diciembre 8, 2021

Antonio, compañero

Parafraseando, a Silvio, debo decir que de quererte nombrar sufro disnea, bastante más allá de los pulmones; desde tu partida, se me ha cortado la respiración y me cuesta meter aire; es que tu partida ha sido como un puñetazo en el estómago, de esos que no se esperan y que te dejan sin aliento.

Antonio… maestro de la vida; comunista, Hombre con mayúsculas.

Antonio…. El padre que elegí y que la vida me regaló; el maestro, el compañero con el que compartimos la lucha y los ideales, momentos de gloria y momentos de dolor. Momentos infinitos que están en mi memoria intactos, como testimonio vivo y como prueba del honor, del privilegio inmenso que significó compartir un pedazo de mi vida con un ser tan único y extraordinario, uno de los pocos imprescindibles, que nos quedaban.

Antonio… En el ejemplo de tu vida, la ideología de Che y el concepto del Hombre Nuevo, se hacen realidad en la cotidianeidad de tu accionar, momento a momento y circunstancia tras circunstancia, siempre. Tú fuiste un revolucionario cabal, un hombre de principios y el único referente moral que existía para esta generación mía, tan huérfana ahora con tu partida.

Antonio…Te recuerdo caminando juntos por las callejuelas de Vallegrande; eran los 30 años de la muerte del Che y yo te escuchaba sin pestañar. Ahí entendí realmente lo que significaba la vida y la obra de nuestro guerrillero heroico y que era posible vivir así, porque tú lo hacías verdaderamente y lo exhibías, en cada surco de tu rostro, en cada palabra, en cada gesto, más allá de cualquier teoría. Porque tú eras eso Antonio, un revolucionario que habías abrazado y amado la Revolución desde siempre, un gigante. Para mí, un modelo de vida que había que seguir.

Te recuerdo del mismo modo Antonio, en tu ternura de padre, de esposo, de abuelo, con esas nietas demandantes y regalonas que estaban siempre a tu alrededor, siempre dispuesto a consentir, pero sin malcriar. Eras cálido, y firme, porque los principios se respetaban. Los resultados son nueve, ni duda cabe, de estirpe revolucionaria.

Antonio…. Te recuerdo en los días difíciles en el Parlamento; sereno, tranquilo, pero firme. Admiré siempre tu firmeza, hasta en las tempestades políticas más serias y vi, con admiración y casi incredulidad, como nunca claudicaste manteniendo una línea de pensamiento y un ejemplo de vida que fue el que te acompañó hasta el final.

Antonio… Siempre tenías una palabra, una respuesta, un norte para mi; no solamente en la política, sino en todos los aspectos de la vida a la que veías, desde tus agudos ojos, con el corazón de un revolucionario, solidario, profundo e implacable. Tu palabra y tu consejo eran seguridad y certeza.

Antonio… recuerdo cuando armamos un proyecto para la Asamblea Constituyente; en tu calidad de Senador y Presidente de la Comisión de Constitución del Senado, hicimos un documento que luego fue la base de varias discusiones en Sucre. Tú tenías una convicción sólida y decías que lo que debíamos buscar era la refundación de Bolivia pero sin negar la historia; para ti, era imprescindible reformular la Constitución e incorporar valores que siempre fueron despreciados en Bolivia, como los valores comunitarios, porque la comunidad en Bolivia es un hecho esencial de la relación entre el Estado y el individuo. Y esa comunidad debe estar representada con sus derechos y sus obligaciones. Que triste es ahora, mirar para atrás y constatar que esta nuestra Constitución que costó tanto, es tan poco entendida y aplicada.

Ahora, ya nunca más estarás ahí para darme línea; no volveré a escuchar tu profunda voz diciéndome, aconsejándome, enseñándome. El vacío se hace inmenso, interminable. Me paro frente a tu féretro y te miro: Como siempre, sereno. Qué privilegio fue conocerte!! Qué privilegio poder escribir este homenaje sencillo, desde lo más profundo de mi alma. Qué haré ahora sin tu voz, sin tu abrazo, sin tu mirada y sin tu guía? Me siento sola, vacía, sin motivo. Soy huérfana y nunca me imaginé que este sentimiento de orfandad podía ser tan inmenso…

Me vas a hacer mucha falta pero tendré que aprender a vivir sin ti. Sin embargo, aunque no estás ya físicamente, seguirás en mi presente, en cada momento de mi vida, en cada acción que emprenda, porque todo lo que diste, ha florecido en mi corazón, Compañero.

Queda la promesa de seguir adelante por tu memoria para dar los frutos que yo sé tú esperas, allá en la eternidad, donde sé que nos rencontraremos, porque seres como tú, son eternos.

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