octubre 21, 2021

¡Libertad para los cinco! Cuando la verdad y la justicia se abre paso ante la infamia

El miércoles 12 de septiembre se habrán cumplido catorce años de la mayor infamia cometida en los Estados Unidos, pero también se habrán cumplido igual número de años de resistencias, dignidades, aplomos y esperanzas que se abren paso en medio de la injusticia.

Cinco ciudadanos cubanos permanecen injustamente detenidos en cárceles de máxima seguridad sin que exista contra ellos más prueba que su compromiso con la paz y la humanidad. La justicia estadounidense, aquella que se presenta como modelo de imparcialidad ante el mundo entero, no ha podido evitar la profundización de su deshonra y el presidente Barak Obama —cada vez menos indiferenciado de su predecesor— no lograr demostrar mérito alguno por haber recibido el Premio Nobel de la paz.

Gerardo Hernández, Ramón Labadiño, Antonio Guerrero, Fernando González y René González fueron detenidos en 1998, acusados de espionaje, luego que autoridades cubanas le hicieran conocer al FBI información valiosa y precisa sobre los planes de terrorismo que estaban preparando organizaciones de ultraderecha, principalmente vinculadas a la comunidad cubano-americana asentada en Miami, contra objetivos cubanos y estadounidenses.

Nunca más oportuna las palabras del escritor colombiano Gabriel García Márquez cuando nos habla del mundo patas arriba. Los que denunciaron los actos de terrorismo fueron detenidos y sometidos a las más inimaginables torturas psicológicas y físicas durante casi dos años antes de la sentencia. Los denunciados —que han cometido crímenes como el cobarde atentado contra una aeronave civil en pleno vuelo en 1976— pasaron a gozar de la más plena impunidad. El FBI, lejos de tomar precauciones, lo que hizo es preparar las condiciones para la materialización de una de las injusticias más grandes de las que se tenga conocimiento en los Estados Unidos. Sus directores comunicaron a los congresistas Lincoln Díaz Caballero e Ileana Ross-Lehtinen de la detención de los ciudadanos cubanos e inmediatamente la maquinaria mercenaria empezó a funcionar.

El odio que estos grupos de ultraderecha sienten contra Cuba —por nada más ser ejemplo de dignidad y soberanía, ética, soberanía y solidaridad con los pueblos del mundo—, se volcó irrefrenablemente contra cinco ciudadanos cubanos que han demostrado ser dignos de una de las revoluciones más humanas de la historia mundial.

La suerte de los cinco luchadores anti-terroristas estaba echada. La ultraderecha desplegó todo tipo de presión para que el juicio se llevara a cabo en Miami —el epicentro de la contrarrevolución cubana— y sistemáticamente utilizó a los medios de comunicación, cuyos periodistas fueron pagados por los dirigentes anti-cubanos según reveló el propio New York Times, para construir un ambiente favorable para la sentencia condenatoria. Gerardo es condenado a dos cadenas perpetuas más 15 años; Ramón es condenado a una cadena perpetua más 18 años; René a 15 años, Fernando a 19 años y Antonio a una cadena perpetua más diez años.

Pero la injusta sentencia no bastó. El gobierno volcó la más implacable represión contra los cinco cubanos y sus familiares, así como el más absoluto desprecio por los derechos humanos: castigos de incomunicación permanentes, restricciones de visita como regla general y negativa sistemática para que Adriana y Olga —las esposas de Gerardo y René—, obtuvieran visa para trasladarse a ese territorio con el único propósito de ver a sus seres queridos. El argumento: se las considera un peligro para la seguridad interna de los Estados Unidos.

A catorce años los espacios legales están casi agotados. Se ha recurrido a todos los recursos y se han presentado todas las pruebas de inocencia, pero el proceso nunca ha dado un giro. ¿La razón? el caso sigue en manos de misma juez y fiscal que los condenaron, así como en el mismo distrito que cobija a las organizaciones terroristas.

Solo queda que el presidente Barak Obama haga uso de sus atribuciones constitucionales para dejar en libertad a los cinco. Es lo menos que puede hacer ante semejante infamia.

Pero esa posición de Obama hay que arrancársela y para ellos urge acompañar las iniciativas que se desarrollan en la mayor parte de los países del mundo, incluido Estados Unidos, donde actores famosos de cine se han sumado a la campaña por los cinco.

La lucha por la libertad de Gerardo, Ramón, René, Antonio y Fernando, ha dejado de ser solo una responsabilidad del gobierno y el pueblo cubanos, para convertirse en una responsabilidad moral de todos. Nunca será suficiente lo que se está haciendo —por más que un nudo se apodere de nuestra garganta— para construir “Nuestra América”, como diría el Che, con soberanía política e independencia económica, si cesa o disminuye nuestro grito de clamar justicia para quienes, en irrenunciable compromiso con su patria y la humanidad, alertaron sobre las acciones terroristas y nos han dado todo de si.

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