septiembre 20, 2021

Si me permiten volar

Si me permiten: agradezco inicialmente a la Dirección del Semanario La Época por permitirme la privilegiada oportunidad de establecer un nexo entre usted y yo para acercarnos al umbral de vidas y obras que marcaron páginas indelebles en la historia de otras vidas y en nuestras propias historias.

Agradezco también a Dña. Domitila Chungara por inspirar el nombre de esta columna porque su vida y la fuerza de su lucha han sido inspiradoras en la conquista para que levantemos nuestras voces por nuestros derechos y por su conquista para que el país viva en democracia, pero que en esas paradojas de levedad histórica se olvidan y se pagan con la ingratitud o el olvido.

Por ello esta columna buscará volar hacia el umbral de vidas y obras como las de Verónica Cereceda, extraordinaria y perseverante luchadora de la cultura Jal`qa, una de las culturas emblemáticas del país gracias a la magia simbólica y cautivante de sus textiles y a la que Verónica dedicó su vida desde hace más de veinte años, impulsando la recuperación de memorias míticas y ancestrales, semánticas e identidades, historias e imaginarios conservados en la oralidad, música, danza, cosmogonías o paisajes de pueblos ancestrales que hoy florecen a través del arte textil, pero en el que Verónica tuvo que librar batallas, dolorosas batallas, contra la ingratitud, mezquindades institucionalidades o miopías funcionarias, que amenazaron no sólo la obra de Verónica sinó la identidad y la lucha cultural de pueblos como el Jal`qa, Tarabuco, Calcha, Caiza o T´inkipaya.

Ingratitudes institucionalizadas que desconocieron luchas por preservar la memoria e identidad de los pueblos y el trabajo con más 300 tejedoras en Jalq’a y Tarabuco, además de 200 niñas aprendices de Tinquipaya o 400 comunarios y comunarias de Poroma o Ravelo, y otros pueblos aledaños.

Venturosamente la tenacidad y la fuerza de los Apus Jal`qa, particularmente del Apu Gabriel hicieron posible que, como registra la prensa chuquisaqueña- se haya trasladado un pedazo del campo a la ciudad, captando el espíritu de la concepción rural para instalar el Museo de Arte Indígenas, cuyo principal objetivo es rendir homenaje a los comunarios del área rural y coadyuvar a la recuperación del arte indígena y su identidad, como reconocimiento al legado de esas cultural, pero también al compromiso de vida de la extraordinaria antropóloga chilena Verónica Cereceda, galardonada hace escasos años con el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanas del PIEB en la categoría “Premio a la Trayectoria Intelectual”, como reconocimiento a su larga labor de investigación sobre los tejidos indígenas del país. Se hizo justicia.

Desde acá nuestro modesto homenaje y gratitud a Verónica por permitirnos compartir su conocimiento, por haber impulsado mi apreciación por el arte textil indígena y sobre todo, por su amor y entrega a los pueblos indígenas del país, cuando desde los años 60 recorrió junto a Gabriel Martínez transitó por Oruro, Charazani, Lunlaya hasta que el mundo indígena Jal`qa la cautivo para quedarse a vivir en Bolivia. Gracias querida y extraordinaria Verónica

* Feminista queer y periodista

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