junio 15, 2021

Deconstruir la Constitución

Una Constitución es un texto, a saber un texere, un entretejido, en consecuencia no es una colección de órdenes de cumplimiento inmediato, sino una combinación sugerente de posibilidades, de materiales. Cualquier discurso sea oral o escrito es un texto y atraviesa una serie de capas textuales. En este caso una Constitución, como se decía, es un texto, y no hay nada fuera de éste texto 1, pues este mismo texto está afuera.

El texto supone una serie de significaciones múltiples, capas sobre capas de textualidad. Cajas dentro de cajas, significantes dentro de significantes, esto nos puede dar una imagen de lo que es un texto.

Todo texto estaría estructurado, inferido, de capas sobre capas, pliegues sobre pliegues, hebras sobre hebras. De manera que leer un texto es siempre un despliegue, un abrir el texto a su multitextualidad 2. Realizar este despliegue es lo que Derrida denomina deconstrucción 3.

Esta multiplicidad textual es siempre anterior a todo texto (es decir en tanto tejido lo ésta en base a otras textualidades), por ello Derrida señala “nunca hubo una primera vez, la primera vez era, ya, una segunda vez o una repetición” (Derrida en Scavino, 2007:37). La multiplicidad textual supone un lugar en el cual se inscriben lugares múltiples. Esta multiplicidad es imposible de determinar de manera final, es decir determinarlo ya de una vez y para siempre, pues lo múltiple se abre detrás de ella en devenir. Por ello es una singularidad radical (un frágil absoluto), un despliegue que no es general ni universal, pero tampoco es particular, sino múltiple.

Entonces el Derecho es deconstruible, pues está hecho como una cebolla, de capas de capas de capas 4. El Derecho es deconstruible porque justamente ha sido construido, y a la vez se construye constantemente.

Como señala Derrida en una conversación con Caputo: “Existe una historia de los sistemas legales, de los derechos, de las leyes, de las leyes positivas, y esta historia es una historia de la transformación de las leyes. Esa es la razón por la cual están ahí. Es posible mejorar el derecho, se puede reemplazar una ley con otra. Existen constituciones e instituciones. Esta es una historia, y una historia como tal puede deconstruirse. Cada vez que reemplazamos un sistema legal por otro, una ley por otra, o que mejoramos la ley, estamos realizando una suerte de deconstrucción, una crítica y una deconstrucción. Por lo tanto, el derecho como tal puede deconstruirse y debe deconstruirse. Esa es la condición de historicidad, de revolución, de moralidad, de ética (…) Pero la justicia no es el derecho. La justicia es lo que nos da el impulso, el empuje, o el movimiento para mejorar la ley, es decir para deconstruir el derecho” (Derrida y Caputo, 2009: 27-28).

Asimismo en una conferencia en Cardozo Law School Derrida mencionó que “el derecho es esencialmente desconstruible 5, ya sea porque está fundado, construido sobre capas textuales interpretables y transformables (y esto es la historia del derecho, la posible y necesaria transformación, o en ocasiones la mejora del derecho), ya sea porque su último fundamento por definición no está fundado. Que el derecho sea desconstruible no es una desgracia (…) Pero la paradoja que me gustaría someter a discusión es la siguiente: es esta estructura desconstruible del derecho o, si ustedes prefieren, de la justicia como derecho, la que también asegura la posibilidad de la deconstrucción. La justicia en sí misma, si algo así existe fuera o más allá del derecho, no es deconstruible. Como no lo es la deconstrucción, si algo así existe. La deconstrucción es la justicia. Tal vez debido a que el derecho (que yo intentaría por tanto distinguir normalmente de la justicia) es construible en un sentido que desborda la oposición entre convención y naturaleza (o quizá en cuanto que desborda esa oposición), el derecho es construible, y por tanto deconstruible, y más aún, hace posible la deconstrucción” (Derrida, 1997:35).

Deconstruir entonces no significa destruir, ni tampoco alisar o simplificar, ni mucho menos ir en busca del verdadero significado o la verdadera intención del Derecho. La multiplicidad siempre se abre, y ello es, para Derrida, un golpe de suerte, porque siempre es posible mejorar el Derecho a partir de esta apertura a la Justicia.

Para Derrida la Justicia no es el Derecho. La Justicia es aquello que pretende el Derecho, pero que a la vez es imposible. La Justicia es imposible, y sólo puede sentirse en su ausencia, en su imposibilidad 6.

Derrida califica a la Justicia como una aporía, como algo de lo cual no puede haber experiencia. “La justicia sería, desde este punto de vista, la experiencia de aquello de lo que no se puede tener experiencia (…) pero creo que no hay justicia sin esta experiencia de aporía, por muy imposible que sea. La justicia es una experiencia de lo imposible. Una voluntad, un deseo, una exigencia de justicia cuya estructura no fuera una experiencia de la aporía, no tendría ninguna posibilidad de ser lo que es, a saber una justa apelación a la justicia” (Derrida, 1997:38-39).

La Justicia para Derrida es la condición de la deconstrucción del Derecho, pues la justicia no es decible, no es decidible, no es calculable.

La deconstrucción no busca la esencia de la Justicia, el significado final de aquello que podría ser la Justicia, porque puede hacer del Derecho algo más…, ya sea de manera flexible, dúctil, porosa, pero ante todo este algo más… es internamente amigable, modificable, en si mismo. Un intento de decidir, de decir lo que la Justicia es, pero a la vez sin cerrar su decibilidad, sino más bien reafirmando su carácter de indecible.

Bibliografía

            Derrida, Jacques; Caputo, John. 2009. La deconstrucción en una cáscara de nuez. Buenos Aires – Argentina: Ed. Prometeo.

            Derrida, Jacques. 1997. Fuerza de Ley. El fundamento místico de la autoridad. Madrid – España: Ed. Tecnos.

            Derrida, Jacques. 2002. Posiciones. Madrid – España: Ed. Biblioteca de Filosofía. Editora Nacional Madrid.

            Scavino, Dardo. 2007. La filosofía actual. Buenos Aires – Argentina: Ed. Paidós.

1          La ilusión positivista ha tratado de encontrar en el texto la certeza y la univocidad del Derecho. Al decir que no hay nada fuera del texto no pretendemos reprisar esta ilusión positivista. Todo lo contrario, lo que pretendemos es mostrar que detrás de un término, de un significante se refugia otro término, es decir otro significante. Conforme lo señalado por Derrida, por Lacan, por Foucault y otros, un significante convoca a una multitud de otros significantes, ésta la posibilidad de la deconstrucción. Advertir una densidad compleja detrás del lenguaje. Ya Heidegger insistía en “que el término griego logos, de donde proviene lógica (la ciencia del discurso o de la palabra), era un sustantivo formado a partir del verbo legein, que significa recoger o reunir una multiplicidad, y cuya raíz todavía pervive en el sustantivo español legión. Logos, en consecuencia, significa recolección o reunión. Y si Heidegger ponía en evidencia esta etimología, era para demostrar que la unidad de la cosa, la identidad del referente, sólo se obtiene gracias a su denominación, a la reunión de una multiplicidad de fragmentos dispersos o de trazos sin sentido: la palabra, una vez más precede a las cosas o hechos, los crea o constituye. El hombre -agregaría Heidegger comentando a Hölderlin- habita el mundo a la manera de un poeta”(Scavino,2007: 36). En consecuencia cuando nosotros señalamos, con Derrida y otros, que no hay nada fuera del texto convocamos a la multiplicidad y pluralidad.

2          Se ha dicho que la deconstrucción es un método exorbitante, expresión que sugerimos analizar con cierto detalle, pues la deconstrucción busca desplazar una órbita determinada de la univocidad y de la certeza. “La lectura deconstructiva transgrede la protección que brinda la lectura tradicional” (Derrida y Caputo, 2009:98).

3          En palabras de Derrida: “Cuando escogí esa palabra, o cuando esta se me impuso, creo que fue en De la Gramatologìa, no pensaba que se le reconocería un papel tan central en el discurso que me interesaba entonces. Entre otras cosas deseaba traducir y adaptar a mi propio discurso las palabras heideggerianas Destruktion Abbau. Las dos significaban en este contexto una operación aplicada a la estructura o la arquitectura tradicional de los conceptos fundadores de la ontología o de la metafísica occidental. Pero en francés el término ‘destrucción’ implicaba demasiado visiblemente una aniquilación, una reducción negativa más próxima a la ‘demolición’ nietzscheana, quizá que de la interpretación heideggeriana o del tipo de lectura que yo proponía. Por eso la aparte” (Derrida, 2002:19).

4          No hemos utilizado la idea de capas sobre capas porque podría interpretarse una especie de jerarquía por subsunción.

5          Deconstrucción o desconstrucción. La grafía del término depende del traductor del texto francés al castellano.

6          La Justicia como aporía supone la experiencia de una ausencia. La imposibilidad de dar un camino a la Justicia mediante el Derecho positivo. Esta es una posibilidad también de lectura deconstruccionista a partir de lo que el constituyente ha dejado abierto, es decir a partir de aquellos indecibles que convocan a la Justicia. Detrás de un indecible en consecuencia está lo abierto pero no lo dicho, pero no lo cerrado. Lo abierto es aquello que comienza a ras del texto, cuando un término convoca a algo que no puede ser respondido desde el mismo texto, entonces se invoca a lo abierto.

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