diciembre 3, 2021

Trata y tráfico: no basta con leyes

El tema que venimos exponiendo en este espacio —a propósito del debate que se está dando en la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados en torno al proyecto de “Ley integral contra la trata y tráfico de personas”— tiene el propósito de ofrecer elementos de reflexión que coadyuven a una comprensión global de los alcances de este “negocio” que, al igual que en tiempos del esclavismo, oferta como mercancía seres humanos —sobre todo niñas, niños, adolescentes y mujeres— para usufructo de usuarios cada vez más “sofisticados” en su demanda.

Uno de los fines más comunes de este negocio es, sin duda, la prostitución y para justificar su perseverancia a lo largo de los siglos de los que las historias guardan registro, se suele recurrir a “muletillas” como “es el oficio más antiguo de la humanidad. ¿Lo es? Absolutamente falso, antes que a la prostitución las mujeres (y los hombres) se dedicaron a uno y mil oficios que contribuyeron a la construcción de lo que hoy solemos significar como “ser humano” -con todas las variantes culturales que esta categoría pueda contener-; por lo tanto, lejos está esa expresión de servir de justificativo para considerar que se trata de un “mal necesario” al que las sociedades deberían resignarse haciendo “de la vista gorda” y mirando para otro lado.

Esta forma de explotación adquiere connotaciones dramáticas y criminales cuando de ella son objeto niñas, niños y adolescentes que en su gran mayoría provienen de hogares sometidos a la pobreza. En Bolivia, pocas son las instituciones que prestan atención a esta problemática. Un ejemplo es la loable labor que realiza la Congregación de Religiosas Adoratrices quienes, por más de ochenta años, vienen realizando este trabajo en nuestro país sin merecer el reconocimiento de la sociedad ni del estado. Entre otras acciones, en Cochabamba, mantienen una casa de refugio temporal para niñas y adolescentes recuperadas de redes de explotación y violencia sexual comercial, denominada “Sayari Warmi”. Los recursos con los que sostienen esta iniciativa provienen sobre todo de contribuciones de cooperación internacional, de donativos particulares y, aunque existe un convenio con el SEDEGES por el cual este organismo se compromete a dotar al centro de recursos de manutención alimentaria, éste suele cumplirse con demasiada irregularidad como para poder confiar en que las chicas que ahí son asistidas comerán decentemente cada día.

Aplaudo la iniciativa de la Comisión de Derechos Humanos para dar celeridad al tratamiento de una norma tan importante como necesaria; sin embargo, deseo llamar la atención de las autoridades gubernamentales, en los distintos niveles de gestión, quienes podrían hacer más, con un poco de sensibilidad social y voluntad política, destinando recursos para coadyuvar al menos la labor que realizan instituciones como la mencionada, si no para tomar a cargo la responsabilidad de proteger a este estrato de la población tan vulnerable.

En esta última entrega dedicada al tema de trata y tráfico de personas con fines de explotación sexual, presentamos un artículo que da cuenta de las graves connotaciones que viene adquiriendo en nuestra región y de la lucha incansable que sostienen algunas mujeres para combatir y denunciar estos crímenes.

*          Psicóloga social, responsable de “Diálogos Feministas” de La Época

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