octubre 24, 2021

La mala hora del periodismo

“Estamos en el peor momento para el periodismo en época democrática”, afirma Lupe Cajías, en la edición del anterior domingo del semanario “La Época”, como conclusión de un análisis acerca de los ataques al periódico cruceño “El Deber” de parte del alcalde Percy Fernández. La periodista pretende generalizar este hecho particular, detestable y cobarde, como parte de un comportamiento gubernamental hacia la prensa. Nada más alejado de la realidad.

Sin embargo, si en algo coincido con Lupe Cajías es que verdaderamente la prensa y más que la prensa, los medios de comunicación en Bolivia, se encuentran atravesando su peor momento, pero no como producto del supuesto autoritarismo de dirigentes sindicales, “movimientos sociales”(el entrecomillado es de Lupe) o de autoridades que accionan mecanismos “para amedrentar el ejercicio cotidiano de salir a la calle y cubrir la información”.

No es correcto periodísticamente, ni es intelectualmente ético, utilizar las estupideces del burgomaestre oriental, sus ataques a reporteros, fotógrafos y a los propios medios, para a que partir de ellos se afirme que los periodistas están amedrentados o forzados; es tan incorrecto como inferir que a partir de los impúdicos toqueteos del mismo alcalde al trasero de alguna dama, que las mujeres se encuentran en este gobierno en su peor hora.

Los medios están en su peor momento porque dejaron de hacer periodismo y se dedicaron a hacer política, porque se constituyeron de manera abierta en actores políticos, pero pretendiendo mantener una independencia que ya no se la cree absolutamente nadie. La agenda informativa, los titulares y la línea editorial dejaron hace mucho de ser producto del trabajo de periodistas. No solo eso, en forma paralela se dedican a manipular, a mentir, a engañar a través de las noticias. Es eso hacer periodismo?

Los empresarios de los medios negocian agenda y titulares, poniendo a disposición de la oposición mediatizada, que surge a partir de una oposición legislativa y partidaria incapaz, sus medios y con ellos la labor de periodistas y trabajadores de la prensa en general. Por todo ello y para hablar con propiedad, hay que admitir que los medios están en su peor momento, no los periodistas que no tiene otra cosa que ofrecer que no sea su fuerza de trabajo, su honestidad e integridad y que al aceptar las condiciones de empleo deben guardar un silencio hasta cierto punto cómplice.

Y, ojo, no pongo en tela de juicio todo lo señalado por la columnista sobre los méritos del diario cruceño, ni los que pudieran haber tenido otros medios; pero eso ya es historia que, obviamente, la autora maneja muy bien, pero que poco tiene que ver con el comportamiento de los medios en los últimos seis años.

No se trata, pues, de mezclar en una coctelera antecedentes históricos y comportamientos cuasi delictivos de ediles descalificados (que de autoridad ya no tienen nada), para concluir que en esta democracia (en este gobierno le faltaba decir) el periodismo está pasando su peor momento.

De dónde salió su dramática afirmación lo ignoro. Seguramente imaginó que en Bolivia, en este momento de transformación histórica, existen cientos de periodistas encarcelados y perseguidos, decenas de medios cerrados, clausurados e intervenidos y una censura que se ejerce en todos y cada uno de los medios por parte de funcionarios gubernamentales. Esa es la Bolivia que también se imagina la SIP o el imperio. Pero esa no es la realidad de mi país, donde la libertad es tal que se puede no solo mentir y manipular, sino incluso insultar impunemente desde los medios a nuestro Presidente y a nuestros hermanos bolivianos. Tal vez por eso estén pasando su peor momento, no lo había pensado así.

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