diciembre 8, 2021

Subestimación recurrente y medios masivos

La subestimación de las audiencias frente a la manipulación mediática ha sido y sigue sigue siendo recurrente desde la consolidación de los medios masivos ya a inicios del siglo pasado, las personas no son seres pasivos, no somos unos recipientes sin raciocinio, tenemos la capacidad del discernimiento, seamos del campo, las ciudades o tengamos distintas culturas o diversos niveles de acceso a la información, somos personas con saberes, sabidurías y pensamientos propios.

Estudiosos y cientistas de los medios masivos como Jesús Martín Barbero hace décadas ya afirmaba que no estamos ante unos emisores-dominantes y unos receptores-dominados, sin capacidad de resistencias para enfrentarnos a los dispositivos comunicativos que influyen en tendencias o reafirman ideas o creencias, como cualquier construcción social, no exento e contradicciones o tensiones.

La manipulación de los códigos comunicativos se desarrollaron y perfeccionaron con la prensa, la radio, la televisión, el cine, la publicidad y sobre todo con la propaganda política de la mano de Joseph Goebbels y las lecciones que dejó el exterminio nazi desplegaron mecanismos de resistencias y alertas, que se anclaron en las subjetividades humanas para asimilar lo que les interesa y desechar lo que no, por más que se apele a la redundancia mediática, a la verborrea o las discursividades propagandísticas diversas, desde las más burdas a las más “sofisticadas”, basadas claro está en los principios de Goebbels que hasta hoy son los paradigmas indispensables.

Martín-Barbero ya afirmaba que este antiguo conflicto entre emisores y receptores develaba que las audiencias ante procesos massmediadores complejos despliegan mecanismos para tamizar los que se difunde, porque la realidad siempre es más elocuente y más reveladora a cualquier tipo de mensaje que representa parte o visos de realidades.

Evidentemente estamos ante una crisis del panorama noticioso, de las intencionalidades empresariales y estatales de los medios de difusión masiva, de los niveles extremos de espectacularización de los hechos noticiosos, casi consolidados como dispositivos mercantiles de rating, pero no como fenómeno nuevo aunque si más extendido, desde que se puso en tela de juicio a -las masas- como audiencias pasivas, subalternadas, infantilizadas o acríticas.

Ignacio Ramonet de Le Monde Diplomatique ya sentenciaba que “…ha cambiado la idea de informar, las premisas ya no son responder a las 5 preguntas básicas (qué, cuándo, quién, dónde, por qué) Hoy informar es hacernos asistir en directo el acontecimiento”, por tanto, a un espectáculo mediático, efímero, influyente sin duda, pero no determinante, aunque evidentemente como coinciden varios estudios, un recurso o un arma de gran valor en manos de expertos del marketing político, “promotores’ que “originan e impulsan (…) acontecimientos amorfos de la vida diaria.

Pero las audiencias no somos masa, somos personas, no entes manipulables, tenemos sentido critico y discernimiento para identificar con claridad a quienes luchan por la objetividad y la responsabilidad con el derecho a la información y a quienes lucran, tergiversan y engañan.

*          femista queer y periodista

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