diciembre 3, 2021

Aquello que jamás hubo, nunca se fue. REPSOL en sus aventuras por la Argentina

Se comienza con una perogrullada casi hollywoodense, los negocios se basan en la confianza. Sin importar que el sistema judicial sea imparcial siempre se requiere confiar, puesto que nadie hace un negocio para caer en los tribunales. Esa es la percepción que se tiene como hombre común, cabizbajo para quien el mayor gasto en su vida es comprar una casa a su familia. En otra especie de homo más habilis ocurre de vez en cuando lo contrario. Los capitanes de la industria y las finanzas tienen las manos llenas y si con una son conservadores, con la otra apuestan el mundo.

Primer acto

Hace no mucho tiempo en un país muy cercano, una empresa española compró una empresa argentina, esto en 1996. Un aroma de optimismo y privatización ocupaba todas las casas gauchas, pero no se debe creer que los españoles se convencieron de la probidad argentina o de que esta vez sí sería el último golpe de timón en cuanto a política económica, después de todo se está hablando de un país que dejó de pagar su deuda tres veces desde 1980, en promedio una vez cada 10 años, y en su último episodio marco el record mundial dejando de pagar $us. 82 billones de dólares. Quienquiera que se pronuncie a favor de cesar los pagos habla muy bien de la Argentina y las escasas consecuencias de sus actos.

Los españoles sabían muy bien que la argentina era una amante disoluta y por eso jamás hubieran invertido como en su tierra. Y los argentinos eran conscientes y sólo esperaban a tener algo de dinero para recomprar su patrimonio.

Segundo acto

El Estado fuerte argentino regula los precios de los hidrocarburos para beneficiar al consumidor-votante. Los españoles, como desde el principio, no invierten lo suficiente y las reservas de petróleo caen. O bien, escuchando a los detractores de Cristina, la Argentina muy astuta promete vender la compañía a los chinos y por eso se la quita a los españoles. Sea como fuere, los españoles no pueden decir que se sienten engañados, jamás hubo confianza, sabían muy bien que ese sería el final de su paseo en el Sur.

Tercer acto: una especulación

Pasaron los años, el gasto social en Argentina ya no tiene muchas fuentes que le permitan expandirse, los fondos de pensión y la empresa petrolera ya se sacrificaron. En el vaivén de la economía las exportaciones argentinas se contraen demasiado y no queda más que devaluar. ¿responderá la producción con muchas más energías que en el pasado? ¿habrá valido el gasto social para algo más que obtener apoyo político? Es la gran pregunta de la que depende el modelo de desarrollo propuesto por desde el Sur: las transferencias monetarias a las familias, mayor control de la economía y la inversión extranjera en segundo plano.

*          Colectivo Wiphala.

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