Los partidos políticos siempre nos engañan. Para buscar votos nos ofrecen igualdad de oportunidades. Ahora los vamos a votar de nuestras comunidades, expresó un marchista.

Al medio del 19 de junio la marcha ingresó a La Paz. Recorrió sus empinadas calles céntricas, ante la mirada insensible e indiferente de la población. La dirección de la marcha evaluó que con la proximidad a las elecciones, junto al cansancio de sus integrantes, no era posible una estrategia del Todo o Nada. Decidió ceder en algunos puntos y suscribió un convenio con el Gobierno de Banzer. Este parecía asegurar la pronta convocatoria a un Congreso Extraordinario que trataría enmiendas que facilitarían la convocatoria a la Constituyente. Confiados en su cumplimiento(que fue evadido por el sistema político), el domingo 23 los y las marchistas retornaron a sus hogares. No se sentían vencidos, pero tampoco jubilosos. Partieron a tiempo para votar en las elecciones presidenciales, cuyos resultados decidirían en la coyuntura próxima la suerte de la demanda por la que empezaron su larga caminata. Cada paso valió la pena. Su movilización había colocado a la Constituyente en el centro del debate político, en una situación sin precedentes. Los Partidos y sectores de la sociedad civil, tuvieron que pronunciarse a favor o en contra e incluso negociar su futuro contenido y su tiempo de implementación. De ahí en adelante la Constituyente no podría ser ignorada y, lo más apreciable, se había convertido en un eje de lucha para los movimientos sociales.

¿Cómo se retirarán esta vez los marchistas de la plaza central de la Sede de Gobierno?

*          Gustavo Rodríguez Ostria es historiador

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