diciembre 6, 2021

La conflictividad como epistemología y pedagogía del poder en Bolivia

Hay dos miradas encontradas referente al conflicto y la conflictividad en Bolivia: la mirada de los que aun consideran que la conflictividad socio político es un elemento negativo, que desgasta al actual Gobierno y que puede provocar la renuncia o posterior salida de éste. La otra plantea que constituyen una forma de conocer las inquietudes, demandas y reivindicaciones de la sociedad civil en tiempo real

Conflictividad estructural y conflictividad coyuntural

Antes de desarrollar el análisis de la conflictividad vigente, vale la pena contextualizar el momento actual que se diferencia de la situación vivida entre los años 2000 al 2005, ya que en aquella etapa se vivió un contexto de conflictividad estructural que devino luego en el embate a la estatalidad o el periodo denominado Estado en crisis 1. Dicha etapa de convulsiones sociales profundas se caracterizaron básicamente por el cuestionamiento a las estructuras y relaciones de poder imperantes y en la priorización de demandas universales en torno a las necesidades y servicios básicos encarados como derechos humanos inalienables. Estos ejes reivindicativos provocaron diversos tipos de rupturas y desencajes entre la realidad fáctica de la sociedad movilizada en el tiempo y la institucionalidad político – jurídico de la anterior configuración estatal contenida en la figura republicana.

A diferencia de aquél momento, actualmente se viven situaciones de conflictividad coyuntural, de naturaleza parcial, gremial, sindical en donde —en palabras del informe de la Fundación UNIR 2— las instancias corporativas priorizan sus intereses sectoriales antes que los universales. Las organizaciones de la sociedad civil efectivamente se movilizan, pero las demandas y reivindicaciones no trascienden las fronteras de los intereses particulares. El eje articulador de las movilizaciones actuales consiste en hacer reclamos y demandas al actual Gobierno, intentar modificar su accionar político e incidir en el proceso de toma de decisiones, más no solicitan la transformación estructural del statu quo. Ninguna de las actuales plataformas de demandas que subyacen a los 300 conflictos que se van desarrollando hasta la fecha durante el año 2012, han tenido la capacidad de cuestionar los trasfondos del proyecto hegemónico vigente.

La ubicación geográfica y la “sensación térmica” del conflicto

Un segundo elemento imprescindible de mencionar en el presente análisis tiene que ver con el doble factor de la ubicación geográfica del epicentro de la conflictividad y la “sensación térmica” 3 que provoca dicha conflictividad. El hecho de que el epicentro de la conflictividad se ubica en la ciudad de La Paz, en la sede de Gobierno no es un hecho menor, ya que provoca una muy particular configuración entre la percepción ciudadana y mediatizada del conflicto y la incidencia o impacto del conflicto, que no se puede linealmente extender a las demás ciudades capitales de departamentos y menos aun a las zonas rurales del país. El país del año 2012 ya no es un simple reflejo lineal o caja de resonancia de lo que se vive en la ciudad de La Paz. El mismo departamento de La Paz presente enormes heterogeneidades difíciles de alinear a la medida de la ciudad sede de Gobierno, ni que decir con los demás departamentos de Bolivia.

Conflicto, conflictividad, orden y estabilidad

Un tercer elemento refiere a la concepción, visión y forma en la que el actual Gobierno “conoce” el binomio conflicto y conflictividad, de manera muy diferenciada a otros Gobiernos de la etapa de la gobernabilidad y/o democracia pactada, que consideraban tanto al conflicto como a la conflictividad como negativos, perjudiciales y una situación social que debiera ser reducida, minimizada, reprimida y —en el mejor de los casos— eliminada, ya que el presupuesto sociológico (ideológico) de dichos Gobiernos se basaba en la utopía del orden y estabilidad como imaginario social preponderante y deseado. Sin embargo, actualmente existen diversos procesos de clivajes en el mundo que provocan rupturas en las visiones respecto al orden y estabilidad como socialmente “deseables” e inclusive como (fácticamente) posibles, ya que “el orden y la estabilidad” entrañan dolorosos procesos de homogenización e invisibilización social a favor de un imperante.

La conflictividad como epistemología y pedagogía del poder

Vivimos una historicidad en la que el conflicto y la conflictividad se tornan en una epistemología (es decir en una forma de conocimiento) y en una pedagogía (en una forma de aprendizaje) del poder que se recicla y relegitima permanentemente en la calle, en las situaciones de conflictividad, desde los repertorios de acción colectiva de la sociedad civil. En el análisis del decurso de la conflictividad en el país, encuentro que el actual Gobierno del MAS entiende la conflictividad de esta manera, y en lugar de que el conflicto y la conflictividad sea visto en algo negativo o nefasto, se convierte precisamente en la fórmula de la reproducción del poder y su proyección a futuro en el acro histórico.

Por lo tanto, estamos ante dos miradas encontradas referente al conflicto y la conflictividad en Bolivia: la mirada de los que aun consideran que la conflictividad socio político es un elemento negativo, que desgasta al actual Gobierno y que puede provocar el paulatino debilitamiento tanto de la imagen como de la credibilidad de las autoridades del Estado y —finalmente— provocar la renuncia o posterior salida de éstos. Otra mirada plantea que ni el conflicto ni la conflictividad son elementos negativos, ni desgastantes, sino al contrario, constituyen una forma de conocer las inquietudes, demandas y reivindicaciones de la sociedad civil —en tiempo real—.

La conflictividad en tiempo real

En base a lo anterior, el Gobierno del MAS se adueña, se apropia, interioriza la conflictividad, procesa rápidamente dichas demandas y reivindicaciones de las organizaciones de la sociedad civil para convertirlas en gestión política, sea a través de legislación, acuerdos, convenios, políticas públicas y otros tipos de respuestas políticas. Para citar algunos ejemplos de esta dinámica, podemos mencionar las demandas de la plataforma de la VIII marcha de los indígenas de tierras bajas que resultaron en la promulgación de la Ley 180 de Protección al TIPNIS, la realización del Primer Encuentro Plurinacional por el Cambio, la Ley 222 de Consulta Previa, la anulación del contrato con la empresa constructora OAS y actualmente, el lanzamiento y postergación del Decreto Supremo 1126 que regula las horas de trabajo de los médicos, además de la convocatoria a una Cumbre nacional sobre salud pública. En todos estos casos, las demandas emanan de las organizaciones de la sociedad civil, el Gobierno las procesa política y discursivamente para transformarlas en respuestas y apoyos. En otras palabras, convierte la conflictividad en una forma de conocer la realidad social, de tomarle el pulso a la sociedad, para orientar —en consecuencia— la brújula del poder.

La conflictividad como pedagogía

La reciente propuesta de convocatoria del Gobierno a una Cumbre sobre salud es un ejemplo de cómo la conflictividad deviene en una pedagogía, ya que de la realización de dicha cumbre nacional, podrían emanar diversas problemáticas del sector salud que pueden provocar —como ya lo han manifestado públicamente muchas organizaciones sociales— una reforma estructural del sistema biomédico y de la salud en Bolivia. Si no hubiera existido el conflicto y la situación de conflictividad de los médicos que rechazaron adherirse a las ocho horas de trabajo que requería el Gobierno central, el planteamiento de este objetivo (la reforma estructural del sistema biomédico y de la salud en Bolivia) hubiera sido prácticamente imposible, ya que hubiera suscitado rechazo de entrada, debido a que provenía del Gobierno. Pero como nace a consecuencia y a efectos de la propia conflictividad social, se convierte en un elemento pedagógico, ya que va sensibilizando y atravesando a la sociedad, formando opinión pública sobre la problemática y —simultáneamente— provocando un proceso de aprendizaje social. En otras palabras, la conflictividad social permite incidir en la progresiva formación de una renovada conciencia colectiva a través del tratamiento de temáticas que afectan a la vida en común; que si no fuera por la conflictividad social, éstos temas permanecerían sedimentados en la intersubjetividad sin posibilidad de removerse.

Los escenarios de la conflictividad

Lo dicho con anterioridad nos muestra dos escenarios de manejo político que corren paralelos: la institucionalidad del Estado a través de la administración del Gobierno y el eterno escenario político por excelencia que se encuentra en la calle, desde donde se gestiona política y poder. Clásicamente (es decir, desde las miradas del conflicto como algo nefasto) éstos dos escenarios habían estado divorciados y enfrentados, actualmente —desde la conflictividad como epistemología y pedagogía del poder— se convierten en escenarios enlazados, mutuamente imbricados desde donde el Gobierno procesa rápidamente las demandas políticas de las organizaciones de la sociedad civil y las convierte en respuestas o resultados políticos, impidiendo la formación de ejes, núcleos o vórtices políticos, discursivos e ideológicos desde donde se puedan agregar o aglutinar las oposiciones (en plural) para formar un proyecto contra hegemónico al del MAS. Estos dos escenarios que dialogan y se tensionan mutuamente nos muestran la reconfiguración del campo político boliviano en donde los principales actores en el escenario nacional son los sujetos políticos corporativos no partidarios, que precisamente por gestionar la política desde la calle, impiden la posibilidad de monopolizar los espacios de creación y reproducción de la política. Por ende, “la calle” es y seguirá siendo un escenario autónomo de gestión política y de poder. Este es el principal mensaje de la conflictividad como epistemología del poder.

La electoralización de la coyuntura

Un último factor a mencionar para contextualizar el presente, refiere a la temprana electoralización de la coyuntura, habida cuenta que la situación de conflictividad que se vive posibilita el lanzamiento de globos de ensayos temáticos, discursivos, programáticos e inclusive de posibilidades de liderazgos emergentes y alianzas (en el caso de las oposiciones) que puedan prefigurar el escenario electoral del 2014.

*          Politóloga cruceña.

1          GARCÍA LINERA, ÁLVARO: 2008. Empate Catastrófico y Punto de Bifurcación. En Críticas y Emancipación. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales. Año 1 No. 1 CLACSO, Buenos Aires. http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/libros/secret/CyE/cye2S1a.pdf

2          Durante 2011 desde la Fundación UNIR Bolivia se registró más de 1.300 conflictos. Este 2012, en los tres primeros meses se superaron los 300. Más allá de las cifras, si bien estos conflictos no comprometen circunstancialmente la gobernabilidad, su acumulación genera contradicciones al interior del proceso (en la medida que las instancias corporativas priorizan sus intereses sectoriales antes que los universales), ocasionan frustración en la ciudadanía y un alto costo económico para el país En este contexto se identifican cuatro factores clave de conflictividad: las relaciones de poder, la institucionalidad, lo político-cultural y la reproducción social. Estos factores están estrechamente interrelacionados y que aglutinan los aspectos sustantivos de la misma, por ende su incremento, así como acciones coercitivas (Estado) y de presión (sociedad) de los actores demandantes. Factores Claves de la Conflictividad. e boletín Puertas Abiertas digital. Información Institucional de la Fundación Unir Bolivia. Volumen 8 – No. 2 del 1 al 15 de mayo de 2012.

3          La sensación térmica es la sensación aparente que las personas tienen en función de los parámetros que determinan el ambiente en el que se mueven, que son determinados por la temperatura seca y la humedad, la velocidad del aire y la relación del aire con el ambiente, asó como en función de los parámetros personales, que tienen que ver con el índice metabólico del cuerpo, el índice de indumento o abrigo que proporciona la ropa y el índice de Zaiden, que define el nivel de calor que proporciona la cantidad de grasa del cuerpo. (En http://es.wikipedia.org/wiki/Sensaci%C3%B3n_t%C3%A9rmica )Por lo tanto, utilizo la analogía entre la “sensación térmica” del clima con la situación de conflictividad, para representar la interacción entre factores objetivos con factores subjetivos que nos dan una muy particular configuración.

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