abril 11, 2021

Los movimientos sociales: alianzas frágiles en el tiempo

Sociológicamente, los movimientos sociales son alianzas entre organizaciones sociales que se alían en torno a objetivos concretos los que una vez logrados, tienden a disolverse pues las organizaciones sociales que los componen, retoman su autonomía para constituir nuevos movimientos sociales y como la política es dinámica, construyen nuevas alianzas, incluso con quienes pudieron ser sus anteriores contendores.

Eso hace de los movimientos sociales una articulación con un tremendo potencial que puede transformar la historia, pero también, un conjunto de organizaciones que disputan por sus intereses, con los otros componentes de la alianza.

Entonces resulta más o menos normal que quienes actuaron conjuntamente como los dedos de una mano para cerrarse como un puño y ser contundentes en torno a un objetivo, en otro momento, igual que los dedos de una mano, actúen de manera independiente y en torno a sus particulares objetivos.

El tener una lectura clara en torno a estas construcciones políticas, puede permitirnos develar el carácter de los objetivos de estos movimientos. Es decir, comprender si estos resultan tácticos o estratégicos, y cuáles de estos pueden tener posibilidades de mayor duración en el tiempo o consolidarse en una perspectiva de proyecto de poder político de clase, que reproduzca el sistema, o lo transforme.

En este proceso, los jalonamientos que dan sentido a la acción política de las clases, serán los que impriman dinamicidad, velocidad y permanencia a las alianzas.

Por tanto, la lucha de clases no se disuelve detrás de los movimientos sociales, es más, tiene una presencia estructural y es la que produce coyunturas políticas donde la presencia hegemónica y la construcción de alianzas, sale a relucir.

Entonces, este tipo de lectura nos permite develar que aquellas alianzas políticas en las que en algún momento se pretende articular como empresarios y parte del mismo proyecto a una señora que vende dulces en su quiosco de la plaza con un empresario agroindustrial, son una producto de estas coyunturas y jalonamientos, y por tanto, pueden producir sólo alianzas coyunturales. Los mismos procesos se encargan de desenmascarar este tipo de contradicciones de clase.

El proceso de cambio había logrado importantísimas alianzas para ser contundente contra el proyecto neoliberal. Como los dedos de una mano se cerraron contundentes en el Pacto de Unidad la CSUTCB, CONAMAC, las organizaciones de tierras bajas bajo diferentes denominaciones, los interculturales, las Mujeres Campesinas, junto a los mineros asalariados y los mineros cooperativistas, los cuentapropistas y asalariados urbanos, los artistas e intelectuales y dieron un categórico triunfo electoral a Evo Morales con porcentajes de apoyo inalcanzables históricamente.

El movimiento social constituido por esta alianza tenía proyección y posibilidad de éxito porque había identificado al neoliberalismo y sus propuestas políticas, como su antítesis a derrotar. Históricamente, se habían agotado las posibilidades democráticas de mantener una propuesta como esa.

Por eso se tejió una alianza que hizo poder al proyecto del MAS más rápidamente de lo que los dirigentes del Instrumento Político por la Soberanía del Pueblo, IPSP, lo hubieron pensado y probablemente algunos, deseado.

Sin embargo, pese a la contundencia del triunfo electoral nacional, las victorias en las gobernaciones departamentales y los triunfos municipales, el neoliberalismo no había sido derrotado políticamente. Seguía actuando en los intersticios de las alianzas ahondando las naturales contradicciones, hasta volverlas contradicciones fundamentales. La lucha de clases no había concluido.

Así las diferencias se hicieron evidentes y se empezaron a producir las desarticulaciones y defenestración de valiosos compañeros desplazados por las fuerzas retrógradas al interior del proceso de cambio. Inmediatamente el Pacto de Unidad, en los hechos se quebró por que salieron a relucir las visiones opuestas en torno a la tierra y el territorio y el mismo concepto de desarrollo. Lo mismo ocurrió con los mineros asalariados y cooperativistas. Las clases medias urbanas, artistas e intelectuales retacearon o negaron su presencia y participación.

Las cuotas de poder en el gobierno del MAS hoy reflejan esta realidad. La lucha de clases se sigue dando al interior del proceso de cambio. La Revolución del Vivir Bien dependerá, igual que lo ocurrido en las Revoluciones de Rusia, China, Cuba o Vietnam, de quienes detenten la titularidad de la dirección ideológica, económica y política del proceso de cambio. No queda dudas, la construcción de la organización revolucionaria que dirija y recupere la orientación inicial de este proceso de cambio, no importando el nombre que se le asigne, es una imperiosa necesidad.

*          Fernando Rodríguez Ureña es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en Lian Ma He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático.

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