octubre 24, 2021

Revolucionarios

En el desarrollo de la historia, existieron dos posiciones claras en cuanto a la política y la estructura de una sociedad. Por una parte, estuvieron los conservadores quienes se encontraban conformes con un orden establecido, sustentado sobre todo por ciertos beneficios y privilegios con que contaban a diferencia de los otros grupos poblacionales. En contraposición los revolucionarios que cuestionaban este orden y planteaban cambios estructurales en la búsqueda de mejores días para la sociedad en general. Esta situación se vio potenciada y más diferenciada en el periodo de la Revolución Francesa con la presencia de dos bloques a decirse de los jacobinos y los girondinos que en relación con su ubicación dentro de la Asamblea Constituyente trajo los apelativos de izquierda y derecha, respectivamente, como posiciones ideológico-políticas. Desde este momento se asocia a la izquierda con los revolucionarios y la derecha con los conservadores que se traducen en expresiones partidarias dentro de diversos contextos y coyunturas.

Esta tradición ha llegado hasta nuestro territorio en diferentes etapas de la historia boliviana donde, sobre todo dentro del régimen dictatorial, se aglutinaban sectores plurales en la búsqueda de conseguir objetivos comunes entre los cuales estaba fundamentalmente el retorno a la democracia. Sin duda, ese momento fue, y es, uno de los más re-presentativos porque los objetivos planteados estaban en el sentimiento y pen-samiento de gran parte de la población cobrando así gran legitimidad y apoyo colectivo. En este sentido, se asociaba a esta lucha con lo revolucionario dentro de un sistema político lleno de arbitrariedades y abusos. Dentro del régi-men democrático, las motivaciones se fueron modificando y agrupando en torno a la búsqueda de la reducción de las desigualdades sociales y económicas, las cuales venían acompañadas por sombras como el colonialismo interno y el racismo y discriminación como un hecho normal y patrimonial de las elites tradicionales. No obstante con el avance del proceso político esto se fue revirtiendo hasta llegar a un momento cúspide entre el 2000 y 2005 concretando el denominado “proceso de cambio”.

En la etapa actual que vive Bolivia, se han logrado grandes avances y conquistas que se encuentran en el trabajo de revertir el lastre que se arrastra por mucho tiempo, y partiendo del antecedente de que nos encontramos en curso del proceso de cambio, con todas sus características positivas y negativas, cabe repensar cómo se define el revolucionario actual. Al parecer, nos localizamos en un momento donde los grupos conservadores por herencia se transfiguran en revolucionarios (ahora defensores de lo derechos indígenas) por oponerse al gobierno de turno; aunque esto claramente es una estrategia política electoralista. Sin embargo, llama la atención que los sectores revolucionarios por excelencia comiencen a manifestarse en base a intereses que solo competen a su gremio y no así a la población en general. Esta situación viene agudizada por la posición de la Central Obrera Boliviana salarialista que plantea su lucha como una especie de alia-da partidaria de oposición dejando de lado su carácter independiente que debería ser su principal bandera. En este marco, hemos sido testigos de la afrenta protagonizada por dos sectores mineros, asalariados y cooperativistas, en un conflicto agudo por una concesión minera. A raíz de esta situación la sede de gobierno, y sobe todo sus habitantes, tienen que ser víctimas silenciosas de las manifestaciones y expresiones de violencia donde el ser revolucionario se redujo a expresar esta condición mediante la explosión de dinamita, pero con el discurso de una movilización pacífica. De esta forma, y solo con un ejemplo, volvemos a cuestionar las características de un revolucionario actual al igual que sus métodos de lucha que trata de arti-cular un discurso caduco y poco cohe-rente con la realidad actual.

*          Sociólogo Investigador

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