septiembre 16, 2021

El 52, la izquierda y el MAS

Siguiendo a Marx y Lenín, la izquierda de los setenta, se centraba en desentrañar la naturaleza interna del modo de producción capitalista y la explotación obrera mediante la plusvalía; es decir la lógica de fábrica. En el MAS se invalida el capitalismo por sus manifestaciones externas —los comunes de los que hablan Hardt y Negri— por su impacto sobre su entorno. Se lo acusa del deterioro medio ambiental, de la discriminación racial, de la homogenización étnica o de la patriarcalización y la discriminación de género. Una lectura de estos rasgos no estaba presente en la izquierda anterior, la cual solo usaba la clase como prisma para mirar la realidad. Esa izquierda era economicista y vanguardista. Todo lo que no correspondía a la lucha obrera, etnia y género, debía ser desechado e incluso combatido.

La izquierda tradicional era férreamente obrerista, y consideraba a los campesinos como simple aliados. Nunca se hablaba de indígenas o de pueblos originarios. Salvo los maoístas del PCB Marxista Leninista, que consideraban que la revolución vendría del campo a la ciudad, el resto concentraba su reclutamiento y accionar en las ciudades o en las concentraciones obreras, las mineras básicamente. Fueron los kataristas quienes, en el Manifiesto de Tiwanaco (1973) y en los documentos de la CSUTCB, por primera vez hablaron de los dos ojos: clase y etnia. Años más tarde las feministas de clase media introdujeron la lectura de género, cuestionando el sexismo de la izquierda en todas sus vertientes.

El MAS luce —y por propia definición— comunitarista. Esto es, “el capital como el reverso de la comunidad o, si se prefiere, la comunidad como lo no-capital, como el reverso del capitalismo”, como señala Álvaro García Linera. El MAS al desechar la “crítica de la economía a política” se desprende del sujeto obrero como único portador de un proyecto iluminista y utópico. Además el concepto de obrero no es equivalente al proletariado marxista. Para Álvaro García, sociedad abigarrada nos transporta más allá del modo de producción capitalista, objeto de análisis de Marx, hasta la formación social o modos de producción articulados por encima de la égida del capital y de la clase. El MAS se distancia también del nacionalismo del 52 porque dice romper y deconstruir el mestizaje como una vía a la edificación plural de la nación y el español como lingua franca; aunque en sus políticas culturales el MAS no ha avanzado hasta ahora mucho más del folklorismo propio del nacionalismo revolucionario.

*          El autor es historiador

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