mayo 6, 2021

¿A quién le cargamos los muertos?

La Organización No Gubernamental “Campaña Emblema de Prensa” (PEC por sus siglas en francés) asegura, en su último informe, que durante el primer semestre de 2012 se han producido en América Latina un 33% más de asesinatos de periodistas con relación al mismo periodo del pasado año. El documento, difundido por varios medios nacionales, incluye el asesinato de dos periodistas en Bolivia.

La PEC señala que 23 periodistas fueron asesinados en la región y asegura que estas muertes son el resultado de la “intensificación de los conflictos internos”. El secretario general de esta organización Blaise Lempen, sostiene que el acceso a la información “ha empeorado desde principios de año”.

En el caso de nuestro país, del cual podemos hablar con pleno conocimiento de la realidad, salta a la vista que este informe conlleva una intencionalidad, ya que suponiendo que se hace referencia al asesinato de los hermanos Peñasco, omite un tercero, el del periodista del diario “La Razón”, Eugenio Aduviri, con el cual suman tres los asesinatos de periodistas durante el semestre que concluyó. Todos hemos lamentado, periodistas y no periodistas, esas muertes como cualquier otra y bien sabemos que las causas que las originaron están totalmente alejadas de la actividad periodística, tal como sucedió en el pasado reciente con otras muertes como la del periodista Niño de Guzmán, para citar un ejemplo, la que desde diversos ámbitos mediáticos y políticos, se trató de vincular con su actividad de prensa y de responsabilizar incluso al gobierno por aquello.

Pretender atribuir estas muertes a la “intensificación de conflictos internos” y derivar aquello en que “el acceso a la información ha empeorado”, resulta, en el caso boliviano, grotescamente forzado y denota una intencionalidad política que le resta cualquier validez y seriedad a dicho informe.

Se ha hecho habitual que diversas organizaciones autoproclamadas como defensoras de las libertades de expresión y prensa utilicen argumentos similares para atacar a gobiernos progresistas en el continente y responsabilizarlos por estas muertas y por cualquier otra situación contraria al trabajo de la prensa, venga de donde venga. Es evidente que el estado debe garantizar el trabajo y la seguridad de los periodistas, tanto como el trabajo de cualquier otro sector laboral, fabriles, mineros, médicos o abogados, ni más ni menos.

Existen causas y muy serias que dieron lugar a estos lamentables hechos y en los cuales las autoridades y la sociedad boliviana tienen una responsabilidad compartida y tienen la obligación de encarar soluciones de fondo al tema de la inseguridad ciudadana.

En el caso de los periodistas, la presión gremial ha derivado en el tratamiento de una ley en la Asamblea Legislativa que propone el establecimiento de un seguro de vida para los reporteros; esto no los pondrá a salvo de cualquier agresión, pero será útil para su familia si ocurre la muerte del periodista, mucho más cuando son conocidos los bajos salarios que se perciben en este sector de trabajadores.

Si no se pone freno a la situación de inseguridad que viven varias de nuestras ciudades, seguramente, con todo derecho, otros sectores laborales pedirán un tratamiento similar al que se pretende otorgar a los periodistas y esto no sólo demostrará la precariedad de nuestro sistema de seguridad, sino que también definitivamente evidenciará que no es en el altar de la libertad de expresión donde se ofrendan las vidas de los periodistas, sino en hechos más mundanos.

Es de esperar que los voceros locales de las agremiaciones del sector no tarden en salir a amplificar este informe y señalar que la inseguridad del trabajo de la prensa es un atentado contra la libertad de expresión y que esta inseguridad es la causante de las muertes de los periodistas. Es muy útil para sus fines políticos que existan muertos, mucho mejor si estos son periodistas, porque causan más revuelo, pero estoy convencido que sería más honesto desarrollar sus luchas políticas con armas legítimas y dejar que los muertos descansen en paz.

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