diciembre 8, 2021

El derecho, como práctica de docilización radical de los sujetos

Compartimos con Foucault, la consideración de que los saberes y las prácticas del derecho son producto de relaciones de poder concretas y particulares, que han implicado el poder de dominio sobre el cuerpo del “otro” —ese “otro” que Levinas llama inalcanzable y distante Otro, no solo por su radical diferencia, sino y sobre todo por su absoluta alteridad—. Esta es una premisa distinta a la que considera el desarrollo del derecho como resultado de las interrelaciones entre cuerpo de normas y sistemas políticos.

En esta premisa distinta, los saberes y las prácticas del derecho quedan al descubierto, merced al uso metodológico de la arqueología y la genealogía encargadas de desentrañar en las prácticas lingüísticas las formaciones discursivas y las prácticas específicas en las que se manifiesta un discurso. Ambos aspectos complementarios, ponen en cuestión, la búsqueda del “origen” como lugar de la verdad en la metafísica del sujeto, y tratan de rastrear la verdad en la “capilaridad” de las propias prácticas, lo que supone la renuncia a la concepción tradicional del conocimiento como origen y la asunción nietzscheana del conocimiento como invención. Este es el rasgo central que vamos a considerar como base, en este análisis foucaultiano del derecho: porque el saber y las prácticas jurídicas tradicionales no son otra cosa, que una gran invención al servicio del poder.

Por otro lado, las consideraciones sobre la verdad, propuestas por las teorías absolutas que la han caracterizado como única, objetiva, no-revisable, independiente, imparcial y universal, son puestas en cuestión por la llamada teoría perspectivista crítica (relativista) de Nietzsche y de Foucault, que niega precisamente la unicidad de la verdad, su objetividad, su condición de no-revisabilidad, su incondicionalidad, su imparcialidad y su universalidad, y coloca el problema de las verdades en el campo de las interpretaciones, puntos de vista o perspectivas particulares de una cierta clase de ser-poder.

Esta cierta clase de ser-poder, tiene sus propias maneras de apropiarse del mundo que lo rodea, e intenta manifestar esta su mirada, como la única y verdadera manera de ver el mundo, por medio de ejercicios de poder sobre el cuerpo-vivo de quienes tienen otras maneras diferentes de ver y de entender ese mismo mundo. En este sentido, el ser-poder partidario de una sola verdad, pretende imponerla, mediante formas de control de los discursos de verdad divergentes. En otras palabras, el ser-poder, asume su verdad como “la verdad”, crea “modelos de verdad”, y por medio de ejercicios efectivos de control sobre los cuerpos impone su versión del mundo a sujetos con versiones divergentes, negando así, las formas de verdad, que le son contrarias. De esta manera, (des)conocimiento y verdad definen determinados dominios de saber (como el saber jurídico-legal), a partir de correlaciones de fuerzas o relaciones de poder, que constituyen subjetividades-sujetadas (homosexual-a-normal) a creencias morales ingenuas (como la creencia en los juicios de valor: bueno-malvado, sano-enfermo-loco, normal-a-normal), que sirven de fundamento a la racionalidad liberal de las prácticas de castigo, disciplinamiento y control jurídico-legal del cuerpo.

De ahí que, el derecho —y sus prácticas—, operado a través de la ley, y visto como único garante del orden social, desde éste enfoque, sea desenmascarado y presentado como mero instrumento al servicio del poder, cuyo ejercicio tiene como finalidad última, la constitución de una serie de sujetos “normales”, ajustados a los mandatos previos de una “voluntad de verdad” que impone las normas (que norma, que normaliza las diferencias) a través de controles directos y efectivos. Estos diversos controles requeridos por el poder, necesitan de una “maquinaria de instituciones” que trabajen productivamente con el sujeto en formación, desde su nacimiento hasta su muerte. El resultado de este trabajo es la producción de sujetos asimilados al cuerpo de normas y a las instituciones que las representan. “El derecho es la expresión de este control total sobre los cuerpos: su función reglamentadora permite mantener a los sujetos “sujetos” a las normas, controlados en sus pensamientos, en sus sueños, en aquello que desean, prohibiendo las excepciones, afirmando una distancia entre lo normal y lo patológico (en términos sociales) que permite la perpetuación del status quo gracias a la serie infinita y racional del control sobre los cuerpos. […] … el derecho, en su práctica real, busca la docilidad radical de los sujetos”. 1

1          Víctor Alberto Quinche Ramírez y Manuel Fernando Quinche Ramírez. Foucault y el análisis genealógico del derecho. Revista Estudios Socio-Jurídicos, Julio-Diciembre, Año/Vol. 8, Número 002 Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia pp. 29-43 Pág. 39

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