diciembre 8, 2021

Soberanía alimentaria

La soberanía alimentaria es un tema curioso pero todavía falta información, parece complejo y a veces algo ajeno pero podría ser un tema tan sencillo de afrontar y tan provechoso para todos frente a una situación catastrófica de la salud como resultado del consumo de productos nocivos que han incrementado exponencialmente las muertes por enfermedades degenerativas.

Acceso y calidad de los alimentos

A diferencia de la seguridad alimentaria, la soberanía alimentaria no solamente se preocupa por garantizar el acceso de alimentos para toda la población, sino que le añade un elemento muy importante: ese alimento debe ser de buena calidad.

Soberanía

Extender esta aspiración, la soberanía alimentaria, a un ámbito más allá de algunas experiencias locales es impensable sin la soberanía efectiva de los estados, dado que las políticas de los organismos internacionales presionan a los estados para someterse a las concepciones y políticas de libre comercio que significa: los países ricos protegen a sus propios productores agrícolas afectando a los pequeños productores de los países empobrecidos y controlan el alimento de sus pueblos.

La soberanía de los estados y de los pueblos es imprescindible para proteger los alimentos que garantizan la reproducción de la vida, cuidar las semillas, la producción de alimentos apropiados y sanos, garantizar la producción de artículos de primera necesidad.

Beneficios para los productores

La producción de alimentos saludables no debe significar la elitización de su consumo por el elevado precio de los productos agroecológicos en mercados totalmente segmentados, más bien este tipo de producción debe extenderse y nivelarse con los precios de productos similares para que llegue a toda la población.

Los beneficios de consumir, por ejemplo, un vegetal agroecológico son palpables. Cuando un producto utiliza semillas transgénicas, fertilizantes e insecticidas químicos, tiene varios efectos adversos: a) no se sabe qué efectos genéticos provoca en nuestros organismos el consumo de genes de vegetales mezclados con genes de todo tipo de animales, b) los nutrientes naturales que absorbe del suelo un vegetal son más de 36 de manera natural, mientras que con fertilizantes químicos el suelo produce más cantidad pero solo de 4 nutrientes, por lo que ese vegetal contiene muchos menos minerales de los que necesita el cuerpo humano, esos productos se ven más grandes y parecen perfectos pero en términos nutricionales son demasiado incompletos. Por su parte los insecticidas tienen mucho que ver con el cáncer, además de la contaminación de suelos y aguas.

Este beneficio del consumo de productos saludables también, y sobretodo, debe significar que los beneficios le lleguen también al productor, que no solamente sea su voluntad y compromiso que lo impulse a producir estos productos porque, siendo así, no podrá resistir la presión del mercado por demasiado tiempo, sino que los produzca porque representan un bienestar para él, su familia y su comunidad.

Se necesitan políticas en serio

Para fomentar este tipo de producción y beneficios para los productores se requieren políticas en serio a todo nivel, políticas locales y de impacto directo para los productores y comunidades de productores, medidas a nivel municipal en términos de inversión en riego, mercados, etc. y finalmente políticas integrales que proyecten este tipo de producción como el eje o centro que guía toda nuestra economía. Esto no es una utopía, es una realidad práctica, por ejemplo, la China inició el imperio que ahora se ve tan fuerte asegurando la alimentación de su población luego de que en las décadas del 50 y 60 murieran millones de personas por falta de alimentos y asentaron su desarrollo industrial en esta soberanía; o el caso de Alemania que produce casi la totalidad de su alimento con excelentes ingresos para su productores sin dejar de ser un país industrial y altamente tecnologizado.

Pautas culturales de consumo

Nuestra alimentación está en una profunda crisis, consumimos alimentos que han vuelto verdaderas epidemias aquellas enfermedades que hasta inicios del siglo XX eran rarísimas, enfermedades cardiovasculares, enfermedades degenerativas como la diabetes, la presión alta que luego producen todo tipo de disfuncionalidades metabólicas y orgánicas, el cáncer. No nos damos cuenta porque parecen enfermedades que van apareciendo como efecto del envejecimiento, porque el organismo se va degenerando poco a poco, pero si se revisan las estadísticas es obvio que el cambio en el patrón alimentario desde el siglo XIX y XX provocaron su incremento aceleradísimo. Es increíble la cantidad de personas que mueren en todo el mundo por estas enfermedades, (antes solo en los países ricos ahora más aún en los países empobrecidos) mueren más que las víctimas por bombas y armas de destrucción masiva utilizadas en todas las guerras, y no estamos haciendo nada al respecto.

Cuando se habla de la mala alimentación que tenemos pareciera una madeja interminable donde todo hace mal y ya no se sabe qué comer o dejar de hacerlo. Aunque muchos optan por algún tipo de alimentación saludable para la mayoría es algo confuso porque no se sabe por dónde empezar. Por ejemplo, uno se cuida de tal producto pero no nos damos cuenta que sin dejar otros alimentos nocivos lo hacemos peor, o se decide tomar cierto mate que hace bien a x asunto pero no deja de consumir otros alimentos nocivos y le va peor. ¿Por dónde empezar?

Una revisión histórica del sistema alimentario muestra por lo menos algunas generalidades de antiguos sistemas alimentarios que nos pueden ayudar: a) consumir más carbohidratos o vegetales, cereales o tubérculos, frutas y vegetales crudos, b) reducir o eliminar el consumo de carnes, sobretodo las carnes rojas porque exigen demasiado consumo de energía del organismo para su digestión, peor aún en la altura y traen aparejados otros males como producto de las grasas saturadas, c) consumir proteínas a través de los frijoles, quinua y otros similares, d) consumir agua, e) reducir el consumo de alimentos procesados con conservantes y químicos, y f) definitivamente, dejar el azúcar y las gaseosas que tienen tanta azúcar.

Esta forma de resistencia es la más eficaz para la soberanía alimentaria pero la más difícil de construir, ¿quién puede aguatar los antojos?, ¿quién puede negar comida chatarra a sus hijos, aún sabiendo que les hacen “un poquito mal”? Pero la salud y el bienestar valen la pena.

Perspectivas y posibilidades

Hasta hace poco, hablar de estos temas con alguna profundidad estaba restringido probablemente a un ámbito organizativo de los productores o a un ámbito académico, ahora es un tema que toca a toda la población pero además es un tema necesario de discutir porque ahora hay posibilidades de hacer algo al respecto, de cambiar esta situación catastrófica de nuestra alimentación y salud.

*          Miembro del colectivo Wiphala.

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